Google convierte su buscador en un ejecutor de tareas

Hasta ahora, buscar en Google terminaba siempre igual: el buscador te daba una respuesta y tú decidías qué hacer con ella. Copiabas una lista, abrías otra pestaña, terminabas la tarea en otro sitio. Ese paso intermedio, el de salir de Google para actuar, empieza a desaparecer. Desde el 16 de julio de 2026, AI Mode, el modo de búsqueda conversacional de Google, no solo contesta preguntas: también ejecuta tareas dentro de aplicaciones de terceros. Pides ayuda para montar una barbacoa y, en lugar de recibir solo una lista de ingredientes, ves cómo esos productos se añaden directamente a tu carrito de Instacart, sin cambiar de pantalla. Es un cambio pequeño en apariencia, pero apunta a una forma distinta de entender lo que es un buscador.

De responder a hacer: qué son las apps conectadas

La novedad se llama «apps conectadas» y de momento funciona con tres servicios: Instacart para la compra de alimentación, Canva para diseño y YouTube Music para crear listas de reproducción. El despliegue arranca solo en Estados Unidos y en inglés, sin fecha anunciada para otros países.

El funcionamiento es sencillo de entender. El usuario enlaza su cuenta de Instacart o Canva una sola vez, desde los ajustes de su cuenta de Google. A partir de ahí, cuando pide algo relacionado en AI Mode, el buscador puede actuar dentro de esa app como parte de la respuesta. Si pides una lista de la compra para una receta, Google no se limita a escribirla: la convierte en un carrito real dentro de Instacart, listo para pagar. Si pides un diseño para un cartel, genera opciones que después editas en Canva. Si pides una playlist, la crea directamente en YouTube Music.

Detrás de esta función está Personal Intelligence, el sistema que Google introdujo a comienzos de 2026 para dar a sus respuestas contexto personal, tomado de servicios como Gmail, Fotos, Drive o Calendar. Las apps conectadas extienden esa misma lógica a herramientas externas.

No es magia, es un paso intermedio

Conviene aclarar qué no hace todavía esta función. AI Mode no paga por ti ni completa la compra en tu nombre. Prepara la tarea y te devuelve a la app del socio para que la termines: confirmas el carrito y pagas en Instacart, descargas el diseño en Canva, reproduces la playlist en YouTube Music. Google lo llama traspaso de tarea, y es un diseño deliberado: reduce el margen de error y deja la decisión final en manos del usuario.

Esta función no ha surgido de la nada. Google lleva más de un año construyendo, paso a paso, la idea de una búsqueda que actúa. En noviembre de 2025 probó llamadas automáticas a comercios locales para comprobar existencias. En abril de 2026 amplió la reserva de restaurantes a varios países y añadió seguimiento de precios de hoteles. En mayo, durante su conferencia I/O, presentó las primeras apps conectadas, entonces limitadas a servicios propios como Gmail y Fotos. Julio ha sido el turno de las aplicaciones externas.

El crecimiento de AI Mode explica por qué Google invierte en esta dirección. Según cifras de la propia compañía, la herramienta superó los mil millones de usuarios mensuales apenas un año después de su lanzamiento, con las consultas duplicándose cada trimestre. Cuantas más personas usan AI Mode para resolver dudas cotidianas, más sentido tiene que Google intente retenerlas también en el momento de actuar.

Google no es el único que quiere que la IA actúe por ti

La idea de una inteligencia artificial capaz de actuar, y no solo de responder, lleva más de un año ganando terreno entre los grandes de la tecnología. OpenAI fue pionera con Operator, un agente que navega por internet y completa compras o reservas por cuenta del usuario, integrado después directamente en ChatGPT. Anthropic ofrece Claude for Chrome, una extensión de navegador que puede rellenar formularios o gestionar el correo, aunque la propia compañía recomienda no usarla en webs bancarias, legales o médicas por prudencia.

Amazon ha ido más lejos con Rufus, su asistente de compras, y con una función llamada Buy for Me, que adquiere productos en tiendas externas en nombre del usuario. La compañía asegura que cientos de millones de clientes ya han usado Rufus, aunque Buy for Me generó polémica: varios comercios denunciaron que sus productos aparecían sin haber dado su consentimiento. Microsoft ha optado por un enfoque más conservador con Copilot Checkout, que completa pagos dentro de la propia conversación sin sustituir al comercio como vendedor. Perplexity, por su parte, apuesta por Comet, un navegador con un agente capaz de comparar precios y comprar, que ya ha chocado legalmente con Amazon por la forma en que accede a su plataforma.

Frente a todos ellos, la baza de Google no es la tecnología en sí, sino la distribución. Ninguno de sus competidores parte de mil millones de usuarios que ya utilizan su producto para buscar información todos los días. Mientras OpenAI, Anthropic o Perplexity necesitan convencer a la gente de adoptar una herramienta nueva, Google solo tiene que ampliar lo que ya hace el buscador que casi todo el mundo usa por defecto.

Los riesgos de delegar acciones reales

Dar a una inteligencia artificial la capacidad de actuar sobre datos y cuentas reales abre preguntas que no existían cuando solo respondía preguntas. La primera es la privacidad: enlazar una app implica dar a Google acceso a información y servicios externos, algo que hasta ahora quedaba fuera del buscador.

La segunda es la seguridad. Uno de los riesgos que más preocupa a los expertos es la inyección de instrucciones: instrucciones ocultas en una página web, invisibles para el usuario, que pueden engañar al agente y hacer que actúe de forma distinta a la esperada. Visa, a través de su equipo de análisis de fraude, documentó un aumento notable de menciones a agentes de IA en foros dedicados a actividades fraudulentas durante 2025, junto a un repunte de transacciones maliciosas iniciadas por bots.

La tercera es, simplemente, el error. Los agentes de IA no son infalibles. OpenAI tuvo que explicar un caso en el que su agente Operator compró huevos en Instacart durante una demostración pública, al interpretar mal una instrucción ambigua. La función Buy for Me de Amazon generó una polémica similar, con pedidos que llegaban a comercios que ni siquiera habían dado su visto bueno para participar.

El diseño elegido por Google, el del traspaso de tarea, funciona precisamente como respuesta a estos riesgos. Al dejar el pago o la confirmación final en manos del usuario, dentro de la app del socio, reduce el margen para que un error o una manipulación se traduzcan en una acción irreversible. Es una forma de avanzar hacia la automatización sin renunciar del todo al control humano en el último paso.

El buscador que empieza a actuar

Lo que está probando Google con las apps conectadas no es solo una función nueva, es un cambio en el papel del buscador. Durante más de dos décadas, buscar en Google significaba llegar hasta una respuesta y luego salir de ahí para hacer algo con ella. Ese salto, el que llevaba al usuario desde la búsqueda hasta la acción, es precisamente lo que empieza a difuminarse.

Para las empresas, esto plantea un reto distinto al de siempre. Durante años, aparecer bien en Google significaba ser visible y atractivo para una persona que decidía dónde hacer clic. Ahora empieza a importar también ser comprensible para un agente que actúa en su nombre: catálogos claros, datos bien estructurados, procesos sencillos de seguir. No es una sustitución inmediata, pero sí una dirección.

De momento, esta capacidad está limitada a Estados Unidos, a tres aplicaciones y a un puñado de tareas cotidianas. Su alcance real se verá en los próximos meses, según cuántas empresas se sumen y cuánta gente decida enlazar sus cuentas. Pero la lógica de fondo ya está marcada: la búsqueda deja de ser solo el punto de partida y empieza a ocupar también el lugar donde las cosas se resuelven.


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