Neuralink logra implantar electrodos sin cortar la protección del cerebro

Hasta ahora, implantar cualquier dispositivo en el cerebro exigía un paso obligado: abrir la duramadre, la membrana más resistente de las que protegen el cerebro, para poder acceder a él. Neuralink, la empresa de implantes cerebrales fundada por Elon Musk, acaba de anunciar que ha logrado saltarse ese paso. Por primera vez, sus hilos de electrodos han atravesado la duramadre sin necesidad de cortarla, algo que puede hacer que las cirugías cerebrales sean más simples, más seguras y más rápidas de lo que son hoy.

Qué es la duramadre y por qué había que cortarla

El cerebro no está protegido solo por el cráneo. Debajo del hueso hay tres membranas llamadas meninges, y la más externa y resistente de todas es la duramadre. Su nombre ya lo dice: es una capa dura, fibrosa, parecida al cuero, que envuelve el cerebro y contiene el líquido cefalorraquídeo que lo amortigua ante golpes y movimientos bruscos.

Precisamente por ser tan resistente, la duramadre siempre ha sido un obstáculo para la cirugía cerebral. Para colocar cualquier implante en la corteza, el cirujano tenía que cortarla o retirar un trozo, una maniobra conocida como durectomía. En el caso de Neuralink, esto suponía abrir una ventana del tamaño aproximado de una moneda para dejar el cerebro accesible.

El problema es que ese paso es uno de los más delicados de toda la operación. Al abrir la duramadre, el cerebro queda expuesto, lo que aumenta el riesgo de infección y de que se filtre líquido cefalorraquídeo. Además, es un trabajo manual de mucha precisión, porque el cerebro se mueve constantemente con cada latido y cada respiración, y los vasos sanguíneos que hay debajo no son visibles a simple vista. Cuanto más tiempo pasa el cerebro expuesto, mayores son los riesgos para el paciente.

Atravesar la duramadre sin cortarla planteaba dos problemas distintos, y Neuralink ha tenido que resolver ambos para lograrlo.

El primero era puramente físico: cómo perforar una membrana tan resistente con hilos de electrodos más finos que un cabello humano. La duramadre puede ser diez veces más gruesa que estos hilos, así que las agujas que Neuralink usaba hasta ahora no podían atravesarla de forma fiable. La solución fue rediseñar la aguja de inserción y hacerla ligeramente más gruesa, lo suficiente para perforar la membrana sin doblarse ni romperse. Antes de probarlo en humanos, el equipo construyó una duramadre sintética que imitaba el grosor y la resistencia real, y realizó cientos de pruebas de punción sobre ella.

El segundo problema era de visibilidad. Si la duramadre se mantiene intacta, ni el cirujano ni el robot pueden ver directamente lo que hay debajo, y eso incluye los vasos sanguíneos que hay que evitar a toda costa. Para solucionarlo, Neuralink combinó dos tecnologías de imagen. Por un lado, inyecta un tinte fluorescente en la sangre del paciente que hace que los vasos sanguíneos se iluminen bajo la duramadre, de modo que el sistema puede trazar una ruta que los esquive. Por otro, utiliza un láser que mide con mucha precisión la distancia entre la duramadre y la corteza cerebral, incluso mientras el cerebro se mueve con cada latido.

Todo este proceso lo dirige el robot quirúrgico de Neuralink, que calcula la ruta de cada hilo y realiza la inserción de forma automatizada. Según la propia empresa, cada hilo tarda en insertarse poco más de un segundo, aunque este dato procede solo de sus propias comunicaciones y todavía no ha sido verificado de forma independiente.

Por qué importa: menos riesgo, cirugías más rápidas

Eliminar la durectomía no es solo un detalle técnico, cambia buena parte de lo que implica esta cirugía. Dentro de Neuralink resumen la idea con una frase sencilla: el mejor paso es el que no hay que dar. Y quitar uno de los pasos manuales más delicados del procedimiento tiene consecuencias muy concretas para el paciente.

La primera es la seguridad. Al no dejar el cerebro expuesto, se reduce el riesgo de infección y de que se filtre líquido cefalorraquídeo, dos de las complicaciones más comunes en este tipo de cirugías. La segunda es la recuperación. En intervenciones anteriores de Neuralink en Canadá, los pacientes ya recibían el alta al día siguiente, y conservar la duramadre intacta podría acortar aún más ese plazo. La tercera es el tiempo de la propia operación, que según algunas estimaciones del sector podría pasar de varias horas a menos de una.

Pero quizás lo más relevante a medio plazo es lo que este cambio significa para el futuro del procedimiento. Al eliminar un paso manual que dependía en gran medida de la pericia de cada cirujano, la cirugía se vuelve más fácil de estandarizar y de automatizar. Esto es clave para una empresa que aspira a escalar sus implantes a muchos más pacientes de los que tiene hoy, algo que sería mucho más difícil si cada operación siguiera dependiendo de una durectomía manual.

Un implante que sigue en fase experimental

Conviene situar este avance en su contexto real. El anuncio se ha hecho a través de un vídeo y un hilo en redes sociales de la propia Neuralink, no mediante un estudio científico revisado por otros expertos, así que los datos sobre su éxito proceden únicamente de la compañía. Los implantes de Neuralink siguen siendo dispositivos experimentales, sin aprobación de las agencias reguladoras, y no se sabe todavía cómo responderá el tejido cerebral a largo plazo a este tipo de punciones repetidas.

Por ahora, la cifra de pacientes con el implante N1 en el mundo ronda la treintena, repartidos entre Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos. La mayoría son personas con parálisis que usan el dispositivo para controlar ordenadores, cursores o dispositivos externos con el pensamiento, y la empresa asegura no haber registrado hasta ahora ningún evento adverso grave relacionado con el implante.

Neuralink tampoco es la única compañía que investiga en este campo. Synchron ha optado por un enfoque distinto, introduciendo su dispositivo a través de un vaso sanguíneo sin necesidad de abrir el cráneo. Precision Neuroscience trabaja con un film ultrafino que se apoya sobre la superficie del cerebro sin penetrarlo. Y en China, un sistema llamado NEO ya ha sido aprobado para su comercialización, con electrodos que se colocan sobre la duramadre en lugar de atravesarla. Cada compañía asume un grado distinto de invasión a cambio de una calidad de señal diferente, y el avance de Neuralink se sitúa en un punto intermedio entre todos ellos.

Hacia una cirugía cerebral menos invasiva

Lo que muestra este avance es una tendencia más amplia dentro de las interfaces cerebro-computadora: hacer que cada vez sea necesario tocar menos el cerebro para conectarlo a una máquina. No se trata de un salto definitivo ni de un problema resuelto, sino de un paso que reduce uno de los riesgos más delicados de este tipo de cirugías.

Si estos resultados se confirman con más pacientes y más tiempo de seguimiento, la implantación de dispositivos cerebrales podría dejar de ser una intervención reservada a unos pocos centros muy especializados y convertirse en un procedimiento más estandarizado. Todavía queda camino por recorrer para saberlo con certeza, pero la dirección apunta hacia cirugías cada vez más precisas y menos invasivas.


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