Hace unas semanas contábamos cómo Estados Unidos apagó Fable 5 y Mythos 5 apenas dos días después de su lanzamiento, justo cuando Europa acababa de conseguir acceso a través de Project Glasswing. El 1 de julio, dieciocho días después, ambos modelos han vuelto a estar operativos. Pero el modo en que han vuelto dice tanto como el propio apagón sobre quién decide las reglas de esta tecnología.
Dieciocho días de parón
La orden de suspensión llegó el 12 de junio, alegando motivos de seguridad nacional que el Gobierno estadounidense nunca detalló del todo. Días después se supo que el detonante fue un hallazgo de investigadores de Amazon: encontraron una forma de saltarse los filtros de Fable 5 y conseguir que el modelo identificara vulnerabilidades de software y generara código capaz de explotarlas, la misma capacidad de doble filo que ya habíamos visto con Mythos y su hallazgo de más de 270 fallos en Firefox.
El 26 de junio el Gobierno dio luz verde para restaurar Mythos 5 a un grupo limitado de organizaciones. Cuatro días más tarde, el 30 de junio, Anthropic anunció que el Departamento de Comercio había levantado también las restricciones sobre Fable 5. El acceso global se hizo efectivo el 1 de julio, aunque de forma escalonada. Durante la primera semana, hasta el 7 de julio, quienes tienen un plan Pro, Max, Team o algunos Enterprise pueden usar Fable 5 con cargo a su límite de uso semanal habitual, el mismo que ya consumen con el resto de modelos, hasta un máximo del 50% de ese cupo. Pasada esa fecha, cualquier uso adicional de Fable 5 dejará de contar dentro de la suscripción y pasará a descontarse de un sistema de créditos aparte, de pago. En la práctica, es una vuelta progresiva: primero se prueba dentro de lo que ya se paga, después se factura aparte.

El parche que permitió la vuelta
Para entender por qué ha vuelto a abrirse el acceso, hay que tener clara la diferencia entre los dos modelos. Fable 5 es la versión pensada para el público general: tiene filtros de seguridad que le impiden hacer ciertas cosas peligrosas, como ayudar a atacar un sistema informático. Mythos 5 es, en el fondo, el mismo modelo, pero sin esos filtros, y solo pueden usarlo organizaciones aprobadas dentro de Project Glasswing, pensado para que equipos de ciberseguridad lo usen en tareas defensivas.
El problema surgió cuando los investigadores de Amazon descubrieron una forma de engañar a Fable 5 para que se comportara como si no tuviera esos filtros, es decir, como si fuera Mythos 5, pero sin ningún tipo de control sobre quién lo estaba usando. Eso rompía la lógica de todo el sistema: si cualquiera podía conseguir gratis la versión sin restricciones simplemente engañando al modelo, no tenía sentido seguir restringiendo el acceso a Mythos 5 ni confiar en los filtros de Fable 5. Por eso el Gobierno ordenó parar los dos a la vez, aunque el fallo solo afectara a uno.
La solución de Anthropic fue entrenar un nuevo sistema que reconoce ese truco concreto y lo bloquea antes de que funcione, deteniéndolo, según la empresa, en más del 99% de los casos. Ese arreglo es lo que ha permitido la reapertura, aunque en dos tiempos: primero volvió Mythos 5 el 26 de junio, solo para el grupo cerrado de organizaciones que ya tenían acceso antes del apagón, y después Fable 5 el 1 de julio, esta vez para el público general.

Lo que revela el episodio sobre el control de Estados Unidos
Hay algo más de fondo en todo esto. Un solo Gobierno ha podido apagar, de un día para otro, la IA más avanzada del mundo. Y no solo dentro de su país: también fuera. Anthropic es una empresa privada, pero cuando Washington decide que un modelo entra dentro de sus controles de exportación, es el Gobierno quien manda. Nadie más tiene que darle el visto bueno.
Para algunos, esto demuestra algo importante: el liderazgo de Estados Unidos en IA no es solo tecnológico. También es una forma de presión política. Un modelo se puede encender o apagar según intereses de seguridad nacional que, por la propia naturaleza de la misma, casi nunca se explican del todo.
Ese control no es solo sobre cuándo se enciende el acceso, sino también sobre dónde. Fable 5 ya se puede usar en cualquier país, sin distinción. Mythos 5, en cambio, solo ha vuelto para organizaciones dentro de Estados Unidos. Es la misma lógica de los controles de exportación que provocó el apagón: Washington no solo decide quién puede usar estas herramientas, también decide desde qué lugar del mundo.
La forma en que se ha reabierto el acceso también dice mucho. Primero volvieron las organizaciones estadounidenses de Glasswing. Después, las grandes empresas y agencias del Gobierno. Y solo al final, con más limitaciones, las pequeñas empresas y los desarrolladores independientes. Hay quien defiende que tiene sentido: esos actores ya estaban siendo supervisados antes del fallo. Pero otros ven el mismo patrón de siempre. Cuando la IA más potente se convierte en un tema de seguridad nacional, quien no tiene peso político o económico es el último en la fila.

Europa, otra vez esperando
Aquí está el matiz que conecta con lo que contábamos en el artículo anterior. Cuando Mythos 5 se lanzó el 9 de junio, ENISA entró en Project Glasswing junto a otros socios internacionales, con acceso pensado para proteger infraestructuras críticas europeas. Ese acceso duró tres días antes del apagón del 12 de junio.
Ahora que Mythos 5 ha vuelto, ese hueco sigue sin cerrarse. Los informes disponibles no confirman que ENISA ni el resto de socios europeos de Glasswing hayan recuperado el acceso. Anthropic dice seguir en conversaciones para ampliar la lista de participantes, pero no ha dado ninguna fecha. Los equipos de ciberseguridad europeos que habían empezado a usar la herramienta llevan, por tanto, más de tres semanas sin ella.
El resultado es que Europa puede usar sin restricciones la versión pública, Fable 5, pero sigue fuera de la versión pensada para tareas defensivas de mayor nivel. La decisión sobre cuándo cambia eso no depende de Bruselas, sino de Washington.
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