Japón ha puesto una cifra sobre la mesa: 10 millones de robots con inteligencia artificial funcionando en el país para 2040. La noticia llegó a finales de junio, con nombre propio, cifras de inversión y una lista de empresas dispuestas a respaldarla. Detrás del titular hay algo más concreto de lo que parece: una empresa nueva, respaldada por SoftBank, Sony, NEC y Honda entre otras, cuya única misión es construir la inteligencia que hará posible que esos robots trabajen en fábricas, hospitales, restaurantes o almacenes.
Noetra no es un plan, es una empresa
El nombre que ha popularizado la prensa, «Plan Noetra», mezcla dos anuncios distintos hechos el mismo día. Por un lado, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón (METI) presentó una versión revisada de su Estrategia de Robótica con IA, que fija el objetivo de los 10 millones de robots. Por otro, el propio ministerio seleccionó a una empresa, Noetra Corp., para desarrollar el modelo de inteligencia artificial que dará soporte a ese despliegue.
Noetra se fundó en enero de 2026 bajo otro nombre y pasó a llamarse así en junio, justo antes del anuncio oficial. Su proyecto técnico tiene también nombre propio, FRONTia, y persigue crear lo que en la industria se conoce como IA física: un modelo capaz de percibir su entorno a través de cámaras y sensores, y de actuar sobre él con precisión. Es una diferencia clave frente a la IA que usamos en un chat. Un modelo de lenguaje responde preguntas con texto; un modelo de IA física tiene que calcular en tiempo real cómo mover un brazo robótico sin tirar un objeto, o cómo esquivar un obstáculo mientras reparte un paquete.

Lo ambicioso del plan no está tanto en la cifra de robots como en el planteamiento técnico. En vez de que cada fabricante desarrolle su propia inteligencia de forma aislada, Japón quiere construir un único modelo base que pueda adaptarse a distintos tipos de robots y de tareas, desde una fábrica hasta un hospital. Es un salto respecto a cómo ha funcionado la robótica hasta ahora, y exige combinar cantidades enormes de datos, capacidad de cálculo y coordinación entre decenas de empresas que compiten entre sí en condiciones normales.
Fue el ministro Ryosei Akazawa quien anunció el objetivo el 30 de junio de 2026, con una precisión que conviene aclarar: no habla de robots humanoides recorriendo las calles, sino de robots con IA en 18 sectores distintos, desde la industria hasta la sanidad.
Una población que envejece y una mano de obra que desaparece
La razón de fondo no es tecnológica, es demográfica. Japón afronta un problema conocido desde hace años pero que ahora empieza a notarse con fuerza: cada vez hay menos personas en edad de trabajar. Según cálculos del Recruit Works Institute, el país podría enfrentarse a un déficit de unos 11 millones de trabajadores en 2040. Casi el 30% de la población japonesa supera ya los 65 años, la proporción más alta del mundo, y el número de personas en edad laboral lleva descendiendo desde mediados de los años noventa.
Japón ha optado tradicionalmente por políticas migratorias restrictivas, lo que deja pocas alternativas frente a ese vacío. La automatización se plantea entonces como una necesidad estructural: no se trata de sustituir trabajadores por gusto, sino de cubrir puestos que, de otro modo, quedarán vacíos.
Hay además una segunda motivación, menos visible pero igual de relevante. Japón no quiere depender de modelos de inteligencia artificial desarrollados en Estados Unidos o China para hacer funcionar su industria. La apuesta por un modelo propio, como el que desarrolla Noetra, responde también a esa idea de soberanía tecnológica: controlar la tecnología que mueve las fábricas y los robots del país, en lugar de depender de terceros.

Quién pone el dinero y quién está detrás
El Gobierno japonés financiará el proyecto con hasta 1 billón de yenes, unos 6.100 millones de dólares, repartidos en cinco años a través de NEDO, la agencia pública de desarrollo tecnológico. Para el primer año ya hay una partida confirmada de 387.300 millones de yenes. Conviene matizar algo importante: esa cifra total no está garantizada de antemano. La financiación se revisa cada año en función de los objetivos cumplidos, así que el billón de yenes es un techo máximo, no un compromiso cerrado.
En el lado empresarial, Noetra cuenta con el respaldo de SoftBank, Sony, NEC y Honda como principales accionistas, además de hasta 44 empresas y organizaciones inversoras. Entre ellas hay nombres muy conocidos en robótica industrial, como Fanuc, Kawasaki Heavy Industries o Mitsubishi Electric, y también los tres grandes bancos japoneses. Para entrenar el modelo, Noetra construirá junto a NVIDIA una infraestructura de cómputo con miles de procesadores gráficos, cuya operación está prevista para 2028.
Es una apuesta con muchos actores implicados, lo que da al proyecto una base industrial sólida. Pero también reparte responsabilidades entre decenas de empresas, algo que puede facilitar la coordinación o complicarla, dependiendo de cómo evolucione en los próximos años.
Dónde se van a ver estos robots
La estrategia de METI habla de 18 campos de aplicación, una lista mucho más amplia y menos vistosa que la imagen de robots paseando por la calle. Incluye sanidad y cuidado de personas mayores, fabricación industrial, mantenimiento de infraestructuras, respuesta ante desastres, logística y almacenamiento, agricultura, y también restauración y fabricación de alimentos, dos sectores que se sumaron a la lista en la última revisión. Hay incluso un uso muy concreto: el desmantelamiento de la central nuclear de Fukushima Daiichi, una tarea peligrosa para la que Japón lleva años desarrollando robots especializados.

Dentro de esos 18 sectores hay tanto brazos industriales y sistemas de reparto como máquinas más complejas para tareas de precisión. Honda, una de las empresas detrás de Noetra, dejó de desarrollar su famoso robot humanoide ASIMO en 2018. La apuesta japonesa se centra menos en fabricar cuerpos robóticos nuevos y más en dotar de inteligencia a los que ya existen y a los que vendrán, sea cual sea su forma.
Los primeros usos llegarán previsiblemente en fábricas y almacenes, donde la tecnología ya está más madura. El cuidado de personas y la restauración exigen mucha más precisión y seguridad, así que ahí el calendario es más incierto.
Una apuesta a largo plazo, con muchas incógnitas por resolver
Que Japón llegue exactamente a los 10 millones de robots en 2040 es difícil de garantizar. Varios expertos consultados por medios especializados dudan de que el ritmo de despliegue necesario sea realista. Algunos recuerdan otros proyectos nacionales japoneses de gran ambición que no cumplieron sus objetivos. La financiación ligada a revisiones anuales deja además la puerta abierta a que el plan se ajuste, o incluso se frene, según los resultados de los primeros años.
Pero la cifra concreta importa menos que la dirección de fondo. Japón lleva décadas siendo uno de los mayores fabricantes de robots industriales del mundo, y ahora intenta sumar a esa base la capa de inteligencia artificial que le faltaba. En lugar de depender de la de otros países. Sea cual sea el número final en 2040, esa combinación entre industria consolidada y ambición tecnológica es lo que va a definir cómo evoluciona la robótica japonesa en los próximos años.
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