Los conciertos de música clásica suelen empezar pidiendo al público que apague el móvil, pero el pasado sábado 3 de octubre, en el Teatro Monumental de Madrid, ocurrió lo contrario. Telefónica y la Escuela Superior de Música Reina Sofía usaron la inteligencia artificial para recoger lo que siente una sala entera y devolvérselo a quienes tocan, justo antes de la Sinfonía número 4 de Brahms, con la idea de escuchar al público y no de impresionarlo.
Sacar el móvil antes de que suene Brahms
Las cerca de mil personas que acudieron al concierto lo hicieron sin saber lo que se iban a encontrar, ya que Telefónica y la Escuela Reina Sofía habían mantenido en secreto los detalles hasta el inicio para sorprender al público con una dinámica a la que ningún amante de la música clásica se había expuesto antes. Quien entraba con la idea de sentarse, escuchar y aplaudir al final descubría que, antes de que sonara una nota, también le iban a preguntar a él.
Todo ocurrió en la introducción a la obra, cuando el presentador empezó a plantear preguntas en directo y cada asistente fue respondiendo desde el móvil sin levantarse de su asiento. Para que tanta gente pudiera contestar a la vez, las preguntas tenían que ser breves y de respuesta rápida, del tipo qué sensación transmite una obra o cómo se espera escucharla, de manera que cualquiera, supiera de música o no, tuviera algo que decir.
Después de la introducción, la atención pasó al escenario, donde esperaba una orquesta de unos 60 músicos de la Escuela Reina Sofía dirigida por Josep Pons, lista para interpretar la Sinfonía número 4, la última que compuso Brahms y que se estrenó en 1885. Las respuestas del público no sustituían a la obra, pero la precedían y servían de puente entre la sala y el escenario.

Qué ocurre con mil respuestas a la vez
Cuando un público entregado contesta desde el móvil a las preguntas formuladas, cientos de respuestas llegan al mismo instante al servidor, imposibilitando que ningún humano pueda procesarlas y ordenarlas en tiempo real. Ahí es donde entra la inteligencia artificial y un sistema automatizado recoger las respuestas de forma simultánea, las procesa, encuentra la relación entre ellas y las resume en un único resultado. Lo que antes era una simple encuesta, ahora se procesa al instante y el resultado se ve en la propia sala, generando la voz única de la que habla el proyecto.
Esta voz única ya no es la respuesta de una persona, sino el sentir del conjunto del público, una voz que convierte a un público multitudinario en un único oyente. Esa reacción llega hasta el escenario y es el hilo que une a la sala con la orquesta, y la tecnología no pretende competir con los músicos, sino hacer de intermediaria entre quienes escuchan y quienes tocan.
La conexión que lo hace posible
Todo lo anterior depende de algo que el público no ve, y es que sin una red capaz de mover tantas respuestas a la vez la dinámica no habría funcionado. Telefónica presenta la experiencia como un ejemplo de su apuesta por tener la mejor red para acceder a la tecnología más innovadora, y en el concierto la conectividad es lo que permite que cientos de asistentes interactúen al mismo tiempo con la inteligencia artificial y con la música en directo.

Rafael Fernández de Alarcón, director de Marca de Telefónica, destaca: «En Telefónica asumimos el reto de convertirnos en la mejor vía de acceso de los ciudadanos a las tecnologías digitales. Esta iniciativa demuestra cómo la conectividad y la inteligencia artificial pueden ponerse al servicio de las personas para enriquecer experiencias culturales y crear nuevas formas de participación colectiva. Queremos ser una compañía comprometida social y culturalmente, más allá de nuestro propio negocio».
No es la primera vez que la compañía lleva la conectividad a un escenario, ya que en 2024 Telefónica y Ericsson montaron una red 5G privada en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona para el concierto de apertura del centenario de la compañía, con drones y hologramas, donde la baja latencia de la red permitía que imagen y audio fueran sincronizados. En los dos casos la conectividad deja de ser algo que está detrás y pasa a formar parte de la propia experiencia.
Más de veinte años de música y tecnología
El concierto del Teatro Monumental tiene detrás una relación de más de dos décadas: Telefónica es mecenas de la Cátedra de Violín de la Escuela Reina Sofía desde 1999, una cátedra con mucho peso en el centro por ser el violín el instrumento con más músicos en una orquesta sinfónica. En todo ese tiempo las dos entidades han impulsado otros proyectos de difusión cultural con el mismo objetivo de conectar a las personas a través de la música, y esta vez han probado a hacerlo con la inteligencia artificial de por medio.
Un concierto sinfónico se ha entendido siempre como un acto en el que unos tocan y otros escuchan en silencio, y este formato mantiene ese esquema pero deja que la sala se exprese antes de que empiece la música. Queda por ver si esa participación cambia la forma de escuchar y si formatos así encuentran sitio en las salas de concierto, pero por ahora deja una idea sencilla: la tecnología puede servir para que el público se haga oír sin tocar lo que ocurre sobre el escenario.
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