Pino Montesdeoca y el edadismo: cómo aprender a valorarse en cada etapa de la vida

El edadismo es una forma de discriminación silenciosa, pero profundamente arraigada en la sociedad. No solo impacta a las personas mayores, como suele creerse, sino que atraviesa todas las etapas de la vida. Desde jóvenes a quienes se les niegan oportunidades por “falta de experiencia”, hasta adultos que ven cuestionado su valor profesional por su edad.

La actriz Pino Montesdeoca lo resume a Mejor Conectados, una iniciativa de Telefónica, con claridad: la edad, en sí misma, no define a una persona. Sin embargo, los prejuicios asociados a ella siguen condicionando decisiones, relaciones y oportunidades.

Hablar de qué es el edadismo implica entender cómo se construyen estos estereotipos. En muchos casos, se traduce en actitudes aparentemente inofensivas, como la condescendencia hacia las personas mayores o la desconfianza hacia los jóvenes. Pero también puede tener consecuencias más profundas, especialmente en el ámbito laboral, donde limita el acceso al empleo o frena el desarrollo profesional.

Combatir el edadismo requiere algo más que buenas intenciones: implica cuestionar creencias asumidas y aprender a mirar a las personas más allá de su fecha de nacimiento.

El valor del talento senior y la importancia de las conexiones intergeneracionales

Uno de los ámbitos donde el edadismo se manifiesta con más fuerza es el trabajo. El llamado edadismo laboral afecta especialmente a profesionales con trayectorias largas, que a menudo ven cómo su experiencia se convierte, paradójicamente, en un obstáculo.

Sin embargo, el talento senior aporta algo difícilmente sustituible: perspectiva. No se trata solo de haber vivido más años, sino de haber enfrentado situaciones diversas, aprendido de los errores y desarrollado una capacidad de adaptación que no siempre se reconoce.

La experiencia no es automática con la edad, pero el tiempo ofrece más oportunidades para adquirirla. Por eso, integrar perfiles de distintas generaciones en los equipos no solo es justo, sino también estratégico.

Aquí entran en juego las conexiones intergeneracionales. La relación entre jóvenes y mayores suele estar marcada por una cierta desconfianza mutua: unos perciben falta de experiencia; otros, falta de apertura. Superar esta brecha pasa por algo tan básico —y tan complejo— como el respeto.

Escuchar, reconocer el valor del otro y abandonar prejuicios son pasos clave para construir entornos más equilibrados. Cuando esto ocurre, se genera un intercambio enriquecedor: la energía y la innovación de los jóvenes se combinan con la experiencia y la calma de los mayores.

Amor propio, envejecimiento y el reto de romper estereotipos

Más allá del ámbito social o profesional, el edadismo también tiene una dimensión íntima. Muchas veces, la presión más fuerte no viene de fuera, sino de uno mismo. Aceptar el paso del tiempo sigue siendo un desafío en una cultura que asocia juventud con valor.

En este contexto, el amor propio se convierte en una herramienta fundamental. No se trata de resignarse, sino de reconciliarse con la propia evolución. Cambiar, envejecer y transformarse forman parte de la vida, pero no deberían vivirse como una pérdida.

Este desafío es especialmente visible en las mujeres, sobre quienes recae una presión estética y social más intensa. El edadismo en mujeres se traduce, con frecuencia, en la idea de que las oportunidades disminuyen con los años. Romper con este relato implica visibilizar referentes y construir nuevas narrativas sobre el envejecimiento.

La propia trayectoria de Pino Montesdeoca es un ejemplo de ello. Inició su carrera en el mundo de la moda en una etapa poco convencional, demostrando que no hay una única línea temporal para empezar de nuevo. Su historia cuestiona directamente la idea de que ciertas oportunidades tienen fecha de caducidad.

En el fondo, luchar contra el edadismo no es solo una cuestión social, sino también personal. Implica aprender a valorarse en cada etapa, reconocer lo vivido y dejar espacio a lo que aún está por venir.

Porque, más allá de los números, lo que realmente define a una persona es su actitud frente a la vida.

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