El discípulo quiere comprar al maestro: la opa de Stripe por PayPal

Stripe procesa pagos para millones de tiendas online sin que casi nadie en España reconozca su nombre. PayPal, en cambio, es la marca que la mayoría asocia con pagar por internet. Ahora la primera ha intentado comprar a la segunda por más de 53.000 millones de dólares, y PayPal ha dicho que no, de momento. Esta operación explica mucho sobre cómo ha cambiado el negocio de los pagos digitales en los últimos años, y sobre por qué una empresa que nadie conoce puede llegar a valer más que la que todos usan.

La oferta que sacudió los pagos digitales

A mediados de julio, Reuters reveló que Stripe y el fondo de capital privado Advent International habían presentado una oferta conjunta para comprar PayPal Holdings. La propuesta: 60,50 dólares por acción, lo que valora la compañía en más de 53.000 millones de dólares. Es una prima del 28% sobre el precio al que cotizaba la acción justo antes de conocerse la noticia.

La oferta no es un simple gesto. Viene respaldada por unos 50.000 millones de dólares en financiación bancaria ya comprometida, aportada por JPMorgan y Morgan Stanley. Stripe y Advent se repartirían la propiedad de PayPal a partes iguales y no tienen intención de desmontar la empresa ni venderla por piezas. El acercamiento no salió de la nada. Ya en abril hubo un primer contacto entre las partes, que no llegó a nada concreto. La oferta formal llegó a principios de julio, con la intención de cerrar un acuerdo antes de que terminara el mes.

PayPal, sin embargo, no ha aceptado. El 20 de julio, su consejo de administración rechazó la propuesta por considerarla insuficiente. Según fuentes cercanas a la negociación, la empresa busca un precio más cercano a los 70 dólares por acción. El consejo también puso sobre la mesa otras dudas: si la financiación es tan sólida como parece, qué obstáculos regulatorios podría encontrar una operación de este tamaño y cuánto tiempo llevaría cerrarla.

Esto no significa que la operación esté descartada. Un primer rechazo suele ser el punto de partida de una negociación, no el final de la historia. PayPal ha contratado a los bancos de inversión Goldman Sachs y Evercore para estudiar sus opciones, y todas las miradas están puestas en si Stripe y Advent deciden mejorar su oferta.

Por qué PayPal, y por qué ahora

Para entender esta operación hay que mirar a las dos empresas por separado. Stripe es fuerte donde miles de negocios cobran a sus clientes por internet, pero apenas tiene presencia directa entre los consumidores. PayPal es justo lo contrario: una marca que reconoce cualquier persona que haya comprado algo online, con cientos de millones de cuentas activas en todo el mundo. Juntar ambas piezas crearía un gigante de los pagos con un volumen conjunto cercano a los 3,7 billones de dólares al año, una cifra que lo situaría entre los mayores procesadores del planeta.

Pero el encaje estratégico no explica por sí solo por qué esta oferta llega precisamente ahora. PayPal atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia. La empresa llegó a valer 360.000 millones de dólares en 2021. Desde entonces, su valor ha caído hasta mínimos de apenas una décima parte de esa cifra, castigada por un crecimiento más lento y por la competencia de Apple Pay y Google Pay, entre otros.

La compañía ha cambiado de consejero delegado tres veces en cuatro años. El más reciente fichaje es Enrique Lores, procedente de HP, que asumió el cargo a principios de marzo con el objetivo de devolver a PayPal su perfil tecnológico. Entre sus primeras decisiones está un recorte de plantilla de aproximadamente el 20%, unos 4.760 puestos de trabajo, repartido en dos o tres años, junto con una fuerte apuesta por la inteligencia artificial para reducir costes.

Una empresa debilitada, con una marca todavía muy valiosa pero con dudas sobre su futuro, es exactamente el tipo de objetivo que atrae a un comprador con ambición y capital disponible. Stripe encaja en ese perfil como pocos.

De dos hermanos irlandeses a gigante privado

Stripe nació en 2010 de la mano de dos hermanos irlandeses, Patrick y John Collison. La idea surgió de una frustración muy concreta: lo complicado que resultaba, en aquel momento, para cualquier negocio aceptar pagos por internet. Montar un sistema de cobro online implicaba tratar con bancos, cumplir normativas distintas en cada país y programar integraciones técnicas que llevaban semanas. Los Collison, con formación en programación, vieron ahí un problema que podían resolver con software.

Su propuesta fue reducir todo ese proceso a unas pocas líneas de código. Cualquier programador podía integrar Stripe en la web o la aplicación de su negocio y empezar a cobrar en cuestión de horas, sin negociar directamente con un banco ni preocuparse por la parte más técnica de la operación. Stripe se encarga de todo lo que ocurre entre el momento en que un cliente pulsa «pagar» y el momento en que el dinero llega a la cuenta del negocio: verificar la tarjeta, mover el dinero entre bancos, detectar posibles fraudes y cumplir la normativa de cada país.

Con el tiempo, esa idea inicial se fue ampliando. Stripe empezó a ofrecer también herramientas para cobrar suscripciones de forma automática, para que otras plataformas puedan pagar a los negocios que operan dentro de ellas, para emitir tarjetas o para facilitar préstamos a pequeñas empresas a partir de su historial de ventas. Todo bajo la misma lógica: dar a cualquier empresa, grande o pequeña, la infraestructura de pagos que antes solo estaba al alcance de las grandes corporaciones.

Ese enfoque explica por qué compañías de todos los tamaños, desde startups hasta gigantes como Amazon o Shopify, utilizan su tecnología. Stripe no vende un servicio al consumidor final. Vende la tubería por la que circula el dinero, y dedica su esfuerzo a que esa tubería funcione en cualquier país, con cualquier divisa y con la máxima seguridad posible.

Por qué en España casi nadie conoce Stripe

La razón es sencilla y tiene que ver con dónde aparece cada marca. Cuando alguien paga en una tienda online con PayPal, ve el logo de PayPal en la pantalla. Cuando paga con Stripe, no ve nada: solo ve el formulario de pago de la tienda en la que está comprando. Stripe trabaja detrás del proceso, no delante del usuario.

Esa es la diferencia clave entre las dos empresas. PayPal construyó su negocio como una marca de consumo, algo con lo que el usuario interactúa directamente y en lo que confía a la hora de pagar. Stripe construyó el suyo como infraestructura para otras empresas, invisible para quien compra. Un español puede haber pagado con Stripe decenas de veces sin saberlo, simplemente porque nunca ha tenido motivos para fijarse en quién procesa el pago.

Imagen: Xataka

Stripe llegó a España en 2016 y desde entonces ha ido ganando terreno entre negocios digitales del país. Un buen ejemplo es Playtomic, la plataforma española de reserva de pistas de deportes de raqueta, que utiliza la tecnología de Stripe para gestionar sus pagos y ha llegado a procesar varios millones de euros en un solo mes con ella. El usuario de Playtomic solo ve que ha reservado una pista y ha pagado. No sabe, ni necesita saber, qué empresa hay detrás de esa transacción.

Mientras tanto, PayPal sigue siendo una de las opciones de pago más reconocidas en España, junto con Bizum, la solución impulsada por los bancos españoles para enviar dinero entre particulares y pagar en comercios. Ambas comparten algo que Stripe no tiene: aparecen como opción visible en el momento de pagar, con su nombre y su logo. Esa visibilidad es la que ha hecho que, durante años, PayPal fuera sinónimo de pago online para buena parte del público, mientras Stripe crecía en paralelo, pero fuera del radar del usuario final.

Una partida que aún no ha terminado

El rechazo de PayPal no cierra la historia, la deja en suspenso. Es habitual que la primera oferta en este tipo de operaciones no sea la definitiva, y todas las señales apuntan a que Stripe y Advent podrían volver a la mesa con una propuesta mejorada. Lo que suceda en las próximas semanas, incluida la presentación de resultados de PayPal a finales de julio, puede inclinar la balanza en cualquier dirección.

Más allá del desenlace concreto, esta operación deja una lección sobre cómo ha cambiado el negocio de los pagos digitales. Durante años, la batalla se libró en torno a la marca que el usuario reconocía y en la que confiaba para pagar. Stripe ha demostrado que se puede construir un gigante igual de valioso, o más, sin necesidad de ser visible para ese usuario. Basta con ser indispensable para las empresas que sí lo son.

Si la compra llega a completarse, el resultado sería una empresa capaz de mover el dinero tanto en el momento en que un negocio cobra a sus clientes como en el momento en que esos clientes gestionan su propio dinero. Dos formas distintas de estar presente en cada pago, ahora bajo un mismo techo. Y si no se completa, PayPal seguirá teniendo que demostrar, sola, que puede recuperar el terreno perdido frente a una competencia cada vez más difícil de ignorar.


Si te ha gustado este artículo y quieres recibir más contenido sobre innovación y tecnología directamente en tu correo, suscríbete a nuestra newsletter y mantente siempre actualizado. No somos de los que llenan tu bandeja, solo compartimos los lunes.

RELACIONADOS