La revolución silenciosa de China: está dominando un sector que será clave (y no nos hemos dado cuenta)

Si buscamos industrias en las que China pretende establecer su dominio a nivel global, es lógico pensar en los coches eléctricos y la inteligencia artificial generativa. Pero existe un sector en el que está avanzando con una revolución silenciosa de la que muchos somos ajenos. Nos referimos a la generación de electricidad a través de métodos renovables, especialmente de la energía solar. La nueva apuesta del gigante asiático son las placas solares, que en los últimos años han multiplicado su presencia por la geografía china a un ritmo demoledor.

Un reciente reporte de The New York Times echó luz a la brutal expansión de los parques fotovoltáicos que China está llevando a cabo, con miles y miles de placas solares establecidas en terrenos de una vasta extensión. La citada publicación hace especial hincapié en lo que sucede en la meseta tibetana, donde los proyectos para la generación de electricidad a través de energía solar se ven beneficiados por las condiciones climáticas y de terreno.

Uno de los ejemplos de la escala del proyecto es el Parque Solar Talatan, que ocupa casi 420 kilómetros cuadrados en la provincia de Qinghai. Dicha región reúne condiciones que la hacen ideal para el plan de China de incrementar la generación de energía eléctrica a través de placas solares. La altura del lugar, que ronda los 3.000 metros, hace que el aire sea más fino y que el sol ilumine más fuerte. Pero no solo eso, el terreno es mayormente plano, lo que facilita la instalación de los paneles. Y gracias a las bajas temperaturas, su funcionamiento se mantiene en niveles óptimos.

La apuesta de China por las placas solares

La apuesta de China por las placas solares

La instalación de enormes granjas de placas solares es parte de un ambicioso plan de China para generar electricidad barata a través de energías renovables. Claro que los asiáticos no ponen todas sus fichas en el sol, pues también se ha multiplicado la instalación de turbinas eólicas. Un cambio significativo, considerando que el país históricamente ha dependido del carbón y las represas hidroeléctricas para generar electricidad.

Ojo, que esto no significa que China vaya a dejar de quemar carbón de la noche a la mañana. Todavía lo hace en cantidades impactantes, superando a cualquier otro país en el mundo. Pero el empuje por las energías limpias le ha llevado a lograr avances que también opacan los esfuerzos de otras naciones por ampliar la generación y adopción de electricidad proveniente de fuentes renovables.

La velocidad con la que China está expandiendo la instalación de placas solares y turbinas eólicas es sorprendente. Según publicó The Guardian, solo entre enero y mayo de 2025 el gigante asiático añadió 198 gigavatios (GW) de capacidad solar. Para hacer el dato todavía más implacable, 93 gigavatios se sumaron únicamente durante mayo. Esto equivalió a un ritmo de implementación de unos 100 paneles solares por segundo. Contabilizando solamente la expansión de la capacidad de sus parques fotovoltáicos del quinto mes del año pasado, el gigante asiático ya podía generar tanta electricidad como algunos países europeos como Suecia o Polonia, indicaba el reporte británico.

Las razones detrás del empuje por las energías renovables

China es el país que más contamina, pero se ha propuesto cambiar eso. O al menos eso es lo que ha prometido Xi Jinping. En 2025, el presidente chino prometió un recorte de las emisiones en toda su economía, así como multiplicar por 6 la adopción de energías renovables. Por supuesto que este plan no se basa en buenas intenciones.

Multiplicar la instalación de placas solares y parques eólicas en China busca disminuir la importación de carbón, petróleo y gas natural. Según el reporte de NYT, la electricidad generada en Qinghai es hasta un 40 % más barata que la que se genera con carbón. El gigante asiático aspira a establecer redes que permitan ampliar el uso de electricidad proveniente del sol y el viento para impulsar sus trenes y coches eléctricos. Pero también, y como no podía ser de otra manera, sus centros de datos para impulsar modelos de inteligencia artifical.

Incluso se menciona que la idea es aprovechar las condiciones climáticas de Qinghai no solo para generar energía limpia, sino también para instalar más instalaciones para servidores de IA. Al ser una región fría, se reduciría en hasta un 40 % su consumo de electricidad debido a la menor necesidad de refrigeración de los equipos.

No todo es color de rosa en la apuesta china por las placas solares

No todo es color de rosa en la apuesta china por las placas solares

La capacidad fotovoltáica instalada de China medida en gigavatios ha crecido exponencialmente durante la última década. En 2025 alcanzó los 1.080 GW, cuando en 2015 apenas superaba los 45 GW. Pero este crecimiento ha despertado críticas a nivel internacional, con denuncias por el presunto uso de mano de obra forzada para producir las placas solares que se han expandido por la geografía china. También por el desplazamiento de poblaciones para la instalación de parques fotovoltáicos.

Pero esto no es todo. Mucho antes de que el boom por la energía solar en China, ya existían denuncias por la contaminación que provocaban los fabricantes de placas solares. En 2008, cuando la capacidad fotovoltáica instalada del gigante asiático era de solo 0,14 gigavatios, un reporte de The Washington Post reveló que las fábricas de paneles estaban vertiendo tetracloruro de silicio, una sustancia altamente tóxica que se desprendía de la producción de silicio policristalino, en terrenos adyacentes a sembradíos o escuelas.

Al igual que en otras industrias (coches eléctricos, por ejemplo), China ha destinado muchísimo dinero para subvencionar la producción e instalación de placas solares. Esto ha sido vital para favorecer la expansión de los parques fotovoltáicos, pero también ha provocado un exceso de oferta de paneles solares.

Los principales fabricantes de placas solares de China están registrando importantes pérdidas, según un reporte de Bloomberg. A la subida de precio del silicio policristalino, recientemente se le ha sumado otro problema a la industria: el encarecimiento de la plata. Dicho metal se usa como pasta en los paneles solares para crear contactos eléctricos, explica dicho medio. Y como si esto fuera poco, Beijing ya les ha dado un tirón de orejas a los fabricantes para que no acuerden ni coordinen en puntos cruciales como precios y volúmenes de ventas, ni tampoco en capacidad de producción.

Evidentemente, China no piensa quitar el pie del acelerador en un sector donde acapara el 80 % de la producción global de placas solares. Una revolución silenciosa con ramificaciones globales que seguro seguirá dando de qué hablar.


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