¿Cómo acompañamos a los adolescentes en el uso de la inteligencia artificial? Jorge Flores, fundador y director de PantallasAmigas, defiende que esta vez no estamos ante un cambio como Internet o el móvil. Su propuesta no pasa por prohibir, sino por aprovechar sus beneficios y reducir sus efectos negativos, y por hacerlo desde la cercanía con las familias.
Por qué la IA es distinta
PantallasAmigas es una organización sin ánimo de lucro, creada en 2004 para promover un uso seguro y saludable de la tecnología entre la infancia y la adolescencia. Veinte años después, Flores identifica tres rasgos que separan a la IA de las tecnologías anteriores: su adopción ha sido muy rápida y masiva, su entrada es sencilla y multimodal y resulta más humana que cualquier otra herramienta digital.
Tanto es así que la considera, después del lenguaje, quizá la invención más importante de la humanidad. Por eso conviene pararse a pensar cómo se introduce en la vida de los más jóvenes.
En este contexto, Jorge identifica tres grandes riesgos que recomienda tener presentes:
- Sedentarismo intelectual. Si cada duda se resuelve pidiendo la respuesta a la máquina, se deja de pensar, analizar o resumir. Es una delegación cognitiva que puede frenar capacidades importantes y dar a la IA una validez que no siempre merece.
- Desinformación y sesgos. Los sistemas pueden reproducir sesgos de género, raza, etnia o edad, e incluso favorecer posturas extremas o distorsionar la percepción del mundo.
- Falsa compañía. Algunos adolescentes usan los chatbots como amigos, confidentes o terapeutas. El problema es que tienden a dar la razón a quien les escribe, y eso crea una especie de cámara de eco que no ofrece ni el contacto ni la confrontación de una persona real.

Estar al mismo lado de la pantalla
La IA también tiene mucho que aportar. Puede explicar conceptos complejos de forma sencilla, generar ejercicios de entrenamiento y servir de herramienta creativa: los jóvenes ya crean audio, imágenes y videojuegos, y cocrean paso a paso con la máquina.
Ante el desconcierto de muchos padres, Flores propone educar desde el interés y el conocimiento, no desde la prohibición. Es decir, plantear tareas conjuntas y situaciones de aprendizaje en las que adultos y menores descubran la herramienta a la vez. Lo importante es fortalecer la confianza y la comunicación en casa.
Algunas ideas prácticas que se desprenden de su visión:
- Primeros contactos supervisados. Hacia los 10-12 años, mejor como juego familiar o buscador avanzado; el uso autónomo, en la adolescencia.
- Atender a las señales. Aislarse de los amigos, esconder la pantalla o preferir el consejo del chatbot al de su entorno. La respuesta es el diálogo y las actividades presenciales, no el castigo.
- Tutor, no atajo. La IA apoya cuando explica; es trampa cuando se copia un trabajo sin leerlo ni entenderlo. Una buena práctica es pedir al menor que cuente con sus palabras lo que ha aprendido.

La IA no va a desaparecer de las aulas ni de las casas. La cuestión es si los jóvenes la usarán solos o acompañados, y esa, quizás, sea la decisión más importante que nos toca tomar a los adultos.
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