Consiguen ejecutar el cerebro de una mosca en un ordenador

Un equipo de investigadores ha conseguido reconstruir y ejecutar en un ordenador el sistema nervioso central completo de una mosca de la fruta adulta. El proyecto, bautizado como MaleCNS v1.0 y publicado en la revista Cell, es una réplica biofísica exacta de 166.700 neuronas y unos 125 millones de conexiones sinápticas.

Trasladar la anatomía de un insecto vivo al código ha permitido comprobar cómo los impulsos eléctricos recorren sus circuitos en tiempo real. La publicación abierta de estos datos ha llevado a la comunidad de programadores a conectar este cerebro virtual a entornos para los que la evolución nunca lo diseñó: desde pruebas biológicas de laboratorio hasta videojuegos clásicos y mercados de criptomonedas.

Un mapa que conecta el cerebro con las patas

El avance reciente supera el trabajo completado dos años antes por el consorcio FlyWire, que había catalogado cerca de 140.000 neuronas del encéfalo femenino. La diferencia de MaleCNS v1.0 radica en su alcance anatómico. El nuevo modelo incorpora el cordón nervioso ventral de un espécimen macho, una estructura equivalente a la médula espinal en los vertebrados.

Al incluir esta vía, los científicos pueden seguir el recorrido completo de una señal bioeléctrica. El mapa traza el camino ininterrumpido desde los receptores sensoriales de ojos y antenas hasta los centros de procesamiento superior y las motoneuronas que mueven alas y patas. Disponer de este cableado integral transforma un diagrama anatómico estático en un sistema dinámico capaz de interactuar con el entorno.

De láminas de 40 nanómetros a billones de vóxeles

Para obtener este mapa fue necesario cortar el encéfalo del insecto en láminas de 40 nanómetros de espesor con una cuchilla de diamante. Cada sección se escaneó mediante microscopía electrónica de transmisión seriada, produciendo más de 21 millones de imágenes que superaron los 40 billones de vóxeles de información.

Analizar ese volumen a mano habría requerido el trabajo continuo de cientos de investigadores durante décadas. Para resolverlo, Google Research y el campus Janelia desarrollaron algoritmos llamados redes de inundación, capaces de seguir las ramas celulares a través del tejido escaneado. Posteriormente, una plataforma abierta de ciencia ciudadana permitió a miles de voluntarios revisar los cortes dudosos, reduciendo el esfuerzo a 33 años de trabajo efectivo.

Un cuerpo virtual con 87 articulaciones

Convertir un mapa anatómico en un organismo funcional exige simular física real. Los investigadores emplearon formalismos biofísicos de integración y disparo con fugas, conocidos como modelos LIF. A diferencia de las redes artificiales, donde los pesos se ajustan mediante optimización estadística, aquí la fuerza de cada enlace equivale al recuento exacto de sinapsis detectadas bajo el microscopio.

Para evitar que el circuito opere en el vacío, plataformas como NeuroMechFly y el motor MuJoCo le proporcionaron un cuerpo digital. La simulación incorpora la geometría del exoesqueleto con 87 articulaciones dotadas de inercia y fricción. En este bucle cerrado, los estímulos del entorno excitan los sensores virtuales, la señal recorre el sistema y las motoneuronas envían órdenes de movimiento cada 15 milisegundos.

La prueba del azúcar: mover la boca sin tener cuerpo

Antes de probar tareas complejas, el modelo debía demostrar que su cableado reproduce la fisiología real. Investigadores de la Universidad de California en Berkeley aplicaron corrientes eléctricas simuladas a neuronas receptoras del gusto sensibles al azúcar, situadas en la boca del insecto digital.

La respuesta del software fue inmediata. El estímulo activó una cadena de interneuronas en la zona subesofágica que desembocaron en cuatro motoneuronas específicas. Estas células controlan la extensión muscular de la probóscide necesaria para comer. El comportamiento predicho por el ordenador coincidió exactamente con observaciones realizadas en moscas vivas. Un ensayo similar confirmó que estimular las antenas activa el circuito reflejo de acicalamiento de las patas delanteras.

Imagen de Doom recreado con GameNGen

Siete mil partidas a Doom sin aprender a disparar

Tras validar las respuestas biológicas, varios programadores comenzaron a probar retos ajenos a la naturaleza. El ingeniero Alex Wormuth conectó el conectoma MaleCNS al videojuego Doom, convirtiendo cada fotograma en patrones de activación repartidos entre más de 4.000 fotorreceptores virtuales. La actividad resultante viajaba por millones de sinapsis hasta motoneuronas que gobernaban el avance, el giro y los disparos.

Para forzar el aprendizaje, Wormuth diseñó un circuito de castigo artificial: recibir daño en la partida activaba dos neuronas dopaminérgicas ligadas a señales aversivas. Tras más de 7.500 partidas, la mosca virtual no desarrolló ninguna táctica útil. El sistema se limitó a movimientos caóticos y disparos al aire, confirmando que una red biológica carece de mecanismos innatos para interpretar mapas tridimensionales diseñados para ojos humanos.

El reflejo de la mosca contra el cristal en Mario 64

Un experimento similar fue planteado por la desarrolladora Jessica Paquette con el proyecto Fly64 en Super Mario 64. En lugar de una pantalla tradicional, Paquette rodeó al avatar con seis cámaras virtuales de baja resolución para cubrir 270 grados de campo visual, emulando los ojos compuestos del insecto.

La traducción de órdenes fue puramente analítica: una neurona descendente marcaba el avance, dos gobernaban los giros y dos activaban el salto. El sistema funcionó a lazo abierto, sin recompensas ni metas. El personaje avanzó de manera continua hasta chocar de frente contra los muros del escenario, repitiendo la colisión de forma sistemática. La escena recordó de inmediato al comportamiento de las moscas reales cuando golpean insistentemente el cristal de una ventana.

Gráficos de Bitcoin y el fracaso frente a las hojas de cálculo

La prueba más alejada de la biología llegó con Stonkfly, un ensayo donde la red neuronal operó en el mercado de Bitcoin mediante gráficos de cotización. Cada medio segundo, el modelo decidía comprar, vender o esperar. Las ganancias activaban neuronas de recompensa gustativa y las pérdidas estimulaban células de aversión. Como era de esperar, el sistema fue incapaz de anticipar tendencias financieras.

Un estudio paralelo evaluó el conectoma clasificando alertas de ciberseguridad. El cerebro del insecto rindió por debajo de un modelo de control donde las conexiones se habían desordenado al azar. Finalmente, una sencilla regresión logística superó a ambas redes neuronales en fracciones de segundo con un gasto de cálculo casi nulo. El diseño neuronal de la mosca responde a la coordinación motora en su entorno natural, no a tareas de clasificación para las que resulta ineficiente.

Un límite de la computación biológica

La emulación del sistema nervioso de la mosca demuestra que la estructura física de un cerebro contiene información suficiente para generar movimiento coordinado y respuestas reflejas, pero también define los límites de la computación biológica. Las redes neuronales moldeadas por la evolución son herramientas altamente especializadas para interactuar con la física del mundo real.

No funcionan como procesadores de propósito general capaces de competir con los algoritmos estadísticos en tareas abstractas. La utilidad de este mapa no reside en ver a un insecto perder partidas en un videojuego, sino en disponer de un modelo celular completo para estudiar enfermedades neurodegenerativas y aprender a diseñar robots con un consumo energético mucho más reducido.


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