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¿Eres amigo de Dorothy?

Quizás la primera contraseña segura del siglo XX: “Friend of Dorothy?”, 18 caracteres con mayúsculas, minúsculas y algún carácter especial, te abría las puertas de clubs nocturnos de ambiente, fiestas clandestinas o lugares seguros para las personas LGTBI+, de costa a costa en EEUU.

La persecución, la homofobia, la inseguridad o la violencia que reciben las personas LGTBI+ agudizan el ingenio de cualquiera, hasta el punto de querer proteger sus espacios seguros, como si de un data center estuviéramos hablando.

Autentificación correcta, adelante

«Los Amigos de Dorothy» era la contraseña perfecta para identificarte y entrar en estos lugares seguros para las personas LGTBI+ en los años 60. Una referencia a Dorothy Gale, el personaje principal de la película El Mago de Oz, interpretada por Judy Garland y donde con su canción Somewhere over the rainbow prometía el lugar soñado «donde los problemas se derriten como caramelos de limón».

Aunque, por desgracia y al igual que en el mundo esmeralda del país de OZ, una Bruja era capaz de romper la paz de sus habitantes. Los espacios seguros para las personas LGTBI+ eran constantemente asaltados por la policía, que rompían la seguridad de estos espacios escalando a ROOT como cualquier hacker que encuentra otro exploit más en ese protocolo de seguridad precario y obsoleto, que sólo los más desfavorecidos se ven obligados a usar, por el simple hecho de ser considerados personas de segunda.

En este caso, eran constantes las palizas, las burlas y la cárcel para las personas LGTBI+, amparadas en injustas leyes que prohibían la homosexualidad y el travestismo. El acoso a estos espacios era también común. El ataque por fuerza bruta de la época no consistía en algoritmos que probaban diccionarios de contraseñas con infinitas posibilidades, sino que en este caso, la fuerza bruta era más literal.

Las personas más normativas o con dinero, podían salvar los muebles y escapar de las redadas porque disponían de una VPN Segura de pago (aunque no siempre les funcionaba). Pero las mujeres trans, las drag queens, las personas queer, las trabajadoras sexuales, las personas sin techo o aquellas que llevaran una expresión de género diferente, tenían que navegar con Internet Explorer 6, y no se libraban de las palizas y las noches en el calabozo.

Y así, cada fin de semana, todo se repetía con absoluta normalidad. Las personas LGTBI+ se volvían a reunir en sus locales y la policía los seguía acosando con total impunidad, hasta ese fin de semana del 28 de junio 1969.

El ataque por fuerza bruta nunca es una buena idea

Judy Garland murió el 22 de junio y su funeral había sido el día antes, el 27 de junio. Todas las amigas de Dorothy sufrían por su pérdida, el lugar más allá del arcoíris se tornaba tan gris como las granjas de Kansas. La policía decidió no dar tregua esa noche y, como cualquier fin de semana, decidieron hacer una redada en el Stonwal INN, un bar abiertamente LGTBI+ en el barrio de Greenwich Village de Nueva York. Pero esta vez el exploit se volvió contra la policía. El cerebro de esas personas hizo un “clic” como la voz del antivirus diciendo, “La base de datos de virus, ha sido actualizada”.

Cuando entraron con su habitual violencia, no se encontraron a las típicas personas normativas intentando huir y a las personas trans agachando la cabeza. Se encontraron con Marsha P. Jhonson (mujer negra trans) y Sylvia Rivera (mujer trans de padres migrantes puertorriqueños), que a la cabeza del resto de personas que estaban en el Stonewall INN, dijeron “¡BASTA YA!”.

Y es que las amigas de Dorothy estaban cansadas de aguantar palizas y vejaciones simplemente por ser, por existir. Poseídas por el espíritu de Allan Turing luchando contra las máquinas Enigma del ejercito Nazi, cambiaron sus viejos Windows 95, a equipos de última generación con Sistemas Operativos basados en Linux. Abrieron sus terminales de consola y comenzaron a devolver el ataque por el mismo puerto que se habían dejado abierto sus atacantes.

Armadas con pelucas, tacones, escobas, botellas o lo que pillaron, se encararon a la policía, que abrumados por este hecho no supieron reaccionar. El resto de los locales y fiestas clandestinas del barrio se hicieron eco de lo que estaba pasando en el Stonewall INN y lejos de huir, se unieron a defender a sus compañeras llegando a acorralar a la policía.

En esa época, la policía de la zona extorsionaba a los bares y locales para evadir las redadas, así que en general no eran muy populares y todo el barrio se unión contra ellos. En especial todas las minorías más desfavorecidas del colectivo. Por cada esquina por la que intentaban huir, se encontraban con otro grupo que los increpaba y los amenazaba. Durante toda la madrugada, todas las personas del colectivo que habían sido víctimas plantaron cara a sus verdugos, a sus abusadores con un mensaje claro. “Aquí estamos y no nos vamos a quedar calladas”.

Cuando pedir refuerzos no es la solución

El comisario jefe de policía de Nueva York, mandó furgones antidisturbios, para dispersar a la multitud, pero lejos de dispersarla, los grupos de travestis y de mujeres trans, se dedicaron a bailar delante de ellos como un cancán del Oeste, cantándoles canciones con letras divertidas y consignas de libertad. Transformando la violencia en festividad y en orgullo de ser.

Los antidisturbios cargaron contra estas personas, desarmadas con una violencia desmedida, lo que fue otro gran detonante. La gente no entendió ese ataque desmedido de fuerza y se cuadraron en contra de la policía. Los disturbios duraron días. Mientras las mañanas eran tranquilas, al llegar la noche el Stonewall INN se llenaba de gente que colapsaba no solo el bar, sino todas las calles aledañas.

Las personas LGTBI+ dejaban de estar encerradas en sus espacios seguros para tomar las calles. Se besaban en frente de la policía, se vestían acorde a su género, expresaban su sexualidad con total libertad en mitad de la calle, bajo un mismo sentimiento: «estoy orgulloso de ser quien soy«.

Encontrando el final del arcoíris

Toda esa energía, todo ese orgullo, toda esa liberación impregnaría la fecha del 28 de junio, convirtiéndolo en el día internacional del Orgullo LGTBI+, y por eso celebramos en torno a estas fechas las manifestaciones del Orgullo LGTBI+, para recordar que gracias a dos mujeres trans racializadas, que plantaron cara a leyes injustas, pudimos salir de los armarios y hacernos visibles al mundo. Por eso, las manifestaciones son coloridas, diversas y festivas. Para reivindicar que SOMOS, que EXISTIMOS y que nadie se tiene que quedar atrás.

El espíritu de Stonewall se ha ido extendiendo como la pólvora. Siempre buscando canales alternativos de difusión. Revistas temáticas, reuniones en pequeñas librerías, fanzines, disquetes que corrían de mano en mano, CD-roms, e Internet. Gracias a todas las nuevas tecnologías, este espíritu puede llegar hasta los 69 países, donde ser LGTBI+ está aún penado. Dando luz y esperanza para que algún día puedan salir a la calle y hacerse tan visibles como lo hicieron Sylvia Rivera y Marsha P. Jhonson el 28 de junio 1969 en el Stonewall INN.

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