gamificación

Gamificación, o el uso de la química cerebral para vender más

La palabra gamificación procede del inglés “game”, y mediante su uso es posible aumentar el éxito profesional y comercial de una forma exponencial.

Entre los términos anglosajones adaptados a nuestro entorno empresarial, está empujando con fuerza la palabra gamificación, procedente de la palabra game, juego en inglés. Aunque se pueden encontrar diversas definiciones, de forma sencilla y quizá algo inexacta diría que se trata de introducir dinámicas asociadas a los juegos dentro de aplicaciones de corte más serio, como de productividad profesional o comunicación.

Citaré dos ejemplos que, para mí, son de éxito y reflejan muy bien este concepto. Uno de ellos es Foursquare, aplicación que consiste simplemente en señalar dónde se está (o hacer check-in) y, con base en el número de veces en el mismo sitio, o la frecuencia o variedad de los check-ins, nos va asignando una serie de niveles y títulos (alcalde del sitio, viajante, etc.). El otro es TripAdvisor, donde se fomentan nuestros comentarios desinteresados sobre los sitios que hemos visitado con base en el número de reseñas que realizamos, a la variedad de ciudades y países y a la utilidad que le dan otros miembros de la comunidad a lo que hemos publicado.

Pero esto se puede llevar a entornos más serios, como por ejemplo Email Game, donde jugamos una “partida” para ver cuán veloces y productivos somos gestionando nuestro InBox.

gamificación

The Email Game

Como otras muchas cosas de nuestro entorno que no hemos analizado en profundidad, nos puede parecer que jugar en el ordenador es de niños y, por lo tanto, introducir conceptos de gamificación en nuestra aplicación profesional o negocio le puede restar credibilidad. La realidad es que las bases para justificar la gamificación se asientan firmemente sobre la condición humana.

Lo sabemos y hemos experimentado. Los sentimientos de satisfacción, éxito, logro, victoria, liberan endorfinas que nos hacen sentir mejor. De una forma muy similar, la dopamina es la hormona que nos hace buscar la recompensa y está directamente relacionada con la motivación. El juego y su posible recompensa, por lo tanto, motivan y generan relaciones emocionales que potenciarán nuestra aplicación, negocio o marca. Los estudios muestran además que existen 4 tipos de juegos que podemos gamificar en nuestro producto o servicio:

  1. Desafío: Juego que nos enfrenta a algo muy difícil de conseguir, la motivación está en la complejidad.
  2. Descubrimiento: Juego sencillo de conseguir, la motivación está en el descubrimiento en sí de las nuevas opciones/funcionalidades.
  3. Social: La motivación está en el hecho de que se disfrute de forma social y el reconocimiento asociado.
  4. Serio: La motivación viene de una recompensa tangible y real.

La gamificación debería ser una filosofía en nuestra vida personal y profesional, donde nos vayamos poniendo un sistema de puntos y recompensas para desarrollar de la forma más creativa y eficiente posible las tareas repetitivas y cotidianas. Este modelo, y no el de castigo, es el que más impacto tiene también en la educación. Seguro que muchos de vosotros habéis ejecutado un sistema de recompensas con vuestros hijos no basado en bienes “tangibles” (como una consola), sino en pegatinas, en reconocimiento personal, etc.

La potencialidad para los negocios digitales es, por estas razones, enorme y existen numerosas publicaciones, estudios, análisis, de cómo podemos implementar una correcta estrategia de gamificación. No me extenderé en esta parte porque forma parte del hype actual en torno al término.

La gamificación es otro ejemplo más de mi teoría de que la tecnología no cambia la esencia básica del ser humano, sino que la potencia en mayor o menor medida, en un sentido u otro y que, quizá, la gran diferencia con otras épocas es que ahora se pueden crear millones de estímulos distintos en millones de personas en plazos cortísimos gracias a la tecnología, lo que genera más casos de éxito que además son conocidos por todos. Pero los estímulos básicos son los mismos.

Imagen: Tilo Motion

Sobre el autor

Javier Lorente

Soy Teleco cuasi reconvertido (aunque siempre quedará algo) y Telefónico. Experto en aplicaciones e internet móvil, lo que me ha llevado unos años a Reino Unido entre otras cosas. Curioso de las curiosidades tecnológicas. Enamorado de la comunicación personal y social, y del rol que la tecnología puede jugar. Más artículos del autor »