Así es la nanopiel que permitirá crear robots con sensibilidad

Para cualquier fanático de Isaac Asimov, la serie de relatos agrupados en Yo, robot son un clásico de la literatura sobre robótica en los que la dra. Susan Calvin nos introduce al mundo de la robopsicología. Pero fuera de la ciencia ficción, este conjunto de obras de Asimov guarda un hilo conductor, caracterizado por la interacción entre seres humanos, robots y cuestiones relacionadas con la ética y la moral.

Y es que desde que dejamos volar nuestra imaginación, la construcción de robots nos ha fascinado, bien en novelas que nos transportan a épocas futuristas, bien comprobando el avance de las nuevas tecnologías en nuestras vidas. Asombrarnos, por ejemplo, ante la aparición de los ciborgs hace que las historias de Asimov, increíblemente, hayan dado un paso hacia una realidad tecnológica en la que la división entre seres vivos y organismos cibernéticos comienza a ser, cuando menos, difusa.

Nanotecnología en ayuda de la robótica

Vivimos en un tiempo en el que la inteligencia artificial se ha colado en nuestras vidas y vemos, apenas sin asombro, que hemos sido capaces de enviar un robot a Marte. Al día de hoy ya es común ver a robots interaccionar con objetos, aunque como comentaba Cynthia Breazeal en esta conferencia TEDx, aún queda tiempo para ver la personalización de los mismos, y que sean capaces de interactuar con los seres humanos.

Sin embargo, un nuevo avance promovido por la nanotecnología puede ayudar en esa ardua tarea de ‘humanizar’ a estos robots. El trabajo liderado por el dr. Zhong Lin Wang y sus colaboradores ha permitido crear capas piezoeléctricas flexibles que podrían ser ajustadas en los robots. ¿Con qué objetivo? Pues ni más ni menos que tratar de generar una especie de nanopiel, que permita la creación de biosensores para mejorar la sensibilidad de los robots, porque de algún modo con esta invención podríamos darles cierto toque humanizante.

El dr. Wang es un afamado investigador de la Escuela de Ciencia e Ingeniería de Materiales del Georgia Tech, especializado en el área nanotecnológica. Su trabajo pionero ha hecho que sea uno de los cinco científicos más citados en el mundo en su especialidad. Ahora su trabajo vuelve a sorprendernos, ¿podríamos contar con piel en los nuevos robots?

Lo que han conseguido desde el grupo de Wang es la creación de transistores en forma de píxeles táctiles, una invención que ha denominado taxels, por la unión de las dos palabras en inglés (tactile y pixels). Tras la publicación de este impresionante avance en Sciencese ha comprobado que la resolución de esta nanopiel estaría en unos valores cercanos a la que poseemos de manera natural en nuestros dedos.

Hasta ahora, la mayor parte de sensores por tacto utilizaban la presión para mejorar o empeorar su sensibilidad. Sin embargo, Wang y sus colaboradores han sido capaces de usar las cargas eléctricas que se generan (debido al efecto piezoeléctrico) tras el contacto de la interfaz del transistor inventado.

Nanopiel

Es importante aclarar que la nueva nanopiel solo funciona en materiales que posean propiedades semiconductoras y piezoeléctricas. La estructura diseñada por Wang supone que esta piel nanotecnológica está formada por cuadrículas de 92 x 92 transistores. En cada uno se colocan cerca de 1.500 nanocables, separados aproximadamente por unos 500 nanómetros de distancia. Los nanocristales que componen este innovador producto están formados por óxido de zinc.

Otras aproximaciones logradas anteriormente no habían obtenido tan buenos resultados, ya que en este caso el rendimiento se ve mejorado hasta quince veces (en cuanto a la densidad y resolución espacial). Lo que consigue la nanopiel de Wang es convertir señales mecánicas en electrónicas, de forma parecida a lo que hacemos con nuestros dedos, al transmitir esa señal hacia nuestro cerebro mediante impulsos nerviosos.

Si fuéramos capaces de integrar esta nanopiel en robots que pudieran interpretar estas señales electrónicas, ya habríamos avanzado muchísimo en la tecnología robótica, ya que efectivamente conseguiríamos que  tuvieran en cierto modo una sensibilidad artificial. Otras aplicaciones que el grupo de Wang ha planteado están relacionadas con el desarrollo de prótesis capaces de «sentir» a través de este tacto, al igual que hacemos de manera natural, o incluso en la detección e identificación de la firma de un determinado individuo (ya que esta depende de la presión mecánica que ejerza).

Un descubrimiento sin duda innovador, a la par que asombroso, que nos acerca a los mundos que soñó Asimov, y que reflejaba en su charla Breazeal. ¿Cuándo podremos contar con robots más personalizados e incluso con este toque humanizante del que hablábamos antes? El futuro es una incógnita, pero sin duda el trabajo de Wang nos acerca un poquito más a él gracias a la nanotecnología y la electrónica.

Imágenes | Wikipedia, Georgia Tech

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