La arquitectura ecológica ya no es una tendencia reservada a edificios futuristas o proyectos exclusivos. En un contexto marcado por la crisis climática, el encarecimiento de los recursos y la despoblación rural, cada vez más arquitectos defienden una nueva manera de construir basada en el territorio, los materiales locales y las personas. El nuevo protagonista de Mejor Conectados, una iniciativa de Telefónica, forma parte de ese grupo. Se trata de Manuel Bouzas, arquitecto gallego, profesor en la Universidad de Cornell y comisario del Pabellón de España en la Bienal de Venecia 2025.
Bouzas propone una visión de la arquitectura que va mucho más allá de la estética. Para él, construir implica también reparar, regenerar y reconectar. Frente a décadas de urbanismo centrado casi exclusivamente en las ciudades, defiende volver la mirada hacia el entorno rural, ese territorio que produce la energía, los alimentos y los materiales que sostienen nuestra vida cotidiana.
Arquitectura ecológica: del impacto negativo a las “internalidades”
Uno de los conceptos más interesantes que plantea Manuel Bouzas es el de las “internalidades”. La idea surge como respuesta al término económico “externalidad”, que hace referencia a los costes ambientales que generan muchos procesos productivos y que termina pagando toda la sociedad.

El arquitecto propone darle la vuelta a esa lógica: ¿y si los edificios pudieran generar impactos positivos en lugar de negativos? ¿Y si la arquitectura contribuyera a regenerar ecosistemas, fortalecer comunidades rurales y reducir emisiones de CO2?
La reflexión cobra todavía más importancia si tenemos en cuenta que el sector de la construcción es responsable de cerca del 40 % de las emisiones globales de carbono. Frente a este escenario, Bouzas apuesta por trabajar con materiales cuya huella ambiental sea clara y beneficiosa, como la madera, la tierra o la piedra.
Especialmente relevante es el uso de la madera, un material capaz de absorber más CO2 del que genera durante su producción. Según explica el arquitecto a Mejor Conectados, esto permite entender un edificio no como una carga ambiental, sino como un sistema capaz de almacenar carbono y ayudar a descarbonizar el sector.
Pero la arquitectura ecológica que defiende Bouzas no se limita únicamente a reducir emisiones. También busca recuperar la conexión entre las personas y los procesos productivos. Por eso insiste en la importancia de dignificar oficios tradicionales como la carpintería, la cantería o el trabajo forestal, integrándolos además con nuevas tecnologías como la robótica o la impresión 3D aplicada a materiales naturales.
El entorno rural como protagonista de la arquitectura del futuro
Durante años, el debate arquitectónico se ha centrado casi exclusivamente en las grandes ciudades. Sin embargo, Manuel Bouzas recuerda que las ciudades ocupan apenas el 2 % de la superficie del planeta. El otro 98 % también está diseñado, organizado y explotado mediante lo que él denomina “paisajes operacionalizados”.
Son esos paisajes rurales los que producen los recursos esenciales para sostener la vida urbana. Por eso, Bouzas considera fundamental devolver protagonismo a esos territorios y a las comunidades que los cuidan.

En Galicia, por ejemplo, pone en valor el modelo histórico de las Comunidades de Montes, una forma de propiedad colectiva que todavía hoy gestiona una parte muy importante del territorio gallego. Más de 3.000 comunidades administran aproximadamente el 25 % del suelo de Galicia, demostrando que existen formas sostenibles y comunitarias de relación con el paisaje.
Esta filosofía también se refleja en algunos de sus proyectos más recientes. Uno de los más simbólicos fue el diseño del Guest Lounge de ARCO 2026, construido con madera quemada procedente de los incendios forestales que arrasaron miles de hectáreas en Ourense y León durante 2025.
Lejos de esconder las cicatrices del fuego, el proyecto buscaba precisamente hacerlas visibles. El objetivo era transformar un material condenado a convertirse en biomasa en un espacio capaz de contar historias sobre el territorio, la regeneración ambiental y el trabajo de quienes luchan por recuperar los bosques.
Para Manuel Bouzas, la arquitectura debe servir como una herramienta de reacción y esperanza. Una disciplina capaz de crear espacios más humanos, reducir el impacto ambiental y fortalecer los vínculos entre las personas y el paisaje que habitan. En un momento en el que la crisis climática obliga a replantear la forma en la que vivimos, su visión plantea una idea sencilla pero poderosa: construir también puede significar cuidar.
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