Estados Unidos apaga Fable 5 y Mythos 5: el golpe que deja a Europa fuera del mapa de la IA

El acceso a la inteligencia artificial más avanzada del mundo se ha convertido, en cuestión de días, en un asunto de política exterior. Lo que hasta hace poco era una negociación discreta entre gobiernos y un laboratorio privado se ha transformado en un episodio que resume bastante bien la posición incómoda en la que se encuentra Europa: dependiente de Estados Unidos para acceder a lo más puntero, observando cómo China construye una alternativa propia, y sin margen real para decidir por su cuenta.

Fable 5 y Mythos 5: dos modelos, dos niveles de acceso

Para entender lo ocurrido hay que remontarse a abril, cuando Anthropic presentó Mythos, un modelo capaz de encontrar vulnerabilidades en programas informáticos con una eficacia muy superior a la habitual. Entre los fallos que detectó había algunos que llevaban años, incluso décadas, sin descubrirse en sistemas operativos y programas muy utilizados en todo el mundo.

El problema es que esa misma capacidad tiene un doble filo: sirve para detectar y corregir fallos, pero también podría usarse para lo contrario, es decir, para aprovecharlos antes de que se arreglen. Por eso Anthropic decidió no lanzar Mythos al público y crear en su lugar Project Glasswing, un programa que da acceso al modelo a un grupo seleccionado de gobiernos, empresas y organizaciones de ciberseguridad, con el objetivo de que esos fallos se detecten y se corrijan antes de que alguien pueda explotarlos. Entre los participantes hay nombres de gran peso en el sector, como Microsoft, Google, Amazon Web Services, NVIDIA, Cisco o CrowdStrike, además de organismos como la Linux Foundation.

A principios de junio llegó el siguiente paso, con el lanzamiento de dos versiones nuevas que comparten la misma base, pero cuya diferencia está precisamente en quién puede usarlas. Fable 5 sí se lanzó al público general y a las empresas. Incorpora filtros que detectan cuando alguien hace preguntas sobre temas especialmente sensibles, como ciberseguridad o biología, y en esos casos responde con un modelo menos potente. De este modo ofrece buena parte de las capacidades del modelo original, pero sin sus riesgos más evidentes.

Mythos 5, en cambio, no se lanzó al público en ningún momento. Mantiene todas sus capacidades sin esos filtros y sigue reservado exclusivamente a los participantes de Glasswing, que lo usan para encontrar y corregir vulnerabilidades antes de que otros las exploten.

El acceso que Europa pidió

Durante mayo, varios gobiernos europeos pidieron formar parte de Glasswing. El Gobierno español defendió que la Unión Europea necesitaba acceder cuanto antes y de forma conjunta, ya que la región no podía quedarse al margen de una tecnología con implicaciones directas para la seguridad de sus bancos y de sus infraestructuras más importantes. La petición tuvo respuesta: a principios de junio, Anthropic incorporó a ENISA, la agencia europea de ciberseguridad, al programa Glasswing, lo que en la práctica abría la puerta a España y al resto de la Unión Europea.

El revés inmediato: Estados Unidos suspende el acceso

Apenas dos días después del lanzamiento de Fable 5, el Gobierno de Estados Unidos ordenó a Anthropic cortar de inmediato el acceso a Fable 5 y Mythos 5 para cualquier persona que no sea ciudadana estadounidense, ya esté dentro o fuera del país. La orden se basa en motivos de seguridad nacional, aunque sin dar muchos detalles sobre cuál es el riesgo concreto. Anthropic explicó que no tiene forma de comprobar la nacionalidad de cada usuario en tiempo real, así que tuvo que desactivar ambos modelos para todos sus clientes, también para los estadounidenses. La propia empresa, además, dejó claro que no está de acuerdo con la decisión.

El resultado práctico es que el acceso que Europa acababa de conseguir a través de Glasswing quedó suspendido junto con todo lo demás, apenas días después de haberlo logrado.

Entre dos potencias que avanzan a su manera

Esto no es un caso aislado. Estados Unidos quiere mantener su ventaja en IA frente a China, y para ello controla muy de cerca quién puede acceder a sus chips y a su tecnología más avanzada. El problema es que estas restricciones no distinguen entre rivales y aliados: cualquier país que dependa de la tecnología estadounidense, como ocurre con Europa, puede quedarse sin acceso de un día para otro, sin previo aviso y sin demasiadas explicaciones, igual que ha pasado ahora con Fable 5 y Mythos 5.

China, mientras tanto, juega otra partida. Al no tener acceso a los chips más potentes, ha apostado por hacer más con menos: modelos más eficientes y, sobre todo, abiertos, que cualquiera puede usar y adaptar libremente. El caso más conocido es DeepSeek, que demostró que se pueden lograr buenos resultados con hardware menos potente. Esta apertura le da a China algo muy valioso: si empresas y desarrolladores de todo el mundo construyen sus productos sobre tecnología china, esos modelos se convierten en el estándar en muchos países, especialmente en aquellos a los que Estados Unidos no quiere o no puede vender lo más avanzado.

El dilema europeo

Todo esto deja a Europa en una posición incómoda. Por un lado, depende de un país, Estados Unidos, que puede cortarle el acceso a su tecnología más avanzada de un día para otro y sin apenas explicaciones. Por otro, ve cómo China avanza cada vez más rápido y reparte su tecnología sin esas restricciones, lo que la convierte en una alternativa cada vez más tentadora. Sin embargo, apoyarse en tecnología china también genera dudas, sobre todo en cuestiones de seguridad: quién controla esos modelos, qué datos manejan y hasta qué punto se puede confiar en ellos para infraestructuras tan sensibles.

De fondo está el debate sobre la soberanía tecnológica europea, esa idea de que Europa necesita depender menos de fuera y desarrollar más capacidad propia en IA. El caso de Mythos es un buen ejemplo de por qué ese debate importa: Europa pidió acceso a una tecnología, lo consiguió, y lo perdió pocos días después por una decisión que no estaba en sus manos. Mientras tanto, la carrera tecnológica sigue avanzando, con dos potencias marcando el ritmo y un continente que, por ahora, depende de las reglas que otros deciden cambiar.

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