• 13 agosto, 2018
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Las nuevas tecnologías que nos ayudarán a predecir tornados

Las espectaculares imágenes que nos han llegado en los últimos días sobre el tornado de Oklahoma, estimado en la categoría EF4, la segunda más fuerte, nos han acercado a una realidad en que el terror y la devastación han arrasado buena parte de la capital de este estado de EEUU, situado en el centro del país.

El propio Centro de Predicción de Tormentas de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica norteamericano describió este fenómeno natural como un «tornado gigantesco y mortífero«, con un diámetro cercano a los tres kilómetros, y una velocidad de más de 300 kilómetros por hora.

Cientos de casas, edificios y diversas infraestructuras fueron devastados a su paso, y lo que es peor, durante su recorrido se llevó la vida de más de una veintena de personas, entre ellas varios niños. De hecho las primeras estimaciones hablaban de un centenar de muertos, debido a la violencia ejercida a su paso por este tornado. Su ferocidad es inusual, ya que tan solo el 1% de estos fenómenos alcanza su velocidad y diámetro.

¿Qué es un tornado?

El Instituto Meteorológico Nacional de Costa Rica define a los tornados como un fenómeno que se produce a raíz de una rotación de aire de mucha intensidad y poca extensión horizontal, que se prolonga desde la base de una nube madre conocida como Cumulunimbus.

Esta base se encuentra a menos de dos kilómetros del suelo, y tiene un gran desarrollo vertical, ya que su tope puede alcanzar los 10 kilómetros de altura. Lo que se conoce como chimenea del tornado no es más que un cúmulo de gotitas de agua, polvo y partículas de desechos.

Cerca del suelo es donde es más abundante la mezcla de polvo y desechos, debido a la baja presión atmosférica, que hace que el aire ascienda. En lo que se conoce como ojo del tornado se pueden llegar a producir descargas eléctricas.

 

Tornado

Según fuentes de la BBC, fue imposible detectar el tornado que arrasó Oklahoma, debido a que sólo pasó media hora entre la tormenta que precedió este fenómeno metereológico y el estallido. Su rapidez de formación, magnitud y velocidad hicieron complicadísimo el aviso a los ciudadanos, de ahí el desastre humano y económico desatado.

Ahora mismo, existen pocos sistemas de detección de tornados, aunque los científicos tratan de desarrollar nuevas y mejores tecnologías que permitan prever y planificar estos fenómenos antes de que tengan lugar.

¿Cómo se detectan los tornados?

En Estados Unidos están bastante habituados a este proceso tan devastador y llamativo, ya que según Pedro Fernández, de la web Cazatormentas, las características orográficas y climatológicas de algunas zonas de este país hacen que sea bastante común el desarrollo de tornados.

La detección de los tornados se realiza de manera habitual mediante el conocido como radar de impulsos Doppler, que es capaz de medir el rumbo, la distancia, altitud y velocidad de un objeto, y gracias al cual podemos tener evidencias de la rotación en tormentas que estén a más de 150 kilómetros de distancia. Sin embargo, el uso de estos aparatos presenta su máxima eficacia cuando la tormenta se encuentra cerca del propio radar. De estar lejos, solo podemos observar la parte superior de la tormenta, pero no su base.

Radar

Debido a las carencias que aún presenta la tecnología radar, los científicos buscan nuevas alternativas para detectar los tornados antes de que el desastre arrase con todo. A finales de 2012, por ejemplo, se presentaba una iniciativa conjunta del Centro de Predicción de Tormentas de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica norteamericano y la NASA, con el objetivo de desarrollar el Satélite Geoestacionario Operacional Ambiental R, que será más conocido como Serie GOES-R.

Su objetivo se centra en que este nuevo sistema de detección pueda predecir más rápido la aparición de tornados, funcionando incluso en horario nocturno. Y es que como hemos visto, los tornados son fenómenos muy difíciles de prever, como de hecho ha ocurrido en el caso de Oklahoma. Sin embargo, los investigadores apuestan por esta novedosa generación de satélites, cuyo primer lanzamiento se producirá en 2015.

Gracias a ellos, podremos tener una imagen mucho más clara de las nubes (dónde están, cómo son, qué altura y humedad presentan), además de conocer su forma de desplazamiento. Esta nueva iniciativa permitiría un adelanto de siete minutos en la detección de los tornados, lo que ofrecería un pequeño margen a las administraciones y los ciudadanos. El tiempo promedio ahora es de 13 minutos, por lo que este adelanto daría 20 minutos en total para que pudiéramos llegar a un refugio y estar a salvo.

Otra de las mejoras en las que se está trabajando en la actualidad es el desarrollo y actualización de los algoritmos conocidos como de detección de firmas de vórtices de tornado. Para analizar sus resultados, han de tenerse en cuenta otros parámetros como el viento del entorno, los perfiles de temperatura, la distancia del radar a la tormenta asociada, etc.

Aunque no son suficientes para detectar por sí solos un tornado, sí que son herramientas muy útiles como indicadores de una fuerte rotación a un nivel superior que eventualmente puede producir un tornado.

El trabajo para promover la mejora de las tecnologías actuales en la detección de tornados es sin duda un desafío importante para metereólogos, físicos e ingenieros. Una previsión más rápida puede salvar vidas en un futuro no demasiado lejano, y también ayudar a evitar catástrofes como la ocurrida hace unos días en Oklahoma, Estados Unidos. Sin duda, el avance de esta área de la ciencia mejorará la seguridad de toda la ciudadanía.

Imágenes | Wikipedia, Wikipedia II, Flickr

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