OpenSpain: una web donde caben todos

En 2015 a todos se nos llenaron los ojos de lágrimas al ver el cuerpo sin vida del pequeño Aylan Kurdi en la costa turca. Para algunos, el impacto de la fotografía duró lo que duró el telediario de turno. Para Cintia fue el resorte que posibilitó un proyecto tecnológico pionero en la ayuda a los refugiados.

En 2015 a todos se nos llenaron los ojos de lágrimas al ver el cuerpo sin vida del pequeño Aylan Kurdi en la costa turca. Para algunos, el impacto de la fotografía duró lo que duró el telediario de turno. Para Cintia fue el resorte que posibilitó un proyecto tecnológico pionero en la ayuda a los refugiados.

Cuando se produjo la crisis de refugiados en septiembre de 2015, Cintia Domínguez era becaria del programa Talentum de Telefónica. Un programa de innovación abierta cuyos pilares fundamentales son el talento joven, la tecnología y el emprendimiento. Allí comenzó a darle vueltas a la idea de diseñar una herramienta que pudiera ser útil a los refugiados que iban llegando a España con cuentagotas.

“Recuerdo que hubo una ola de calor en Europa y a los refugiados los tenían hacinados en trenes, sin dejarles cruzar la frontera, sin ropa adecuada, sin agua suficiente… esa imagen me afectó mucho, inmediatamente pensé que había visto una imagen muy parecida en blanco y negro: judíos hacinados en trenes hacia los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial… Fue ahí cuando dije, qué rabia no poder hacer nada”, cuenta Cintia

Entonces el destino le hizo un guiño definitivo. En un viaje en BlaBlaCar de Madrid a Sevilla, coincidió con Ebbaba, una chica saharaui que le contó su historia, la historia de toda una vida lejos de los suyos.

Ebbaba nació en los campamentos de refugiados saharauis y con 5 años tuvo que abandonarlos por motivos de salud. Ebbaba es celíaca y por las condiciones alimentarias del desierto estaba condenada a morir. Sus padres decidieron que debía salir de allí para poder tener un futuro. Una ONG italiana le ofreció la posibilidad de viajar hasta Italia y crecer en una familia de acogida. Así es como Ebbaba llegó a Roma, donde permaneció 9 años.

“Sentí la necesidad de ayudar a los refugiados que llegan a España. Entonces me di cuenta de que yo sola no podía, pero quizá Telefónica sí”, explica Cintia

“Yo no decidí salir. Por nacer donde había nacido y por las condiciones en las que se vive allí me vi obligada a huir para poder salvarme y curarme. Había muchos momentos en los que pensaba en volver a los campamentos, pero gracias a la energía que me enviaban mis padres he luchado cada día por estar aquí; si no era por mí, tenía que hacerlo por ellos. Por su esfuerzo y generosidad para que yo saliera adelante”, explica Ebaba Hameida, graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

En un momento determinado se vio en la tesitura de tener que quedarse en Italia adoptando la nacionalidad transalpina o volver a Argelia. Sin embargo, Ebbaba nunca ha querido renunciar a sus raíces, y rechazó esa oportunidad. Volvió a los campamentos, pero con unas condiciones de vida tan extremas seguía siendo imposible crecer con la alimentación adecuada para su celiaquía. Finalmente vino a España, donde fue de nuevo acogida por una familia de Don Benito (Badajoz).

“Lo más difícil es cuando llegas y quieres ser una más, porque somos diferentes. Vienes de un mundo opuesto. Yo vengo del desierto, por ejemplo. Y no es nada fácil luchar contra tantas barreras, empezando por el idioma”, concluye Ebbaba.

“La historia de Ebbaba me conmovió”, cuenta Cintia. “Sentí la necesidad de ayudarla a ella y a tantos refugiados que llegan a España. Entonces me di cuenta de que yo sola no podía ayudarlos, pero quizá Telefónica sí”.

Una web hecha por y para los refugiados

“Se lo comenté a Rosalía O’Donnell, responsable del programa Talentum, donde yo era becaria -prosigue Cintia- y se dio cuenta de que no había ninguna página web que recogiera toda la información útil que un refugiado puede necesitar. Entonces Telefónica propuso: ‘¿qué tal si hacemos un portal que responda a esta necesidad?’ Se lo planteé a Ebbaba y así fue como comenzó a fraguarse OpenSpain”.

Cuando una persona llega a un país procedente de un entorno cultural distinto se encuentra muchas barreras, principalmente de información. Empezando por el propio idioma. “Yo creo que eso es lo que puede aportar OpenSpain: brindar esta información. Una información muy básica. Dónde puedes acudir para solucionar un problema de vivienda, cómo puedes alquilar una casa, cómo puedes ir a las ONG, cómo hacer una tarjeta sanitaria…”, cuenta Ebbaba. “Pensamos que toda esa información era útil que estuviera recogida en una página web, fácilmente accesible para los refugiados que llegan a España, y que además estuviera hecha en tres idiomas: árabe, español e inglés”.

Un lab multicultural

“En un primer momento propuse hacer un proyecto que involucrara a jóvenes refugiados, jóvenes talentos que vienen a nuestro país en busca de una oportunidad. Desde el área de Talentum entendieron que la mejor forma de hacer este proyecto era formando un lab, que es una célula de innovación compuesta por diferentes perfiles académicos que se complementan”, explica Cintia.

Así se conformó el lab OpenSpain, un equipo multidisciplinar compuesto por perfiles técnicos y otros procedentes del mundo de la comunicación y el diseño. Además, era importante que los participantes procedieran de distintos entornos culturales y que trabajaran codo a codo con jóvenes talentos españoles para generar una interacción no sólo profesional, sino también cultural. Así, finalmente se seleccionó un equipo compuesto por nueve jóvenes, de entre 23 y 29 años, procedentes de España, Siria, Sáhara, Irán, Irak, Albania y Venezuela.

El lab OpenSpain estuvo compuesto por jóvenes talentos de 9 nacionalidades que buscaban una oportunidad en nuestro país

“Trabajar con gente de distintas nacionalidades y culturas, cada uno con su experiencia vital, sólo puede aportar, y esa ha sido la clave de OpenSpain. Hacer algo para los refugiados partiendo de los propios refugiados”, resalta Ebbaba.

El proyecto se desarrolló durante seis meses en las instalaciones del Madrid International LAB y contó con el apoyo y asesoramiento de dos mentores técnicos, profesores de la Universidad Politécnica de Madrid. La iniciativa de Telefónica contó desde el primer momento, además, con el apoyo del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, de Accem, y de Red.es.

“Durante seis meses hemos cooperado en una iniciativa común, poniendo nuestro talento y conocimiento al servicio de una sociedad que queremos mejorar. Ha sido una gran oportunidad que nos ha permitido trabajar en un entorno multidisciplinar y multicultural, que, además de un beneficio profesional, ha tenido un gran aporte personal para todos los que hemos colaborado en el proyecto”, resume Cintia, que fue la mentora de marketing para apoyar y revisar tanto los contenidos como el diseño de la web.

Una experiencia de integración

Mahran llegó a España desde Siria hace 3 años. Allí trabajaba como ingeniero civil y estudiaba Informática. Tenía un buen trabajo, una casa, un coche… Pero comenzó la guerra y las prioridades cambiaron: “Pensé que nada esto tenía sentido si no podía conservar mi vida y la de mi familia”.

Así que se inscribió en un curso de verano y así consiguió llegar a España, para una vez aquí solicitar asilo. Sin conocer a nadie, sin hablar una palabra de español, llegó a Sevilla y ahí comenzó su nueva vida.

“Eres como un recién nacido. Tienes que empezar de cero. No tienes nada. Cuando llegué, sin idioma, sin amigos, sin dinero… me sentí como en una cárcel de la que no me podía mover. La única manera de salir de ella era quitar piedrecitas de las paredes de esta cárcel, quitar cada día una piedrecita para poder hacer una puerta para salir. Y eso es lo que he hecho en los últimos 3 años, con mucha paciencia. Pero varias veces estuve a punto de comprar un billete y volver a Siria, porque sentía que allí, a pesar de la guerra, iba a estar más tranquilo”, relata Mahran Fahmi, uno de los miles de refugiados sirios que han tenido que huir de la barbarie de una guerra que parece no tener final.

OpenSpain es una web hecha por y para los refugiados que ofrece información útil para las personas que acaban de llegar a España

Cuando le propusieron formar parte del lab de Talentum, Mahran sintió que toda esa paciencia comenzaba a dar sus frutos. Hasta ese momento había trabajado en puestos de baja cualificación, en los que la mayoría de las veces se había sentido explotado. Era su primera oportunidad laboral en España para desarrollar un trabajo relacionado con su preparación profesional.

Pero la experiencia no sólo iba a suponer un trampolín en su andadura profesional, iba a marcar un antes y un después en su nueva vida en nuestro país. “Al trabajar codo con codo con gente de diferentes nacionalidades y con jóvenes españoles comencé a mejorar rápidamente mi español. También he podido hacer amigos, he conocido mejor Madrid desde el punto de vista de los madrileños”. Tras su paso por el lab de Telefónica, Mahran ha encontrado trabajo como traductor, y sigue estudiando Informática. “Siento que ahora ya estoy viviendo mi vida en Madrid como cualquier otro español y vuelvo a ser feliz. Ahora me siento muy integrado“, cuenta en un notable castellano.

Para Cintia ese era otro de los objetivos de OpenSpain. Ayudar a estos jóvenes talentos a integrarse no sólo laboralmente, sino también socialmente. “Al haber integrantes de tantas nacionalidades, así como españoles, la experiencia de convivencia fue muy rica, aunque no era fácil a veces entenderse”. Sin embargo, en los seis meses que duró el lab hubo lugar para situaciones muy divertidas relacionadas con esa convivencia. Cintia recuerda cómo un día Mahran les llamó para avisarles de que al día siguiente “iba a llevar una comida `muy española´”. Había intentado hacer una tortilla de patatas, “pero cuando la sacó más que una tortilla era una deconstrucción de tortilla: ¡eran huevos revueltos con patatas!. Pero estaba muy rica”, comenta entre risas.

Tecnología al servicio de la integración

Desde que en 1837 al pintor Samuel Morse se le ocurriera la idea de poder transmitir mensajes a larga distancia de forma instantánea a través de impulsos eléctricos – lo que hoy conocemos como el telégrafo-, la tecnología no ha hecho otra cosa que acortar las distancias físicas y culturales entre los ciudadanos del mundo. En los últimos años hemos vivido una transformación global tan excepcional asociada a las innovaciones tecnológicas que se hace difícil pensar que pueda existir alguna frontera capaz de detener este flujo imparable de información.

En el caso de la integración, la tecnología puede y debe jugar un papel decisivo

En el caso de la integración, la tecnología puede y debe jugar un papel decisivo. Mahran señala, como ejemplos “el GPS, que facilita el movimiento y ayuda a las personas que llegan a un país a moverse; internet, que te brinda mucha información sobre el país al que llegas y las redes sociales, a través de las cuales puedes comenzar a establecer relaciones”.

Y más allá de las cuestiones prácticas, Ebbaba reflexiona sobre el potencial de la tecnología para cambiar el statu quo; “Debe ayudarnos a abrir los ojos, a darnos cuenta de qué es lo que está pasando fuera de nuestras fronteras, y también a dar una respuesta. Ya no vivimos aislados cada uno en un sitio, ahora es un mundo globalizado, y con las nuevas tecnologías tenemos acceso al minuto de lo que está pasando al otro lado del planeta. Ya no hay excusa para mirar hacia otro lado”.

“Yo creo que la evolución de la tecnología nos ha enseñado dos cosas: la primera es que nunca es suficiente, siempre podemos mejorar como personas y como sociedad, y la segunda es que la tecnología nos muestra que, si queremos, no hay fronteras”, concluye Cintia.