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La verdadera transformación digital: desde los años 70 hasta la actualidad

Cómo la primera generación que no sabe hacer nada sin un ordenador cambió por completo la forma de trabajar. Y por qué esa revolución tecnológica fue completamente distinta de las anteriores. Merece la pena estudiarlo, ya que ambas cosas contienen las claves de la transformación digital en que estamos inmersos.

Si tiene usted entre 40 y 50 años, su primer puesto de trabajo tenía este aspecto:

Nativos digitales de los 70
Puesto de trabajo en los 90. Imagen: Mª Teresa Herrero, con elementos de Adobe Stock

Entró en un mundo laboral donde se asumía que un ordenador personal iba a ser su herramienta básica de trabajo. A mi yo de hace 25 años tal cosa le pareció natural. Había hecho montones de prácticas con ordenadores en la universidad, y tenía un flamante 386 en casa, con el que hice mi Proyecto de Fin de Carrera. Fueron mis padres quienes me hicieron ver que lo de tener un ordenador era algo excepcional. La primera generación de “trabajadores de cuello blanco” en mi familia desarrolló casi toda su vida profesional con un puesto de trabajo como el que vemos a continuación.

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Puesto de trabajo en los 60-80, Imagen: Mª Teresa Herrero, con elementos de Adobe Stock

…que es el que me habría encontrado yo misma de haber comenzado a trabajar cinco, o diez años antes.

El PC puso a disposición de todo el mundo una gran capacidad de cómputo y tratamiento de información, algo de lo que antes carecíamos. Y esa capacidad de cómputo venía, además, acompañada de la posibilidad de conectarse con infinidad de ordenadores y fuentes de información.

La CPU del PC, con la ayuda de diferentes tipos de programas, permitía ahora asimilar y tratar Megabytes de información. Podíamos explorar ficheros, cruzar tablas, visualizar información e, incluso, construir pequeñas bases de datos.

Por otro lado, el correo electrónico y el acceso a Internet multiplicaron de manera exponencial la cantidad de información que podíamos obtener e intercambiar. La información, liberada del soporte físico del papel, llegaba a nosotros en gran cantidad. Y podíamos asimilarla porque teníamos capacidad de cómputo y herramientas con las que ordenarla y estudiarla.

Si queremos hablar de transformación digital deberíamos reflexionar sobre la que nosotros mismos hemos protagonizado, sin darnos cuenta. El PC nos trajo la “democratización” del acceso a capacidades de tratamiento de información. Pero para comprender su impacto debemos remontarnos mucho antes, y reflexionar sobre los sucesivos cambios que las tecnologías de la información introdujeron en las empresas y organizaciones.

El PC nos trajo la «democratización» del acceso a capacidades del tratamiento de información por primera vez

Las tecnologías de la información en las empresas y organizaciones

Toda organización humana presta servicios mediante la transformación de bienes físicos o intangibles. Manejar información es básico para cualquier actividad, aunque solo sea para la gestión de inventarios y de flujos de trabajo. El espectacular desarrollo de la economía del siglo XX habría sido imposible sin las tecnologías que facilitaron tratar, almacenar y distribuir información de manera masiva.

De forma muy esquemática podemos distinguir 4 grandes etapas en la evolución de las tecnologías de la información en las empresas. Cada una ha abarcado una cantidad creciente de máquinas y procesos y ha dado pie a la automatización de actividades cada vez más especializadas y diversas.

Era de las tecnologías de la información. Impacto en la automatización de las actividades y orden de la magnitud del número de servidores o máquinas involucradas. Las fechas son orientativas. Imagen: Mª Teresa Herrero, con elementos de Adobe Stock

Veamos un poco mejor en qué han consistido esas 4 eras:

1ª era: el mainframe

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Pensemos en los años 50-60 y en esos primeros ordenadores que llenaban habitaciones enteras, y a penas eran comprendidos por un puñado de personas expertas en su manejo.

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Ordenador de los años 50-60. Imagen: Adobe Stock

Estamos hablando de una época en la que los ordenadores eran casi un producto artesanal, tremendamente costoso. Solo las grandes empresas podían permitirse semejante inversión. En estos primeros ordenadores, la programación estaba muy vinculada al propio Hardware y, prácticamente, debían fabricarse ad-hoc para cada cliente. Estas máquinas incorporaron las operaciones más básicas y esenciales de la empresa y dieron pie a un incremento notable de la capacidad productiva.

2ª era: llegan las máquinas Unix

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Resultaba evidente que las empresas necesitaban cada vez mayores capacidades de tratamiento de información para coordinar su actividad, y que el modelo mainframe no podía crecer a ese ritmo.

Durante los años 60 y 70 compañías como IBM, NEC o General Electric diseñaron ordenadores más sencillos de manejar con sistemas operativos más flexibles, que pudieran adaptarse a diferentes necesidades. Ello dio pie a una era dorada en la automatización de procesos de las empresas.

Las soluciones de tecnologías de la información podían por fin apoyarse en hardware fabricado de manera masiva y no artesanalmente. Los sistemas operativos y los programas construidos sobre ellos se adaptaban de manera flexible a las necesidades de cada cliente, independientemente del hardware.

En esta época (1975-1990), se desplegaron los grandes sistemas automatizados para coordinar las operaciones auxiliares de las empresas: los primeros sistemas de Provisión, Contratación, Facturación y Cobros. Pero, también, los de Recursos Humanos, Logística, Control Económico o Relación con Proveedores. La empresa, vista como un conjunto de flujos de tareas con diferentes focos, pasó a confiar la coordinación de todas sus actividades a los sistemas de información.

Los grandes sistemas de información corporativos almacenaban la información relevante para cada actividad y registraban con la mayor fidelidad todos y cada uno de los pasos a ejecutar en cada operación. Era esencial la trazabilidad de cualquier operación para asegurar que se llevara a término y conocer en todo momento su estado.

Los sistemas corporativos, centrados en las operaciones, permiten industrializar los procesos de las empresas, ejecutando así gran volumen de actividad con un coste por operación realmente bajo. Solo así es posible abordar el crecimiento exponencial en volumen de productos y servicios que conocimos en estas décadas en todos los sectores.

La imagen más fiel de este tipo de sistemas es una cadena de montaje. Un flujo de tareas donde el papel de los seres humanos es estar al servicio de la cadena, introduciendo datos en distintos puntos del proceso y ejecutando lo que este requiere.

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Los grandes sistemas corporativos, orientados a la operación, son la versión software de la cadena de montaje. Recogen los flujos de trabajo y la información necesaria para su ejecución. El rol de los trabajadores es «alimentar» al sistema con la información necesaria en cada paso. Imagen: Adobe Stock

De alguna manera, los humanos pasan a ser el extremo flexible de una cadena de ejecución “grabada en piedra”. El precio de la automatización masiva de las actividades es una rigidez paradigmática y una gran dificultad a la hora de cambiar cualquier proceso.

Hay otro precio considerable: los sistemas están optimizados para dar rápida respuesta a la consulta sobre operaciones individuales. Es realmente complicado obtener de ellos información de conjunto. Justo la que se necesita para tomar decisiones.

3ª era: la revolución del x86

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A lo largo de los años 80 se desarrollaron varios modelos de ordenador personal (Sinclair Spectrum, Commodore, Amstrad…), con un precio y prestaciones asequibles incluso para un mercado doméstico. No obstante, sería la combinación mágica de los procesadores Intel de la familia x86 (los 286, 386 o 486 de nuestra juventud) con el sistema operativo Windows de Microsoft, inicialmente sobre ordenadores IBM lo que acabaría por explosionar y extenderse como estándar de facto. Los ordenadores Wintel (Windows + Intel) pasaron a ocupar con igual éxito las mesas de estudiantes y de trabajadores de todo el mundo.

Con la llegada del ordenador personal se abrió un universo complemente nuevo en las empresas. El PC proporcionó tres ingredientes revolucionarios:

  1. Puso a disposición de todo el mundo una gran capacidad de computación para todo tipo de aplicaciones: analizar datos en hojas de cálculo, escribir documentos enriquecidos con imágenes, preparar presentaciones, etc. Estudiar datos, extraer información y compartirla nunca había sido tan accesible.
  2. Fue la puerta de entrada a una ingente cantidad de información. El desarrollo de paginas web permitió compartir y exponer de forma sencilla información de todo tipo. El correo electrónico multiplicó las posibilidades de comunicación entre personas mucho más allá de lo que se podía compartir con llamadas de voz o reuniones presenciales. Las limitaciones del tiempo y el espacio para que dos (o más personas) pudieran poner algo en común desaparecieron.
  3. Constituyó la pieza clave para que cualquier persona pudiera programar y ejecutar con una máquina operaciones de análisis de información sobre grandes volúmenes de datos. Las herramientas ofimáticas, primero, y los entornos de programación amigables, en segundo lugar, bajaron definitivamente las barreras de entrada para ello. El análisis de información dejó definitivamente el terreno de “los informáticos” y de “la informática”.

Revolución del PC
Esquema de cómo el PC cambió el tratamiento de información. La conexión con múltiples fuentes de información proporciona datos, que pueden tratarse y enriquecerse gracias a la capacidad de cómputo y a herramientas especializadas. Con ello se genera información enriquecida, que a su vez se comparte con otros. El proceso no es automático, es una persona la que selecciona la información, la analiza y elabora los resultados según lo que se necesite en cada momento. Las personas son el ingrediente esencial en esta revolución. Imagen: Mª Teresa Herrero, con elementos de Adobe Stock

La revolución del x86 se distinguió de las anteriores en que los cambios no fueron dirigidos por la tecnología o por quienes la implantaron. La fórmula fue completamente distinta: se dieron los medios para hacer cosas nuevas a las personas y se dejó que fueran ellas quienes cambiaran las formas de trabajar y reorientaran su actividad.

Con ello apareció el “trabajador del conocimiento”, el que dedica la mayor parte de su tiempo a estudiar la información de que dispone y decidir qué actividades priorizar o acometer. El trabajador del conocimiento no es una persona al servicio de un proceso automatizado, aunque pueda participar de él. Es una persona que decide qué actividades se incorporan al proceso, en qué orden deben atenderse y cuáles deben sacarse de la ejecución. Es un decisor.

Cuando hablamos de herramientas de apoyo a la toma de decisión todo el mundo piensa en los impresionantes cuadros de mando diseñados para el seguimiento de la actividad por la alta dirección. Grave error: una empresa desarrolla su actividad gracias a miles de decisiones tomadas diariamente por personas que trabajan con tablas de datos bastante feas. Esas tablas integran información de distintos sistemas corporativos, fuentes internas, y montones de horas de análisis por parte de quienes las han diseñado para que sean su herramienta básica.

Gracias al PC pasamos de organizaciones orientadas a lo operativo a organizaciones orientadas a la toma de decisiones basadas en el análisis

Todo esto ocurrió poco a poco, a lo largo de muchos años. Y con ello se pasó de unas organizaciones al servicio de lo operativo a organizaciones donde cada vez tenía más peso la decisión de qué acometer antes, o qué cambios realizar para adaptarse a un mercado cambiante. Con un entorno cada vez más complejo sólo las organizaciones con gran capacidad de adaptación fueron capaces de sobrevivir.

La clave de todo este proceso fue la redistribución de la capacidad de cómputo y de la información elaborada. El grueso de la información necesaria para hacer funcionar la empresa ya no residía ni se generaba en los sistemas corporativos, sino en los PCs de los cientos de empleados de la empresa. Veamos esto con detalle.

Dónde reside la información y la capacidad de cómputo

Quizá la mejor forma de apreciar la revolución del x86 sea representar la distribución de la capacidad de cómputo (+almacenamiento + comunicaciones) dentro de las organizaciones.

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Capacidad de tratamiento de información en las dos primeras eras de las tecnologías de la información. Imagen: Mª Teresa Herrero, con elementos de Adobe Stock.

El dibujo busca dar una idea de las dos primeras eras de las tecnologías de la información, centradas en la automatización de las operaciones básicas y auxiliares de la empresa. Los servidores Unix, al abaratar la tecnología y facilitar su uso, aportaron una capacidad mucho mayor con respecto a la tecnología anterior. El acceso a la información por los usuarios se realizaba desde terminales que eran meros dispositivos de entrada/salida, sin posibilidad de realizar ningún tratamiento de la información obtenida.

La organización está centrada en lo meramente operativo, es decir, es una fábrica capaz de producir grandes volúmenes, pero poca variedad. Al automatizar los procesos los hemos hecho mucho más inamovibles.

Y ahí es cuando llega nuestra tercera era.

Revolución del PC
Capacidad de tratamiento de información en las tercera era de las tecnologías de información. De manera conjunta, hay mucha más capacidad e información distribuida en los PCs de los usuarios que en todos los Sistemas Corporativos. Imagen: Mª Teresa Herrero, con elementos de Adobe Stock

Al dotar a todas las personas de un PC se cambia totalmente la situación. Aunque con máquinas menos potentes, la capacidad de cómputo distribuida es muy superior a la centralizada. Esa capacidad de tratar información, apoyada en herramientas y alimentada con el acceso a información de todo tipo (interna y externa), cambia por completo la forma de trabajar.

Pero la clave de esta revolución es que es el usuario final es quien decide qué información necesita y cómo quiere estudiarla. El que busca fuentes con las que enriquecer la información de que dispone y tomar decisiones. No olvidemos que los sistemas corporativos están focalizados por actividad.

Para ver información cruzada de tipo comercial en relación con una determinada instalación, por ejemplo, una persona debe extraer datos de dos sistemas distintos, y combinarla. El PC le permite hacerlo, y con ello, identificar situaciones que antes era imposible detectar.

Dentro de la complejidad de cada organización, cada usuario se convierte en especialista en un determinado aspecto de una actividad. Ya no hay perfiles ni formación genéricos. El empleado recibe una “misión”, herramientas y debe identificar qué necesita para llevarla a cabo.

Su primera preocupación es encontrar fuentes de información que le puedan ayudar a organizar su trabajo en la maraña de sistemas corporativos. Todo el mundo quiere “bajarse” a su PC los listados de resumen del estado de las distintas operaciones para estudiar, combinar y cruzar datos.

La demanda de información de los sistemas corporativos se dispara y, difícilmente, pueden éstos responder. Por dos razones: están diseñados para ejecutar procesos con una fiabilidad y trazabilidad máximas para que las consultas de operaciones concretas sean rápidas. Eso hace que las consultas generales o masivas penalicen enormemente el rendimiento, o sean sencillamente imposibles.

Además, cada sistema tiene sus peculiaridades de cara a esas consultas. La barrera de entrada de aprendizaje de qué información tiene cada uno, qué significan las codificaciones utilizadas, cómo se obtiene un listado, etc., es de años.

Por todo ello, se hace necesario crear unas infraestructuras específicas que faciliten el acceso normalizado a la información que reside en diferentes sistemas e, incluso, que elabore cruces y combinaciones relevantes en esa información. Han nacido los data warehouse como intermediarios entre los usuarios y los sistemas corporativos para salvar las barreras de acceso a la información final y realizar el primer procesado de información. Sigue siendo usuario quien realiza el procesado final a partir de una gran variedad de fuentes para crear en su PC las herramientas de su trabajo. Pero el primer desgaste de obtener y tratar información se realiza desde el data warehouse.

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Los data ware houses vinieron a resolver el acceso masivo a información de los Sistemas Operacionales, necesario para las tareas de análisis realizadas por cada usuario. Facilitan el acceso a información de manera estándar, sin necesidad de conocer los detalles de los Sistemas de los que proceden. Imagen: Mª Teresa Herrero, con elementos de Adobe Stock

Hemos pasado de una organización centrada en lo operativo a una organización centrada en las actividades de análisis, decisión y adaptación a las condiciones de mercado. Algo clave para mantenerse a flote en un entorno fuertemente competitivo y en continuo cambio.  

Ya podemos dar la bienvenida a la 4ª era de las tecnologías de la información.

4ª era: Software vs. Service + Cloud. ¿Quién se pondrá a la cabeza?

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Sin la perspectiva de la historia, que nos ha ayudado a comprender las eras anteriores, resulta difícil explicar los enormes cambios que estamos viviendo. Entregar a los usuarios una herramienta versátil con la que acceder y facilitar información, el PC, cambió por completo la empresa.

Los modelos de computación en la nube (cloud) y de uso de software como servicio (SaaS) repiten ese proceso, esta vez sin necesidad de poner esos medios en nuestras mesas de trabajo. El enorme desarrollo y ubicuidad de las redes de comunicación de los últimos 20 años lo han hecho posible.

Hoy día, un trabajador que necesita analizar mucha información ya no está limitado por las capacidades de su PC. Puede acceder a potentes recursos de computación en la cloud, y a software especializado, que excede con mucho las posibilidades de las aplicaciones ofimáticas. Esta nueva revolución vuelve a estar en manos de las aplicaciones y usos que desarrollen los usuarios, y tendrá lugar al ritmo en que estos incorporen y propongan nuevas formas de trabajar.

La transformación digital es cuestión de tiempo. El que necesiten los usuarios para descubrir cómo sacar provecho a estas nuevas posibilidades. Con ello podrán desarrollar sus nuevas herramientas y formas de intercambiar información en la empresa. Se trata de un cambio en visión del mundo, hábitos y habilidades. Eso que de ninguna manera se puede forzar “desde fuera” o “desde arriba”. Es una cuestión de aprendizaje y de descubrimiento individual. No olvidemos que el aprendizaje es 10% formal, 20% social y 70% experiencial.

La revolución del PC dio lugar a unas empresas completamente distintas, gracias a todos los cambios que provocaron los usuarios. Si queremos repetir este caso de éxito hemos de hacer lo mismo que entonces: demos medios a los usuarios y dejémosles hacer lo que mejor saben: experimentar y crear cosas nuevas. Ellos harán el resto.

Y, mientras esperamos, presuman ante sus hijos de haber protagonizado antes que ellos una verdadera revolución digital.

Si quieres visualizar el texto nativo, pincha aquí.

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