Células artificiales

Estas células artificiales ha pasado el test de Turing a su nivel

Las células artificiales desarrolladas por un equipo de la Universidad de Trento se han logrado comunicar con bacterias haciéndolas creer que eran reales.

Cuando Turing inventó su test después de la Segunda Guerra Mundial, donde contribuyó a descifrar el código Enigma, y de haber diseñado una computadora primigenia. El célebre matemático tenía una gran experiencia con sistemas automáticos a sus espaldas. Y diseñó el test casi como un juego. Lo que intentaba aclarar esta prueba era cuándo una máquina podría tener inteligencia. Para que así fuera una persona no podría distinguir sus actos de los de un ser humano real.

Así quedó diseñado el test de Turing y así ha pervivido hasta ahora. De hecho se llevan a cabo competiciones periódicas, donde se someten a la prueba algoritmos de inteligencia artificial. Hay quien dice que habría que actualizar el diseño, pues pasar el test se ha convertido en un reto tal que los creadores de software que se presentan al concurso desarrollan pensando específicamente en la competición.

En cualquier caso, la frontera filosófica sigue ahí. Si un robot es capaz de hacer creer a un ser humano que está tratando con una persona, algo se quiebra: la máquina supera a los humanos, lo que lleva a grandes posibilidades, pero también despierta un temor recóndito.

Por el momento el test de Turing en su concepto más estricto sigue imbatible. Pero tal vez a otros niveles sea más fácil engañar a los organismos vivos. Es lo que ha conseguido un equipo de científicos de la Universidad de Trento, en el norte de Italia. Han creado células artificiales capaces de comunicarse con bacterias y hacerlas creer que eran reales.

Células artificiales

Los investigadores crearon unas estructuras a imitación de las células, con instrucciones de ADN que podían usarse para construir RNA, que en respuestas a estímulos exteriores podrían producir proteínas específicas , solo en presencia de una molécula de ciertas bacterias.

Cuando se situó a estas células artificiales cerca de algunas bacterias su reacción fue producir las proteínas. Cuando comprobaron que esto funcionaba, los científicos fueron más allá. Les dieron la habilidad de producir la molécula que las bacterias segregan. Así ambas partes lograron comunicarse entre sí.

Los científicos creen que las células artificiales podrían servir en el futuro para interferir en infecciones causadas por bacterias. Podrían llegar a ser un método para frenar enfermedades.

Imágenes: Daniel Kulinski, II

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