La voz como dato: así detecta Telefónica la soledad no deseada

Una llamada de teléfono puede parecer una simple conversación. Preguntas sencillas, respuestas cotidianas, nada que llame la atención. Pero en esa misma llamada, la forma de hablar, las pausas, el tono, puede estar diciendo mucho más de lo que parece. Telefónica ha desarrollado, junto a la startup AcceXible, una tecnología capaz de detectar señales de soledad no deseada analizando únicamente la voz. El proyecto ya se ha puesto a prueba en Valladolid, con resultados que abren una pregunta más amplia: qué papel puede jugar la inteligencia artificial en un problema tan humano como el aislamiento.

Qué es la soledad no deseada y por qué es difícil de detectar

La soledad no deseada no es lo mismo que vivir solo. Una persona puede vivir acompañada y sentirse sola, y otra puede vivir sola sin que eso le suponga un problema. Lo que define este fenómeno es la diferencia entre las relaciones que alguien tiene y las que le gustaría tener. En España afecta especialmente a los mayores de 75 años, aunque también golpea a otros grupos de edad, y sus consecuencias van más allá del malestar emocional: se asocia con mayor riesgo de depresión, ansiedad y problemas cardiovasculares.

El problema es que la soledad no deseada suele ser invisible. Muchas personas que la sufren no lo cuentan, ya sea por vergüenza, por no preocupar a su entorno o porque ni ellas mismas identifican del todo lo que sienten. Preguntar directamente no siempre funciona. Las respuestas pueden ser educadas, automáticas, pensadas para no dar problemas. Ahí es donde entra en juego una idea distinta: en lugar de fiarse solo de lo que la persona dice, analizar cómo lo dice.

Cómo funciona la tecnología

La herramienta se basa en lo que se conoce como biomarcadores de voz. La idea es que el habla no solo transmite un mensaje, también refleja el estado de quien lo pronuncia. El tono, los silencios, el ritmo, las palabras que se eligen, todo eso cambia según el ánimo de la persona, aunque ella no sea consciente de ello. Una voz más apagada, pausas más largas de lo habitual o un vocabulario más limitado pueden ser señales de que algo no va bien, aunque el contenido de lo que se dice parezca completamente normal.

Un modelo de inteligencia artificial, entrenado previamente con muchas conversaciones ya analizadas, aprende a reconocer esos patrones y a asociarlos con distintos estados emocionales. Cuantas más conversaciones ha procesado, mejor distingue entre una variación puntual del ánimo y una señal más persistente de aislamiento. En el caso de Telefónica y AcceXible, el sistema analiza llamadas telefónicas reales hechas por voluntarios, que siguen un guion con preguntas abiertas y sencillas, del tipo qué hace la persona durante el día. No hace falta ningún dispositivo especial ni ninguna aplicación, basta con un teléfono convencional, lo que facilita mucho su uso entre personas mayores poco familiarizadas con la tecnología.

Es importante entender qué hace exactamente la IA aquí y qué no hace. No diagnostica, no sustituye a un profesional y no toma decisiones por sí sola. Su función es detectar señales, marcar posibles casos de riesgo para que después una persona, normalmente del ámbito social o sanitario, decida cómo actuar. Es una herramienta de cribado, no de intervención.

El caso de Valladolid

La prueba de concepto se ha llevado a cabo en la zona sur de la ciudad, con 300 personas de entre 70 y 80 años. Voluntarios de una red de acompañamiento social han realizado llamadas telefónicas con preguntas abiertas y sencillas, y esas conversaciones han sido analizadas por el sistema de IA para detectar señales de soledad no deseada y de bienestar emocional.

Los resultados de esta primera fase han sido reveladores. Cerca del 40% de las personas que participaron mostraban indicios de soledad no deseada, un dato que confirma lo extendido que está el problema, incluso cuando no resulta evidente a simple vista. Tras una segunda ronda de llamadas, coincidiendo con alguna actividad o acompañamiento adicional, el sistema detectó una mejora del bienestar emocional en torno al 28%, lo que sugiere que intervenciones relativamente sencillas pueden tener un efecto real.

Lo interesante de este caso no es solo la tecnología en sí, sino cómo se ha integrado en un proceso ya existente. La IA no ha sustituido a los voluntarios ni ha cambiado la forma en que se hacen las llamadas. Se ha limitado a añadir una capa de análisis que antes no existía, ayudando a priorizar los casos que necesitan más atención. El ayuntamiento ya plantea extender el proyecto a toda la ciudad si los resultados se mantienen en fases posteriores.

Los límites y lo que falta por resolver

Conviene ser claros sobre lo que es este proyecto en su fase actual: una prueba de concepto, no una solución ya desplegada a gran escala. Trescientas personas en un barrio de Valladolid es una muestra significativa para validar la tecnología, pero todavía queda camino para comprobar si los resultados se mantienen en otros contextos, con otros perfiles de edad o en zonas rurales, donde el aislamiento suele tener características distintas.

También hay una pregunta que merece la pena plantear, aunque no tenga una respuesta cerrada: qué significa que una máquina interprete el estado emocional de alguien a partir de su voz. Aquí el diseño del proyecto ayuda a despejar dudas. La IA no sustituye el contacto humano, lo complementa. La llamada la sigue haciendo una persona, y la decisión de intervenir también recae en profesionales, no en un algoritmo. El dato tecnológico se usa para priorizar recursos limitados, no para automatizar el cuidado de nadie.

El reto ahora es de escala y de rigor. Ampliar el proyecto a más ciudades, revisar los resultados en distintos entornos y seguir afinando la precisión del modelo. Telefónica ya explora aplicar un enfoque similar a otros ámbitos, como la detección temprana de deterioro cognitivo leve, lo que sugiere que el análisis de voz puede tener recorrido más allá de este caso concreto.

Escuchar lo que la voz no dice

Detectar la soledad no deseada nunca ha sido sencillo, precisamente porque suele esconderse detrás de respuestas normales y rutinas aparentemente tranquilas. Lo que muestra el caso de Valladolid es que la tecnología puede ayudar a ver lo que antes pasaba desapercibido, sin quitarle protagonismo a las personas que hacen las llamadas ni a las que deciden cómo actuar después. La IA aporta un dato que antes no existía. El resto sigue dependiendo, como siempre, de que alguien esté dispuesto a escuchar.


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