Deepfake en tiempo real: la tecnología que está redefiniendo el cine y el streaming

¿Puede la IA recortar semanas de postproducción? Esa pregunta ya se plantea en Hollywood y en otras industrias cinematográficas del mundo. Los llamados deepfake en tiempo real permite sustituir rostros y modificar escenas durante el rodaje. Así, muchas tareas que antes exigían largas horas de edición ahora pueden acelerarse de forma considerable.

A continuación, analizamos cómo funciona esta tecnología y qué impacto puede tener en el futuro audiovisual.

¿Cómo funcionan los deepfake?

Antes de analizar su impacto, conviene entender el origen del término. La palabra deepfake nace de la unión entre deep learning (aprendizaje profundo) y fake (falso). El aprendizaje profundo es una rama de la inteligencia artificial que utiliza redes neuronales capaces de aprender a partir de grandes cantidades de datos, como imágenes, vídeos o audios.

Gracias a este proceso, los sistemas identifican patrones y pueden reproducir expresiones faciales, movimientos e incluso la voz de una persona con gran precisión.

Para crear un deepfake, se utilizan modelos de IA diseñados para imitar rasgos humanos a partir de material recopilado previamente. El proceso suele dividirse en tres fases.

Primero, se recopilan imágenes, vídeos y audios de la persona objetivo. Después, el modelo se entrena para imitar gestos, iluminación, ángulos y tono de voz. Y por último, la IA integra el rostro o la voz en la escena original y ajusta elementos como la luz y el movimiento para lograr un resultado realista.

Usos del deepfake en el cine

Aunque los primeros deepfakes aparecieron en Reddit en 2017, su uso profesional no comenzó hasta 2019, cuando surgieron herramientas más avanzadas. Desde entonces, esta tecnología se ha aplicado en distintas áreas del cine.

Uno de los usos más conocidos es el rejuvenecimiento o envejecimiento digital de actores. Esta técnica permite mostrar diferentes etapas de un personaje sin recurrir a maquillaje complejo ni a otros intérpretes.

Una de las películas que popularizó esta técnica fue The Irishman (2019). En ella se rejuveneció digitalmente a Robert De Niro y a otros actores del reparto. El resultado fue tan realista que la película recibió una nominación al Óscar por sus efectos visuales. Además, ayudó a consolidar el uso del deepfake dentro del sector audiovisual.

Otra aplicación con gran potencial es la sincronización labial asistida. Muchos espectadores prefieren ver películas en versión original porque el doblaje suele generar una descoordinación entre labios y voz. La IA puede solucionar este problema. Gracias a esta tecnología, los movimientos de la boca se adaptan al idioma doblado. Así, el resultado es más natural y mejora la experiencia del espectador.

Dilemas éticos y laborales

Más allá de sus ventajas técnicas, el deepfake también plantea dudas sobre el futuro de muchos profesionales de la postproducción. En una superproducción de Hollywood pueden trabajar cientos de personas en tareas de edición y efectos visuales. La automatización mediante IA genera una más que razonable preocupación sobre el reemplazo de algunos puestos de trabajo humanos, aunque aun así, el factor humano siga siendo clave para supervisar y corregir los contenidos creados por estas herramientas.

Además, existe un importante dilema ético. Fuera del ámbito cinematográfico, el deepfake se utiliza en otros ámbitos para crear contenidos manipulados sin consentimiento. En algunos casos, incluso se emplea para producir material usado en estafas de internet, en los que se usa la tecnología para impersonar famosos o familiares para pedir dinero.

Esta situación ha abierto el debate sobre los límites y la regulación de estas herramientas. La misma tecnología que puede revolucionar el cine también puede convertirse en un instrumento peligroso si se utiliza de forma irresponsable.

Quizá la verdadera pregunta ya no sea si la IA puede reducir semanas de postproducción a unos segundos. La cuestión es qué impacto creativo, laboral y ético estamos dispuestos a asumir a cambio.

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