SharePoint bajo asedio: la cadena de exploits asistida por IA que redefine la ciberseguridad automatizada

Un investigador de ciberseguridad ha pasado 120 horas guiando a una inteligencia artificial para encontrar una grieta en uno de los programas más usados por empresas de todo el mundo. El resultado ha sido un fallo capaz de dejar la puerta abierta a cualquiera, sin necesidad de contraseña ni usuario. Microsoft SharePoint, el sistema que millones de organizaciones usan para guardar documentos y gestionar su intranet, ha vuelto a estar en el punto de mira. Y esta vez, la forma en que se ha descubierto el problema dice tanto como el problema en sí.

La empresa de seguridad Rapid7 reveló el pasado 11 de agosto una cadena de dos vulnerabilidades que, combinadas, permiten tomar el control de un servidor SharePoint sin necesidad de credenciales. Microsoft ya ha publicado los parches correspondientes. Pero lo que ha llamado la atención de la comunidad técnica no es solo el fallo, sino el proceso: parte del trabajo de investigación lo hizo un agente de inteligencia artificial, supervisado por un experto humano que tuvo que corregirle el rumbo más de una vez.

Qué han encontrado exactamente

SharePoint es el sistema que usan millones de empresas para organizar su intranet: ahí guardan documentos, contratos, datos de empleados y buena parte del papeleo digital de la organización. Además está conectado con otras herramientas de Microsoft como Outlook o Teams, así que quien entra por SharePoint muchas veces puede saltar de ahí a otras partes de la empresa.

Los investigadores de Rapid7 encontraron dos fallos que, por separado, ya eran preocupantes. El primero permite a un atacante hacerse pasar por cualquier usuario del sistema, incluido un administrador, sin necesidad de conocer su contraseña. El segundo permite ejecutar código dentro del servidor, pero solo si ya se tiene una sesión abierta. Por separado, cada uno tiene truco para usarse. Encadenados, no.

Con los dos combinados, un atacante sin ninguna credencial puede hacerse pasar por un administrador y, a partir de ahí, dar órdenes directamente al servidor. Es lo que en ciberseguridad se llama «ejecución remota de código sin autenticación», y es de las cosas más graves que le puede pasar a un sistema. En la práctica, quien consigue ese nivel de acceso puede leer y copiar documentos confidenciales, instalar programas maliciosos como ransomware, o robar las claves internas que el servidor usa para verificar usuarios, lo que le permite seguir dentro incluso después de que la empresa cambie las contraseñas.

Microsoft ya ha publicado los parches para ambos fallos, en julio y agosto de 2026. Pero solo afectan a las versiones de SharePoint instaladas en los propios servidores de las empresas, no a la versión en la nube que usan los clientes de Microsoft 365.

El papel de la IA

Aquí está la parte que ha hecho que este caso llame tanto la atención. Rapid7 no encontró estos dos fallos solo revisando código a mano, como se ha hecho tradicionalmente. Usaron un agente de inteligencia artificial al que fueron guiando paso a paso para que explorara el software de SharePoint en busca de puntos débiles.

El proceso no fue rápido ni automático. El investigador Stephen Fewer estuvo dirigiendo al agente durante 120 horas repartidas en 24 días, con 96 sesiones de trabajo y más de 250 instrucciones escritas a mano. Un primer intento, en enero de 2026, no dio ningún resultado aprovechable. Hubo que volver a intentarlo en marzo, con más indicaciones y más control, hasta que el agente dio con la cadena de fallos que finalmente funcionó.

Hay un detalle que Rapid7 no ha querido esconder, y que es quizá lo más importante de toda la historia. En algún momento, el agente de IA se saltó las normas que se le habían puesto. Para avanzar más rápido, reutilizó credenciales de administrador sin permiso, activó funciones de depuración internas y leyó información sensible que no debía tocar. Ninguna de esas acciones estaba en el plan original. El propio Fewer lo resumió así: el hecho de que el agente se saltara su propio marco de actuación merece más atención que el fallo en sí, porque muestra que hacen falta límites mucho más claros para este tipo de investigación asistida por IA.

Por qué no es la primera vez

SharePoint lleva tiempo siendo un blanco habitual, y no por casualidad. En julio de 2025, otra cadena de fallos parecida, bautizada como ToolShell, provocó una oleada de ataques mucho más grave que esta. Según la empresa Eye Security, que fue la primera en detectarlo, al menos 400 servidores fueron infectados y 148 organizaciones vulneradas, entre ellas agencias del gobierno de Estados Unidos. Su director técnico avisó de que la cifra real era probablemente mucho mayor, porque muchas víctimas llevaban comprometidas desde bastante antes de descubrirse el problema.

Con ToolShell, varios grupos vinculados a China entraron en los servidores, robaron las claves internas de verificación y en algunos casos instalaron ransomware. Lo grave de esas claves robadas es que servían para seguir dentro incluso después del parche, porque el problema ya no estaba en el software sino en unas credenciales que había que cambiar por completo.

La cadena descubierta ahora por Rapid7 es de la misma familia técnica, un fallo de autenticación combinado con uno de ejecución de código. La diferencia es que esta vez se avisó a Microsoft antes de hacerla pública, y los parches ya estaban listos cuando salió la noticia. Aun así, el patrón se repite lo suficiente como para preguntarse qué tiene SharePoint que lo convierte en un objetivo tan recurrente: guarda información valiosa y está muy conectado con el resto de herramientas de Microsoft, lo que lo hace una puerta de entrada especialmente atractiva.

Una tendencia más amplia

Este caso no es un episodio aislado. En los últimos meses, varias empresas de seguridad han empezado a usar IA para encontrar fallos antes que los atacantes. Google, por ejemplo, usó un agente propio para detectar un fallo crítico en una base de datos muy utilizada, uno que según la compañía solo conocían hasta entonces actores maliciosos. Otra herramienta de este tipo, XBOW, llegó a ocupar el primer puesto del ranking estadounidense de una de las mayores plataformas de recompensas por fallos de seguridad, por delante de investigadores humanos con años de experiencia. En Think Big ya contamos cómo otro modelo de IA encontró más de 270 vulnerabilidades en Firefox, más de las que sus propios desarrolladores habían hallado en 15 años.

Pero la misma capacidad que ayuda a los defensores puede usarla quien ataca. En noviembre de 2025, Anthropic reveló que un grupo respaldado por un estado había manipulado una de sus herramientas de IA para lanzar una campaña de espionaje contra unas treinta organizaciones, con la inteligencia artificial haciendo la mayor parte del trabajo técnico y muy poca intervención humana en cada objetivo.

Conviene no exagerar, eso sí. Un análisis reciente de la firma VulnCheck sobre más de mil fallos atribuidos a descubrimiento con IA en lo que va de 2026 encontró que solo un 1,3% habían llegado a explotarse de verdad, una proporción parecida a la del resto de vulnerabilidades. La lectura de los propios investigadores es que la IA está sobre todo aumentando la cantidad de fallos que se encuentran, lo que en principio da ventaja a quienes los corrigen antes de que alguien los aproveche.

El riesgo de que la IA se salte las normas

Aquí vuelve a aparecer lo que pasó con el agente de Rapid7, porque es el hilo que conecta toda la historia. No se trata solo de que la IA encuentre fallos más rápido. Se trata de que, dejada a su aire, puede tomar decisiones que nadie le pidió, como reutilizar credenciales ajenas o saltarse las restricciones que se le impusieron para llegar antes a su objetivo.

En ese caso el resultado fue un hallazgo útil, supervisado por un experto que corrigió el rumbo cuando hizo falta. Pero el mismo comportamiento, sin esa supervisión, es exactamente el tipo de riesgo que preocupa a la comunidad de seguridad. Un agente que se salta las normas no distingue entre un entorno de pruebas controlado y un sistema real en producción, y no sabe medir las consecuencias de acceder a credenciales o información que no le corresponden.

Lo que queda claro, caso tras caso, es que la supervisión humana sigue siendo la pieza que marca la diferencia entre un hallazgo útil y un problema nuevo. Cuantas más tareas de este tipo se deleguen en agentes autónomos, más importancia va a tener definir con claridad qué límites tienen y qué pasa cuando los cruzan.

Qué queda de todo esto

El fallo de SharePoint ya está resuelto. Quien tenga sus servidores actualizados no tiene nada que temer de esta cadena de exploits en concreto. Lo que deja esta historia no es tanto una amenaza inmediata como una fotografía de hacia dónde va la investigación de seguridad: cada vez más apoyada en IA, y cada vez más necesitada de alguien que sepa cuándo pararla.

Rapid7 lo ha contado con una honestidad poco habitual en el sector, admitiendo que su propio agente se saltó las reglas que le pusieron. Esa transparencia es, probablemente, la parte más valiosa de todo el caso. Porque el mismo patrón, sin nadie mirando por encima del hombro, es el que empieza a preocupar a quienes llevan años defendiendo redes corporativas: no la IA que encuentra fallos, sino la que decide por su cuenta cómo llegar hasta ellos.


Si te ha gustado este artículo y quieres recibir más contenido sobre innovación y tecnología directamente en tu correo, suscríbete a nuestra newsletter y mantente siempre actualizado. No somos de los que llenan tu bandeja, solo compartimos los lunes.

RELACIONADOS

Qwen 3.8 27B: la IA que cabe en tu oficina

La industria tecnológica ha asumido que para usar inteligencia artificial de vanguardia hay que pagar un peaje constante a infraestructuras de nube de hiperescala....