Koiki: mensajería sostenible y a la carta

Son las 9 de la mañana en el mercado de Barceló, en pleno centro de Madrid. Los chirridos de los cierres metálicos abriéndose van despertando el singular mestizaje de colores y olores que alberga un mercado de barrio. Pescados, carnes y frutas se sitúan estratégicamente en sus lugares de trabajo para apelar al apetito del consumidor. Pero hay un puesto muy diferente a todos los demás.

Son las 9 de la mañana en el mercado de Barceló, en pleno centro de Madrid. Los chirridos de los cierres metálicos abriéndose van despertando el singular mestizaje de colores y olores que alberga un mercado de barrio. Pescados, carnes y frutas se sitúan estratégicamente en sus lugares de trabajo para apelar al apetito del consumidor. Pero hay un puesto muy diferente a todos los demás.

Jokin Agullo es el encargado del puesto Koiki. Con rigurosa puntualidad, cada día sube el cierre a las 9 en punto de la mañana. Pero ya antes, en el tren de camino, ha ido repasando con su móvil los pedidos y envíos previstos para ese día.

A sus 59 años, poder trabajar aquí es un regalo. “No es fácil encontrar trabajo a mi edad. Envío currículos y, aunque cumplo con el perfil que demandan, ni siquiera me llaman para una entrevista. Al menos podrían ponerme cara”. Acaba de incorporarse a Koiki, un proyecto ilusionante para él que ha inaugurado hace unos días un nuevo espacio en este mercado tan castizo.

Un proyecto de impacto social

“Koiki es una empresa de mensajería social y sostenible. Es un proyecto de emprendimiento social porque emplea a personas con dificultades para encontrar trabajo: personas con discapacidad intelectual o física, parados de largo duración o colectivos que no tienen fácil el acceso al mercado laboral”, nos cuenta Aitor Ojanguren, fundador de Koiki.

Yeray Isaac Peral tiene 23 años y es uno de los “koikis” que trabajan en este centro de reparto. Hoy tiene que entregar 15 paquetes, y junto a Jokin diseña la ruta de reparto en el ordenador. Nos cuenta que cuando Aitor llegó a la fundación Capacis para hablarles del proyecto, no dudó un instante en apuntarse.

Koiki es una empresa de mensajería social que emplea a personas que tienen difícil acceder al mercado laboral

“Para mí, ser ‘koiki’ significa ser responsable, porque tienes que responsabilizarte de los paquetes que se entregan a las personas y también aprendes cómo trabajar. Cuando llego, registramos los paquetes y hacemos las rutas, imprimimos el mapa y ya nos vamos a repartir. Me gusta mucho porque es un trabajo muy sencillo; bueno, al principio, hasta que te aprendes las calles y todo eso, cuesta, pero ya cuando te vas acostumbrando te va gustando más. Además, la gente es muy amable”, explica Yeray, siempre con una sonrisa en el rostro.

Para los “koikis”, este proyecto no sólo supone una oportunidad laboral. También es un trabajo que les permite participar activamente en la vida del barrio, ya que en su día a día se relacionan con sus vecinos, que a su vez son sus clientes: “Es muy importante la interacción social que se produce entre los ‘koikis’ y los vecinos. Los ‘koikis’ son personas con discapacidad intelectual en la mayoría de los casos, y la experiencia que tiene una persona cuando viene un ‘koiki’ y le entrega un paquete es una experiencia muy diferente y que reconforta mucho. El ‘koiki’ además aporta seguridad y confianza al vecino porque es una persona a la que conoce, siempre es el mismo ‘koiki’ el que le entrega sus pedidos. Para nosotros es importante revitalizar el tejido social de los barrios porque es donde trabajamos. Estamos dando empleo a personas con dificultades para encontrarlo y estas personas viven en sus barrios, y ahora también van a trabajar allí”, resalta Aitor.

Carteros ecológicos

Yeray tiene su ruta diseñada para esta mañana de trabajo y coloca los paquetes en su bicicleta. Su primera entrega es en la calle San Lorenzo. No tardará más de 10 minutos en llegar.

“El sistema actual de reparto de mercancías es un modelo poco eficiente. Por ejemplo, en Madrid una empresa de transporte de distribución de última milla introduce todos los días 500 vehículos. Teniendo en cuenta que el sector del comercio electrónico crece al 20% anual, el año que viene esa misma empresa va a meter 100 vehículos más en la ciudad. El modelo, ya sólo por espacio físico, no es sostenible. Con nuestro sistema ahorramos medio kilo de CO2 por cada paquete que entregamos, ya que nuestros ‘koikis’ reparten andando, en bicicleta o en vehículo eléctrico”.

“Para mí ser ‘koiki’ significa ser responsable y también aprendes cómo trabajar”, explica Yeray

Para poder hacer estas entregas de manera sostenible, Koiki se apoya en una red de microcentros urbanos. A través de acuerdos con distintas entidades sociales y ONG, utiliza los espacios físicos de los que estas disponen en las ciudades para la distribución y almacenaje de paquetería. Es un nuevo modelo basado en microcentros de proximidad, que además dan mucha visibilidad a los miembros de estas entidades. Actualmente ya hay más de 70 centros distribuidos en 20 provincias y de aquí a fin de año esperan estar presentes en las 52 provincias y llegar a más de cien centros Koiki. Desde estos puntos, los “koikis” realizan el reparto denominado “de última milla” y no tardan más de diez minutos en llegar a cada destino, ya sea a pie o en bicicleta. En palabras de Aitor, “el modelo va a cambiar hacia este tipo de microcentros, porque es la única manera de que las ciudades no se colapsen”.

Un servicio eficiente

Además, Koiki se diferencia del resto de empresas de mensajería en que ofrece un servicio personalizado, porque el cliente, a través de la web de Koiki, elige la hora a la que quiere recibir su pedido para que la entrega se realice con éxito.

“El modelo actual de reparto tiene un ratio de entrega del 70%. Hay 3 de cada diez entregas que no concluyen con éxito a la primera porque el destinatario no está en su casa; ese 30% se convierte en otra entrega y en otra, con lo cual se ofrece un servicio ineficiente. Nuestros ‘koikis’ sólo se desplazan una vez para entregar el paquete, y además es un desplazamiento en su propio barrio”, explica el fundador de Koiki.

Con cada paquete que entregan se deja de emitir medio kilo de CO2

El principal beneficio para el usuario final del servicio es que sabe exactamente cuándo va a recibir su pedido. Además “el sistema Koiki es positivo porque cambia su experiencia. Si, por ejemplo, ha hecho tres compras de comercio electrónico, vendrán tres transportistas diferentes a traerle los pedidos. En nuestro caso será siempre su ‘koiki’, generándole confianza y seguridad. Por último, con su decisión beneficia a la ciudad en la que vive, porque es un modelo de reparto sostenible”.

Y para la empresa que vende online también resulta provechoso, ya que obtiene un beneficio añadido, que es la propia satisfacción del cliente. Y esa satisfacción está demostrado que genera una recurrencia en la compra.

Startup innovadora

Koiki es una startup respaldada por Telefónica Open Future_ y durante un año ha podido desarrollar su proyecto en su Crowdworking, un espacio que ha compartido con otras 20 startups con las que ha podido practicar networking e intercambiar conocimientos y experiencias. Aitor resalta la importancia de este apoyo para empresas, que, como la suya, apuestan por una nueva manera de hacer las cosas: “Durante este año Telefónica Open Future_ nos ha ayudado mucho en herramientas de gestión, sobre todo a nivel digital, nos ha dado mucha visibilidad y nos ha ofrecido este espacio de trabajo magnífico”.

“Koiki no sólo quiere llegar a ser la mejor empresa del transporte del mundo, sino ser la mejor empresa de transporte para el mundo”.

En 2015 Koiki fue galardonada con el Premio de Innovación Social del Banco Europeo de Inversiones y fue seleccionada entre más de 300 empresas de 28 países como mejor empresa social de innovación. Es la primera vez que una startup española consigue el premio, y el jurado valoró que cumplía 3 objetivos importantes: es un modelo sostenible económicamente, integra a colectivos vulnerables y además respeta el medio ambiente. El galardón le proporcionó una gran visibilidad y supuso un empujón definitivo de cara a su financiación.

“Una empresa de emprendimiento social se diferencia de una ONG en que tiene que buscar la sostenibilidad económica, pero también se diferencia de las empresas con ánimo de lucro en que su fin no es sólo ese beneficio económico, sino que persigue unos fines sociales. Yo creo que hay que reivindicar este modelo de emprendimiento porque es lo mejor para la sociedad, y al final del día, cuando vas a tu casa y ves que has estado trabajando por un fin social, también te reconforta mucho más. Yo siempre digo que Koiki no sólo quiere llegar a ser la mejor empresa del transporte del mundo, sino ser la mejor empresa de transporte para el mundo”.

Tecnología para la inclusión

Koiki es en esencia una empresa tecnológica, ya que está basada en una aplicación móvil que ha sido creada por ellos mismos, que además está diseñada pensando en los colectivos a los que se dirige, fundamentalmente a las personas con discapacidad física o mental, y que le permite al “koiki”, de forma muy sencilla, interactuar en el momento de la entrega con el cliente final.

“El funcionamiento de la app es muy fácil: cuando un envío llega a un centro Koiki nos ponemos en contacto con el cliente final, que define la hora de entrega. El ‘koiki’ se desplaza al domicilio del usuario, que firma en la aplicación la recepción o la devolución del pedido”. Para el “koiki”, supone una accesibilidad a la tecnología que le hace partícipe de la realidad digital en la que vive.

Koiki es una startup respaldada por Telefónica Open Future_ y en 2015 recibió el Premio de Innovación Social del Banco Europeo de Inversiones

“La tecnología ha favorecido nuestro modelo de negocio, sin duda. Sin la tecnología el “modelo Koiki” no sería viable. Además, en nuestro caso, debido a los colectivos a los que nos dirigimos, la tecnología los incorpora y los integra en el mercado de trabajo. Y les puede cambiar la vida. Nuestros ‘koikis’ no serían ‘koikis’ si no fuese gracias a la tecnología”, concluye Aitor.

A Yeray y a Jokin desde luego que les ha cambiado la vida. Y de aquí a 10 años, si el modelo de Koiki se consolida y expande, quizá pueda decir lo mismo el planeta.