Singapur ha lanzado FirstDate, una app de citas creada por el propio Gobierno que, por ahora, solo pueden usar empleados públicos de entre 21 y 35 años. A diferencia de Tinder, que muestra decenas de perfiles para que el usuario siga deslizando, FirstDate propone una sola persona cada vez y da tres días para decidir si se quiere conocerla. Esa persona la elige un algoritmo basado en una teoría que ganó el Nobel de Economía. Es un proyecto pequeño, pero llama la atención porque intenta evitar el cansancio de deslizar sin parar y porque quien lo hace es un Estado, no una empresa.
Una pareja cada tres días
Para participar, el usuario inicia sesión con Singpass, el sistema de identidad digital que los ciudadanos de Singapur usan para sus trámites oficiales, de modo que la app confirma que cada persona es quien dice ser. Después tiene que rellenar un cuestionario sobre sus intereses, hábitos y valores, en el que también se indican las condiciones innegociables, como la religión o la edad de la otra persona.
Con esas respuestas, el sistema propone a cada participante una pareja en cada ronda de emparejamientos, con una puntuación de compatibilidad y una nota personal sobre quién es. El usuario recibe un SMS y tiene 72 horas para aceptar o rechazar. Si los dos aceptan, se comparten los datos de contacto, y la app sugiere una actividad para la primera cita.
La idea nació en un hackatón de GovTech, a partir de una pregunta que se hacían sus propios empleados: si tener más candidatos hace más fácil encontrar a alguien adecuado. De ahí que la app apueste por una única propuesta. Conviene tener claro el alcance: es un piloto cerrado a empleados públicos y las solicitudes se cierran el 5 de octubre. Además, no se garantiza que todas las rondas traigan una propuesta.

El algoritmo del Nobel
El método que usa FirstDate se llama algoritmo de Gale-Shapley, y así lo indica la propia web del proyecto. Lo publicaron en 1962 los matemáticos David Gale y Lloyd Shapley, y en 2012 Shapley recibió el Nobel de Economía junto a Alvin Roth por sus trabajos sobre cómo emparejar a dos grupos de personas.
El método funciona por rondas, con un grupo que propone y otro que recibe las propuestas. Primero, cada persona del grupo que propone se dirige a la que más le gusta del otro grupo. Quien recibe varias propuestas no responde que sí a ninguna todavía: se queda con la que más le convence y rechaza el resto, de modo que puede cambiar de elección si más adelante le llega una mejor. Las personas rechazadas se dirigen entonces a su siguiente opción, y así se repite hasta que nadie tiene a quién más proponer. Al terminar, las parejas son estables, lo que significa que no hay dos personas que se prefieran entre sí a la pareja que les ha tocado.
Tiene una particularidad: favorece a quien propone. Ese grupo consigue la mejor pareja posible entre las estables, y quien recibe, la peor. GovTech no ha explicado cuál de los dos grupos propone en FirstDate. Fuera de las citas, una versión del método reparte cada año en Estados Unidos más de 20.000 plazas de residentes entre hospitales y médicos recién graduados.
La diferencia con las apps comerciales está en el objetivo. Think Big ya ha contado cómo la inteligencia artificial llega a las aplicaciones de citas, unas plataformas que ganan dinero con suscripciones y que, por tanto, salen ganando cuando el usuario sigue dentro. GovTech asegura que los datos de FirstDate no se monetizarán.

No es la primera vez que un Estado hace de casamentero
FirstDate tiene precedentes, y el primero está en el propio Singapur. En 1984 el Gobierno creó la Social Development Unit, una oficina pública pensada para que los graduados universitarios se conocieran y se casaran. Con el tiempo pasó a llamarse Social Development Network y acabó orientándose a la formación en habilidades de relación.
En 2024 llegó Tokio, cuyo Gobierno metropolitano lanzó una app de citas propia con emparejamiento asistido por inteligencia artificial. Para entrar hay que acreditar con documentos oficiales que se es soltero y cuáles son los ingresos, pasar una entrevista y firmar que se tiene intención de casarse. Según datos del propio Gobierno recogidos por la prensa, a mediados de 2026 había 265 matrimonios, una cifra modesta si se compara con el tamaño de la ciudad.
En Corea del Sur, la ciudad de Seongnam organiza desde 2023 encuentros presenciales de citas a ciegas con apoyo municipal. La diferencia de FirstDate está en el formato: una propuesta cada vez, elegida por un algoritmo de emparejamiento estable, en lugar de un evento o de un servicio con entrevistas.
Un Estado que pregunta
FirstDate no es solo una app de citas, también es un proyecto de un Gobierno preocupado por la caída de los nacimientos. La tasa de fertilidad de Singapur fue de 0,87 hijos por mujer en 2025, un mínimo histórico, y el Ejecutivo ha creado un grupo de trabajo cuyas conclusiones se esperan a principios de 2027. Ninguna fuente oficial presenta FirstDate como una medida para subir esa cifra, aunque varios medios la han relacionado con ella por la coincidencia en el tiempo.
A cambio de una pareja, la app pide información bastante personal. Quien participa responde preguntas sobre religión, edad y estilo de vida y, según un periodista local que ha analizado el cuestionario, también sobre si quiere tener hijos, y lo hace con la misma identidad digital que usa para sus trámites con la administración. GovTech asegura, en la web oficial del piloto, que esos datos no se monetizarán ni se compartirán con terceros, salvo cuando la ley lo exija o lo permita.

El interés del Gobierno de Singapur por las parejas no se limita a esta app. También se nota en la vivienda pública, que gestiona la HDB, una agencia del Estado. Un soltero no puede comprar un piso hasta los 35 años, y entonces solo uno pequeño, de dos habitaciones. Una pareja casada o prometida sí puede pedirlo antes, y una parte de los pisos nuevos se reserva a familias con hijos. Ninguna fuente relaciona estas normas con FirstDate, pero muestran que el Estado lleva tiempo dando ventajas a quien forma pareja.
Las reacciones han sido divididas. Según recogió la BBC, algunos usuarios lo han calificado de distópico y otros valoran que haya menos riesgo de estafas. Ese mismo periodista local sostiene que la estabilidad matemática del algoritmo sirve de poco si nadie se compromete después, aunque reconoce que es una iniciativa admirable.
Quién decide para qué sirve un algoritmo
El diseño de FirstDate busca que el usuario encuentre pareja y deje la app, lo contrario de lo que persiguen las comerciales, que dependen de que la gente siga dentro. Pero el objetivo de un algoritmo de emparejamiento lo fija quien lo diseña, y aquí es un Estado que, además de ofrecer una forma de conocer gente, tiene un problema demográfico que le interesa resolver. Nada indica que ambos propósitos choquen, aunque tampoco hay datos para comprobarlo, porque GovTech no ha publicado cuánto durará el piloto, cuántas personas participan ni cómo medirá si funciona. Tampoco ha dicho si lo abrirá al público general. Mientras tanto, el piloto deja ver algo que en las apps comerciales no suele verse: que detrás de cada propuesta de pareja hay alguien que ha decidido qué debe priorizar el algoritmo.
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