El verano de 2022 mató a más de 61.000 personas en Europa por el calor. España fue el segundo país más golpeado y parte del problema está en cómo están construidas las ciudades: el asfalto y el hormigón acumulan calor durante el día y lo liberan por la noche, creando lo que se conoce como isla de calor urbana. Las soluciones tradicionales como más árboles o pavimentos reflectantes funcionan, pero tardan años en implantarse o no siempre son viables en el espacio público.
Dos diseñadores suizos creen tener una alternativa: un ladrillo de terracota que enfría el aire de su entorno hasta 9 grados sin conectarse a la red eléctrica. Se llama bloc y ha dado la vuelta al mundo esta semana. La pregunta es si puede funcionar más allá del prototipo.
Qué es bloc
El proyecto es el trabajo de fin de grado de Andrin Stocker y Luc Schweizer, dos diseñadores industriales graduados en 2025 en la Zurich University of the Arts. El proyecto fue finalista del James Dyson Award en Suiza ese mismo año. No hay una empresa detrás ni financiación recibida: es un prototipo galardonado que sus creadores quieren probar en un entorno urbano real.
Cómo funciona
Cada ladrillo está fabricado en terracota porosa impresa en 3D y tiene por dentro dos cámaras: una almacena agua y la otra canaliza el flujo de aire. Un pequeño panel solar alimenta un ventilador y una bomba que hacen circular el aire caliente a través de la cerámica húmeda. Al pasar por ella, el agua se evapora y absorbe el calor del aire, que sale más frío al otro lado.

El principio físico no es nuevo: es el mismo que explica por qué el barro mantiene el agua fresca. Lo que Stocker y Schweizer han aportado es llevarlo a escala urbana en un formato modular y autónomo, sin cables ni conexión a la red. Los módulos son apilables y pueden formar muros bajos en paradas de autobús, plazas o patios escolares. Los espacios donde el calor se concentra más y donde plantar árboles no siempre es posible.
Para abastecerse de agua, el diseño en forma de embudo recoge lluvia directamente, aunque en plena ola de calor esa recogida no cubre el consumo total del sistema.
¿Es escalable?
Los creadores afirman haber medido una reducción de hasta 9 grados en el entorno inmediato del dispositivo, y los números cuadran: proyectos similares en India o Burkina Faso han registrado caídas parecidas. Pero conviene entender qué significa exactamente eso: bloc enfría el espacio que lo rodea, no una calle ni un barrio. Es una solución puntual para espacios concretos, no un sistema que pueda resolver el calor urbano a gran escala.
Hay además una limitación física importante: este tipo de refrigeración funciona peor cuando el aire ya está cargado de humedad. En climas secos como los del sur de España, norte de África u Oriente Medio el sistema rinde bien, pero en ciudades más húmedas de Europa central, donde los veranos son cada vez más calurosos, queda por ver cómo se comporta en condiciones reales. Los propios autores lo reconocen y apuntan que la ventilación activa solar ayuda a compensarlo, algo que los próximos prototipos tendrán que demostrar.
El agua plantea un tercer interrogante. En plena ola de calor una instalación de bloc consume alrededor de 56 litros diarios, más de lo que su sistema de recogida de lluvia puede suministrar. Y el problema es que las ciudades que más se calientan en verano son también las que menos agua tienen disponible en esas fechas, lo que hace que escalar el sistema en lugares como Madrid o Sevilla no sea tan sencillo como parece.

Lo que sí aporta
El aire acondicionado es hoy la respuesta más extendida al calor urbano, pero tiene un problema de fondo: expulsa calor al exterior, aumenta el consumo eléctrico en los momentos de mayor demanda y contribuye al mismo problema que intenta resolver. Además, hay espacios donde no se puede instalar como una parada de autobús o una plaza. Bloc funciona de forma opuesta y precisamente ahí es donde encaja. No calienta el entorno, no sobrecarga la red y opera de forma completamente autónoma, sin electricidad externa ni gases refrigerantes.
No pretende reemplazar otras soluciones como el arbolado urbano o los pavimentos reflectantes, sino ocupar el hueco que esas soluciones no pueden cubrir de forma inmediata.
Que sea todavía un prototipo no le quita valor. Stocker y Schweizer han demostrado que la idea funciona, y eso no es poco. El problema es que en tecnología energética el salto del laboratorio a la ciudad es donde la mayoría de proyectos se quedan atascados. Los costes se disparan, los materiales no se comportan igual a gran escala y la logística urbana complica cualquier despliegue. Pero a diferencia de otras soluciones que exigen infraestructura compleja o inversiones millonarias, Bloc parte de materiales simples, un principio físico probado y un formato que se adapta a cualquier espacio.








