Claude rompe la criptografía: un fallo en las matemáticas

Cada vez que abres tu banco online o envías un mensaje, confías en unas matemáticas tan complejas que a un ordenador convencional le llevaría milenios descifrarlas. Hasta ahora, buscar debilidades en esas fórmulas era un trabajo puramente humano, lento y artesanal. Pero Anthropic acaba de cruzar una línea que no habíamos visto: su IA no ha encontrado un simple fallo de programación al teclear, sino que ha descubierto grietas en la propia arquitectura matemática de los algoritmos de cifrado.

No es un error de código, es un fallo en la fórmula

Para entender la magnitud de este hito, hay que separar dos conceptos. Históricamente, cuando usábamos herramientas automatizadas para revisar la seguridad de un sistema, lo que hacíamos era buscar bugs. Es decir, rastreábamos errores humanos: una variable mal definida, un punto y coma olvidado o una puerta trasera accidental en el código.

Lo que ha conseguido Anthropic juega en una liga completamente distinta. Ya sabíamos que la versión preliminar de su modelo, Claude Mythos Preview, lanzada en abril de 2026, poseía unas capacidades en ciberseguridad tan potentes que la empresa decidió no hacerla pública de forma general. Ahora, este sistema ha demostrado que no se limita a auditar líneas de código, sino que es capaz de analizar y quebrar las matemáticas puras que lo sustentan.

Piénsalo de esta manera. Encontrar un error de programación es como descubrir que alguien dejó la puerta de la caja fuerte mal cerrada por descuido. Lo que acaba de hacer Claude es pedir los planos originales de esa caja fuerte, estudiarlos por su cuenta y demostrarte que la cerradura tiene un defecto geométrico de fábrica que reduce su resistencia a la mitad, un fallo que ni los matemáticos de élite que la diseñaron habían visto. Ha debilitado la teoría, no roto la práctica.

Ver a un modelo dar este salto cualitativo asombra, pero también explica por qué la industria de la ciberseguridad tiene que empezar a rediseñar sus defensas asumiendo que las máquinas ya pueden pensar fuera de la caja.

HAWK y el escudo post-cuántico perforado a la mitad

Hablemos primero del gran golpe. HAWK no es un algoritmo cualquiera, es un esquema de firma digital diseñado específicamente para resistir los ataques de los futuros ordenadores cuánticos. El NIST (el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de EE. UU.) llevaba dos años revisándolo del derecho y del revés con sus mejores expertos. Sobre el papel, parecía robusto.

Pero Claude Mythos Preview necesitó apenas 60 horas de trabajo autónomo y unos 100.000 dólares en poder de computación para desmontar esa falsa sensación de seguridad. Un investigador humano supervisó el proceso dándole dirección de proyecto, aunque sin ser especialista en criptografía de retículos, así que el mérito técnico fue de la IA pero el trabajo no fue cien por cien ‘sin supervisión’.

Lo que hizo la IA fue encontrar una simetría matemática oculta, un patrón geométrico invisible para el ojo humano que reduce la seguridad de HAWK exactamente a la mitad. No usó la fuerza bruta para adivinar una contraseña a lo bestia. Simplemente miró las ecuaciones desde un ángulo que a ningún matemático se le había ocurrido y encontró un atajo.

El «puente de Möbius» y el ataque al estándar mundial (AES)

El segundo objetivo fue AES, el estándar de cifrado simétrico que protege casi todo lo que hacemos en internet. Antes de que cunda el pánico, quiero dejar algo muy claro: tu cuenta bancaria sigue a salvo. Claude no ha roto el AES-128 que usamos a diario en producción (el cual utiliza 10 rondas de cifrado). Lo que atacó fue una versión reducida de 7 rondas, una variante que los académicos usan como campo de pruebas para la investigación.

El hito aquí es cómo lo consiguió. Para quebrar esta versión, la IA no se basó en métodos conocidos por la criptografía tradicional. Inventó por su cuenta una técnica completamente nueva a la que bautizó como «Möbius Bridge» (Puente de Möbius). Al aplicar este concepto, logró que el ataque fuera entre 200 y 800 veces más rápido que el mejor intento humano registrado hasta la fecha.

Curiosamente, el propio modelo se negó al principio a intentar mejorar el ataque, alegando que no era posible. Hicieron falta varios mensajes de un investigador insistiendo durante días para que Claude retomara el problema y acabara generando mil millones de tokens de salida hasta dar con la técnica. Ver a una máquina diseñar y bautizar su propio método matemático demuestra que la manera en la que analizamos la seguridad del software acaba de cambiar.

La nueva mesa de dibujo de la criptografía

No estamos ante un apocalipsis de ciberseguridad inminente. Los sistemas que protegen tus mensajes y tu dinero hoy siguen aguantando el tipo sin problemas. El verdadero cambio de paradigma es lo que ocurrirá a partir de mañana.

Si un modelo de inteligencia artificial es capaz de encontrar grietas en algoritmos que han sido revisados exhaustivamente durante años por la élite matemática mundial, es cuestión de tiempo que los atacantes empiecen a usar estas mismas herramientas para buscar atajos. La criptografía siempre ha sido el clásico juego del gato y el ratón, con la diferencia de que ahora el bando ofensivo tiene un motor de razonamiento sintético a su disposición.

Sinceramente, diseñar la seguridad digital del futuro basándonos exclusivamente en el cerebro humano ya no parece una opción viable. A partir de ahora, la única forma de blindar verdaderamente nuestras redes será poner a otras máquinas a auditar las fórmulas antes de que salgan a la luz.


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