OpenStreetMap: open data y crowdsourcing como alternativa a Google Maps

Hoy en día las aplicaciones basadas en la geolocalización se han hecho extremadamente populares, y servicios como Foursquare forman parte del día a día de muchos usuarios que lo utilizan para compartir en dónde se encuentran o para buscar información y recomendaciones sobre establecimientos que hay a su alrededor. Lógicamente, la base de cualquier servicio de geolocalización es la información geográfica, es decir, mapas, imágenes por satélite o fotografías georreferenciadas que nos sirven para ilustrar y ubicar a los usuarios que se están moviendo por un lugar determinado.

En la red podemos encontrar un buen número de servicios de geolocalización y, quizás, uno de los más conocidos sea Google Maps. El servicio de mapas de Google ofrece a los usuarios gran cantidad de información (mapas, planificador de rutas, fotos a pie de calle, información del tráfico, imágenes por satélite) y está presente en innumerables páginas web y servicios gracias a la facilidad de uso de sus APIs. Sin embargo, un giro en la política de uso de esta API, en octubre de 2011, hizo que muchos servicios apostasen por otras alternativas mucho más libres y abiertas; unos requisitos que encajan perfectamente en un proyecto con bastante proyección que cada vez tiene más fuerza en el ámbito de la georreferenciación en la red: OpenStreetMap.

¿Qué es OpenStreetMap?

OpenStreetMap es un proyecto que nació en el año 2004 de la mano de Steve Coast (quien se convertiría años más tarde en responsable de arquitectura de Bing Maps) y que se topó con uno de los grandes problemas del ámbito de la cartografía: el alto precio que se debía pagar por el acceso a los datos cartográficos, en su caso, los de Reino Unido que eran gestionados por una agencia gubernamental (la Ordnance Survey).

OpenStreetMap

Viendo que el acceso a este tipo de información no era algo libre ni tampoco abierto, Coast llegó a la conclusión de que no tenía sentido pagar dos veces por acceder a la información. Es decir, las agencias públicas se sustentaban con los impuestos de los ciudadanos y también cobraban por el acceso a datos públicos. Con este contexto, que tiene mucho que ver con el movimiento Open Data, Coast comenzó a trabajar en OpenStreetMap, un sistema de información geográfica libre cuyos datos se publicasen bajo licencia Creative Commons y, además, funcionase mediante la colaboración y las aportaciones de todo aquel que quisiera participar.

La fundación OpenStreetMap es una organización internacional sin ánimo de lucro dedicada a fomentar el crecimiento, desarrollo y distribución de datos geoespaciales libres y a proveer datos geoespaciales a cualquiera para usar y compartir.

En el año 2006, OpenStreetMap se convirtió en fundación para darle un carácter mucho más formal al proyecto y, con una infraestructura que actualmente se aloja en la University College de Londres, el proyecto ofrece a los usuarios un SIG (Sistema de Información Geográfica) en constante crecimiento que es de libre acceso y que, además, cuenta con un juego de APIs sin restricciones, para facilitar su integración en todo tipo de servicios.

Un proyecto de estas características, como nos podemos imaginar, no es nada simple puesto que, básicamente, tiene como objetivo cartografiar todo el planeta. Aquí es donde entran en juego las aportaciones de empresas, ciudadanos y administraciones públicas, una suma de esfuerzos que contribuyen a «dibujar» nuestro planeta. Yahoo!, entre 2006 y 2011 (fecha en la que cerraron su API), aportó al proyecto en sus primeros años sus imágenes aéreas; empresas de cartografía como Automotive Navigation Data donaron mapas de Países Bajos, India y China; la agencia del Catastro de Francia permite el acceso a sus sistemas a OpenStreetMap vía webservices. Pero la fuente de información más importante son, sin duda, los usuarios.

De hecho, gracias a los usuarios, tras el terremoto de Haití, muchos fueron los colaboradores que dedicaron sus esfuerzos a mejorar la cartografía de la zona y ofrecer así a los equipos de emergencia una fuente fiable de información que poder utilizar para ayudar a la población tras el desastre.

Open data y crowdsourcing como fuentes de información

Entendiendo la información cartográfica como un servicio público, el open data y, por tanto, el RISP (Reutilización de la Información del Sector Público) tienen mucho que aportar a este proyecto, puesto que son muchas las administraciones públicas que dedican recursos a elaborar cartografías y mapas oficiales. Volcar toda esta información a OpenStreetMap, además de hacer crecer el proyecto, aporta valor a usuarios y servicios, dado que los datos contribuyen al crecimiento de un proyecto sin ánimo de lucro y que tiene como objetivo el acceso universal y gratuito a la información geográfica, independizando al usuario de servicios de terceros que pueden cambiar sus políticas en cualquier momento.

En la actualidad, gracias a que cada vez son más las administraciones públicas que abrazan la idea de compartir y reutilizar los datos, podemos encontrar un extenso catálogo de datasets que pueden ser explotados libremente y, entre ellos, podemos encontrar un amplio número de ellos, enfocados en información geográfica (cartografías, callejeros, imágenes aéreas, etc.) que se pueden integrar en OpenStreetMap. Una buena parte de la información que ofrece OpenStreetMap sobre Estados Unidos, por ejemplo, tiene su origen en información procedente del Gobierno Federal, como las imágenes del satélite Landsat 7 o algunos datos que proceden, directamente, de la oficina del censo. En el caso de España, aunque el Instituto Geográfico Nacional ofrece datos que aún siguen siendo de pago, este organismo ha publicado de manera gratuita algunos datos que son compatibles con la licencia de OpenStreetMap.

Las contribuciones a OpenStreetMap no tienen su origen únicamente en la grandes empresas o en el seno de las Administraciones Públicas, al ser un proyecto abierto cualquier usuario puede aportar su grano de arena y sumar y, de hecho, el crowdsourcing es el motor más potente del proyecto.

Los usuarios vuelcan en OpenStreetMap gran cantidad de información que han recopilado con sus propios medios, información que sirve para ampliar la ya existente o corregirla. El hecho es especialmente importante porque, gracias a la colaboración de los usuarios, los mapas de OpenStreetMap están sujetos constantemente a un proceso de revisión y mejora continua (algo que no todos los servicios disponibles en la red a día de hoy se pueden permitir).

Quizás alguien pueda pensar que ciertas personas no son aptas para contribuir a un proyecto de este tipo y que, para hacerlo, sería necesario contar con una especial preparación. Sin embargo, cualquier persona puede realizar aportaciones al proyecto, sin más material que un GPS y un bloc de notas. La iniciativa recibe datos de usuarios que aprovechan sus viajes en coche, sus rutas de senderismo o sus paseos en bicicleta, para registrar información con sus dispositivos GPS y tomar notas de las calles por las que pasan, el sentido de éstas o los edificios y puntos singulares que encuentran. Si pensamos en la información que podríamos capturar durante un paseo de 30 minutos y la multiplicamos por el número de usuarios que contribuyen al proyecto, el resultado es una enorme capacidad de actualización de datos: prueba de ello son los más de 200 GB de puntos georreferenciados que atesora el enorme servidor de base de datos del proyecto.

Si a los datos públicos que comparten las administraciones (open data y RISP) les sumamos el esfuerzo de los entusiastas que apoyan OpenStreetMap y las aportaciones que realizan algunas entidades privadas (open data en el ámbito de la empresa), podemos hacernos una idea de la magnitud de información que maneja el proyecto y, sobre todo, reconocer que ese caudal está vivo y en constante evolución.

La adopción de OpenStreetMap

Además de los usuarios particulares que colaboran y usan estos mapas, grandes empresas y servicios de referencia también usan OpenStreetMap como un componente en el que apoyar sus servicios o productos.

Usar OpenStreetMap es sencillo porque, citando la autoría del mapa, es decir, siguiendo las pautas de Creative Commons, podremos insertar mapas en nuestra web o en nuestro servicio sin mayor problema, un hecho que, sumado a sus capacidades de personalización (gracias a su juego de APIs), ha hecho que cada vez sea más habitual encontrar mapas de OpenStreetMap en páginas web o en aplicaciones móviles.

OpenStreetMap-Whitehouse

La Casa Blanca es uno de los usuarios más significativos de OpenStreetMap y son varias las secciones de esta página web en las que podemos encontrar mapas que tienen su origen en este proyecto abierto y colaborativo y que nos hacen ver la solvencia y el calado que tiene el proyecto.

Otro de los servicios que también ha brindado su apoyo a OpenStreetMap es Wikipedia, que ya comentó el año pasado que sus aplicaciones móviles también apostarían por OpenStreetMap en detrimento de Google Maps. En esta misma línea se posicionó Foursquare, que también anunció que usaría los mapas de OpenStreetMap en la versión web del servicio y que, además, colaboraría de manera muy estecha con el proyecto. Ante la sorpresa de mucha gente, Apple también se apoyó en OpenStreetMap en la geolocalización de fotos en iPhoto para iOS.

Foursquare openstreetmap

Quizás los mapas de OpenStreetMap, desde un punto de vista estético, resulten algo más espartanos que los que nos ofrece Google a través de Google Maps; sin embargo, la colaboración de entidades y usuarios y la apuesta por adoptar el servicio de algunos servicios clave nos demuestran el valor de este proyecto y las posibilidades de aportar valor que ofrece tanto a las administraciones públicas como a las empresas o los desarrolladores.

Un recurso de libre acceso que vale la pena seguir de cerca.

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