Los nuevos viajeros apuestan por el turismo sostenible y responsable

Viajar es una de las cosas que más disfruta el ser humano y, sobre todo, la generación *millenial*. Se calcula que, en 2020, el 50% del total de los viajeros pertenecerá a esta parte de la población. Aunque a priori pueda parecer un dato sin importancia, esto supone un gran cambio para el turismo. Te contamos por qué.

Durante el último año, muchos viajeros vieron sus vacaciones truncadas al no poder visitar los lugares con los que habían soñado durante mucho tiempo. En Tailandia, la famosa Maya Bay se cerró al público por trabajos de recuperación de sus corales, que se habían visto completamente deteriorados por los visitantes.

Además, dos de las islas más conocidas a nivel mundial, la isla de Bocaray en Filipinas y las Islas Feroe en Dinamarca, también se han tenido que cerrar por motivos de contaminación. Tras estos incidentes, muchos países dejaron claro que necesitaban turismo sostenible, que respete su entorno y su cultura.

La teoría suena muy bien, pero, ¿esto cómo se consigue? Es más fácil de lo que creemos, simplemente, hemos de reducir poco a poco nuestra huella ecológica viajera.

Un buen comienzo es elegir un medio de transporte amable con la naturaleza. En distancias largas, siempre que sea posible, es preferible coger el tren antes que el avión, pues este supone un 8% del total de las emisiones mundiales. Una vez en el destino, lo ideal es elegir los transportes no contaminantes como la bicicleta o los coches eléctricos, o bien ir a pie para poder descubrir hasta los espacios más recónditos.

Otro de los puntos clave de un viaje es el alojamiento. Actualmente, ya hay una gran oferta de estancias concienciadas con el medioambiente, conocidos como eco-friendly. Todos ellos apuestan por el uso de consumo responsable y la eliminación de los plásticos, entre otros. Opciones como las botellas de acero inoxidable o las bolsas de tela son buenas alternativas a este material, que tarda años en degradarse.

Asimismo, las excursiones que implican interrumpir en el hábitat de los animales también suponen un obstáculo para el turismo sostenible. Sin embargo, los nuevos viajeros cada vez están más concienciados con esta problemática.

En la medida de lo posible, hay que intentar evitar acudir a actividades que impliquen a animales en cautividad, como, por ejemplo, montar en elefante o acariciar tigres. Sí, ya sabemos que las fotografías quedan genial en el feed de Instagram, pero, ¿hasta qué punto merece la pena un like a cambio del deterioro de un entorno natural?

Más allá de haber conseguido llevar unas vacaciones eco-friendly, lo más tedioso siempre es tener que volver a la rutina. Aunque lo bonito es que todos los lugares dejan un recuerdo en cada uno de sus visitantes: un atardecer, un plato tradicional con mucho sabor o unas vistas maravillosas desde el punto más alto.

Tras sonreír al recordar estos momentos, hemos de preguntarnos: ¿habrá sido también positiva nuestra huella para ese lugar?

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