Crowdsourcing: En caso de emergencia emplee a la multitud

La colaboración abierta y distribuida en pro del saber no es un concepto nuevo. Pero en nuestra era de ‘renacimiento industrial y tecnológico’, el llamado crowdsourcing ha llegado a ámbitos y niveles nunca antes vistos: desde catalogar especies o solucionar acertijos, hasta investigación policial.

 

Mi interés en el tema del llamado crowdsourcing se reavivó recientemente al imaginarme la divertida escena de un altercado judicial entre dos compañías: The Inflatable Crowd Company y Crowd in a Box. Ambas suministran público falso para comerciales, tv y cine; básicamente detallados maniquíes. Una de ellas aseguraba haber inventado las multitudes “de a mentiritas”. He allí una turba fácil de controlar.

El crowdsourcing, la noción de llamar a la solidaridad en pro de la investigación científica y del saber, es una práctica común desde antes de que se acuñase el término. Pero nuestra era de “renacimiento industrial-tecnológico” amplía las posibilidades de forma algorítmica.

Podemos recoger, procesar y enviar datos en pocos segundos. Todos, como masa, ofrecemos una cantidad casi infinita de horas laborables, y una guardia alerta y constante, a toda hora.

En ese sentido, el público puede colaborar en la construcción de un catálogo crowdsourced de especies en el Serengeti, por ejemplo, con cámaras ocultas en la vegetación, que registran imágenes con sensores de movimiento.

Con la misma dinámica, ya la colectividad se encargó de hacer un mapa de una especie vegetal nativa en un pueblo de Rumanía. Y hasta los niños colaboraron, usando unidades de GPS.

Asimismo, astrónomos amateurs de Planethunters, colaborando con científicos de Yale, encontraron un nuevo sistema solar, de inusual comportamiento.

En el mundo artístico, desde hace años se viene aplicando el crowdsourcing. Recientemente, Brian Eno -además de lanzar Scape, la app para crear composiciones propias– invitó a los oyentes de su último disco, Lux, a que subieran fotos de diferentes horas del día, bajo el tema “Play of light”.

Con la idea de “hacer un trabajo colaborativo, generativo… para ver qué pasaba si sólo haces un espacio para que ocurra”, Eno y su equipo escogieron imágenes de usuarios de todo el mundo, para entonces preparar este corto crowdsourced:

En un campo menos glamoroso, sin cámaras portátiles en cada mano, y sin que la policía de Vancouver optase por el crowdsourcing como opción, no se habrían arrestado a 101 de los culpables de las revueltas en la Stanley Cup del 2011.

Es tentador imaginar que esto podría extenderse a más ámbitos, volverse algo casi omnipresente, obligándonos a un mayor debate ético.

El site Zoopa, por ejemplo, hace crowdsourcing de ideas para publicidad, en video, en impreso, etc. En el esquema entran factores delicados, como grandes marcas, pequeños creativos sin agencia, maleables nociones de derecho de autor y compensación justa…

En el área de la seguridad, el FBI también tomó un riesgo interesante, al exponer al público una serie de cartas codificadas, que se encontraron en el pantalón de una víctima de homicidio.

Los departamentos de criptoanálisis no encontraron solución, así que incorporaron a la multitud, que bien podría resolver el enigma… pero que también podría hacer un uso imprudente, incluso comercial, de esa información recién decodificada.

¿Se puede manejar una democracia por crowdsourcing? ¿Se puede alterar un reality show, en vivo, vía crowdsourcing? ¿Se puede manejar un ejército, delegando en civiles?

Mientras no se pueda escribir un artículo en multitud, mi trabajo está a salvo… ¿o ya no?

 

RELACIONADOS

Aprender a programar o morir

La mayoría de las células que tenemos en nuestro cuerpo se renuevan cada diez años, según algunos expertos. Otros apuntan que es cada órgano...