Hablar de la muerte incomoda. La evitamos, la silenciamos, la tratamos como un enemigo al que vencer. Y sin embargo es la única certeza que compartimos todos. El Dr. Enric Benito, referente internacional en cuidados paliativos, propone en su nueva entrevista a Mejor Conectados, una iniciativa de Telefónica, justo lo contrario: dejar de combatirla para empezar a comprenderla. Solo así, sostiene, podemos transformar una despedida cargada de angustia en un momento de paz.
Benito empezó su carrera en oncología, pero a los 43 años una crisis existencial le devolvió a una promesa de la infancia. De niño había visto sufrir a su abuelo en sus últimos días y se juró que algún día cambiaría esa realidad. Esa promesa, latente durante décadas, terminó llevándole a los cuidados paliativos: una disciplina que, para él, no atiende enfermedades sino personas. No se trabaja con un paciente aislado, sino con todo su contexto, lo físico, lo emocional, lo social y lo espiritual. Su planteamiento invierte el paradigma médico tradicional: morir no es un fracaso, sino un proceso natural que, si sabemos comprenderlo, está sorprendentemente bien organizado.

Las tres fases del proceso de morir
Apoyándose en los estudios de la psicóloga Kathleen Dowling Singh, Benito describe tres etapas que atraviesan tanto las grandes crisis existenciales como el propio final de la vida.
La primera es el caos: la lucha, la negación, el enfado. Gastamos una energía enorme tratando de retener lo inevitable, y de ahí nace buena parte del sufrimiento. La segunda es la aceptación, el verdadero punto de inflexión. Aceptar, aclara el doctor, no significa que algo nos guste ni que renunciemos a nada; significa reconocer que «es lo que hay». Al dejar de resistirnos, toda esa energía psíquica que consumíamos en la batalla queda libre para algo mucho más valioso: estar presentes, cuidar y acompañar. La tercera es la trascendencia: superada la resistencia, la persona atraviesa esa versión limitada de la realidad y descubre lecciones de dignidad, coraje y amor que le permiten marcharse con serenidad y confianza.

Cómo acompañar desde el amor, no desde el miedo
El instinto nos empuja a retener a quien se va, a aferrarnos, a bloquear sin querer un proceso que es natural. Benito insiste en lo contrario con una imagen poderosa: la del alumbramiento. Igual que animamos a una madre a empujar para dar a luz una nueva vida, al final del camino debemos ayudar a la persona a soltar. En lugar de retenerla con nuestra angustia, darle permiso para irse. La instrucción para la familia es clara y sencilla: dile que le quieres, que lo ha hecho muy bien, que se puede ir, que estaréis bien. Quien se apaga necesita sentir que los suyos están conectados con el amor y no con el miedo para poder partir en paz.
Y no hacen falta palabras brillantes. A menudo nos bloqueamos buscando la frase perfecta, cuando lo esencial es mucho más simple. Parafraseando al maestro Thich Nhat Hanh, Benito recuerda que el mayor regalo que puedes dar a otro ser humano es tu presencia. No tienes que salvarle ni encontrar respuestas: solo ser y estar.
Al final del camino, dice, la vida nos hace una única pregunta: ¿has sido feliz? Y la respuesta no depende de los logros ni del poder acumulado, sino de haber vivido en coherencia con uno mismo y al servicio de los demás. Porque la vida, nos recuerda, se expande cuando la compartimos.
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