Durante años, RISC-V ha sido un experimento de laboratorio. Muchos ingenieros dudaban de su viabilidad comercial frente a opciones cerradas. Pero esta fase de pruebas y dudas ya ha terminado.
Los datos recientes confirman que ya no es una simple promesa. A finales de 2025, la arquitectura libre alcanzó el 25% de cuota en el mercado global de procesadores embebidos (en 2021 era del 2.5%). Las empresas prefieren ahora recuperar el control total sobre sus diseños.
¿Qué es RISC-V exactamente?
RISC-V es una arquitectura de conjunto de instrucciones (ISA) de código abierto. En palabras sencillas, es el vocabulario que utilizamos para comunicarnos con un procesador sin estar poniéndole unos y ceros directamente. A diferencia de alternativas propietarias como ARM o x86, este estándar es libre y no exige el pago de licencias.
El proyecto nació en 2010 dentro de la Universidad de California en Berkeley. Su diseño es modular y muy limpio a nivel técnico. Los ingenieros parten de unas cuarenta instrucciones básicas y añaden extensiones según lo necesiten. Sirve igual para un pequeño microcontrolador de dos euros que para un gran servidor.
El problema del software está resuelto
Durante años, la gran ventaja de RISC-V fue también su mayor peligro. Su arquitectura modular permite añadir extensiones personalizadas para acelerar tareas específicas. Sin embargo, esta flexibilidad generó caos en la industria. Un programa compilado para un chip concreto fallaba habitualmente en otro procesador diferente. Las herramientas eran inconsistentes y alejaban a las grandes empresas.

Este problema se resolvió a finales de 2024 con la ratificación del perfil RVA23. Esta norma técnica define una línea base obligatoria para todos los procesadores de aplicaciones. Gracias a este estándar, los desarrolladores consiguieron por fin un objetivo fijo y seguro, las bibliotecas de software empezaron a funcionar sin sorpresas en cualquier hardware compatible.
La respuesta del ecosistema demuestra la madurez del sector. Canonical ya anunció que sus versiones de Ubuntu para centros de datos se compilarán únicamente para RVA23. A esto se le suma la especificación Server Platform 1.0, diseñada para reducir fricciones en entornos de producción virtuales. El software ya no está frenando la expansión de la arquitectura.
RISC-V, geopolítica y compras millonarias
Hoy en día nadie quiere delegar el diseño de componentes vitales a terceros ni depender de licencias. Por eso, las empresas están moviendo ficha de forma muy agresiva. A finales de 2025, Qualcomm compró Ventana Micro Systems para fortalecer sus capacidades en el diseño de CPUs y apostar de lleno por la arquitectura de código abierto RISC-V. Su claro objetivo es dominar el mercado de servidores empresariales y computación inteligente.
Y aquí entra al tema más repetido de la actualidad: la IA: Meta hizo otro gran movimiento al comprar la empresa tecnológica Rivos para acelerar el desarrollo de sus propios semiconductores de inteligencia artificial. La red social necesita procesadores personalizados para entrenar sus inmensos modelos generativos. Ahorrar el coste de las licencias tradicionales se nota muchísimo cuando operas cientos de miles de servidores.
Europa no quiere quedarse atrás en esta carrera por la independencia tecnológica. La Unión Europea ha lanzado el proyecto DARE para buscar nuestra soberanía digital. Esta iniciativa cuenta con una dotación imponente de 240 millones de euros. El Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona coordina todos estos esfuerzos continentales. La meta es desarrollar procesadores de supercomputación diseñados íntegramente aquí.

Dispositivos reales y el interés real
La validación comercial de estos chips ya es una realidad palpable en la calle. Un ejemplo claro es el reloj inteligente Amazfit T-Rex 3 Pro. Su procesador RISC-V gestiona el GPS y rastrea el sueño con una batería decente. El sector automotriz también avanza rápido porque la fiabilidad no es negociable. Para lograrlo nació Quintauris, un consorcio independiente formado por gigantes como Bosch o Qualcomm cuya misión principal es integrar arquitecturas abiertas en los vehículos garantizando la seguridad funcional certificada.
¿Qué impacto podría tener la evolución del silicio abierto para un operador como Telefónica?
Telefónica ya tiene desplegada una estrategia de edge computing con 17 nodos distribuidos en España, y ha analizado públicamente la cadena de valor de Open RAN con foco específico en semiconductores. En ese contexto, arquitecturas abiertas como RISC-V ofrecen una ventaja estratégica real: eliminan la dependencia de licencias propietarias y reducen el riesgo de lock-in con proveedores específicos, algo especialmente relevante en un entorno de tensiones geopolíticas en torno a los semiconductores. Redes abiertas como Open RAN y arquitecturas de chip sin royalties responden a la misma lógica de reducir la dependencia de ecosistemas cerrados.
Si bien RISC-V aún no es el estándar dominante en eficiencia energética frente a ARM en edge computing, su adopción en chips 5G ya es una realidad, y operadores de la escala de Telefónica tienen incentivos claros para seguir de cerca su evolución.
Los pies en la tierra
Hay que ser realista, RISC-V no va a sustituir a la arquitectura x86 en tu portátil a corto plazo. Uno de los principios de la arquitectura de computadores es que los niveles superiores deben incluir a los inferiores. La compatibilidad necesaria con décadas de software heredado es una barrera de entrada colosal para los procesadores abiertos.
Donde este estándar abierto domina sin discusión es en dispositivos embebidos, edge computing e IoT. Ahí el consumo energético y la personalización importan mucho más que mantener las aplicaciones antiguas. Es una tecnología madura que ha encontrado por fin su lugar estratégico en la industria.
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