Pasamos casi un tercio de la vida durmiendo y aun así seguimos sin saber del todo qué ocurre ahí dentro, sobre todo durante el sueño REM, la fase en la que tienen lugar los sueños más vívidos. Un equipo de la Universidad de Texas en Austin ha creado un parche que se pega en la sien y que, en un estudio de laboratorio, adelantó esa fase 43 minutos de media, un resultado que interesa tanto por lo que apunta sobre el sueño como por la tecnología que hay detrás.
Por qué el REM tiene a tanta gente pendiente
Durante la noche el cerebro repite varias veces un ciclo que va del sueño ligero al profundo, y en cada vuelta aparece el REM, un momento extraño en el que la actividad cerebral se parece a la de la vigilia, los ojos se mueven bajo los párpados y el cuerpo queda casi paralizado. Se concentra en la segunda mitad de la noche, así que es de las primeras fases que se resienten cuando dormimos poco.
Los investigadores le siguen la pista porque parece intervenir en cómo gestionamos las emociones. Una de las hipótesis más citadas, la del neurocientífico Matthew Walker, propone que durante el REM el cerebro revisa los recuerdos con carga emocional mientras la noradrenalina, una molécula ligada al estrés, está en niveles muy bajos, de modo que conservamos el recuerdo y perdemos parte de su peso. Es una idea influyente, aunque todavía discutida, y las alteraciones de esta fase se han asociado con la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático. Ese último campo interesa especialmente a DARPA, la agencia de investigación del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que financia este proyecto.

Un parche que estimula y escucha
El parche, llamado NEUSLeeP, une en una misma pieza flexible dos tareas que normalmente van separadas. La primera es estimular. Un conjunto de ocho anillos emite ultrasonidos de baja intensidad que atraviesan el cráneo por la sien, donde el hueso es más fino, y se concentran en el núcleo subtalámico, una zona profunda situada a unos siete centímetros de la piel. La idea se parece a la de una lupa con el sol, porque las ondas por separado apenas hacen nada y solo en el punto donde convergen tienen energía suficiente para influir en las neuronas.
Esa zona no se eligió al azar. Es una pieza clave de los ganglios basales, la región que ya se estimula con electrodos implantados en algunas personas con párkinson, y en esos casos se ha visto que aumenta el tiempo de REM. Hasta ahora llegar hasta ahí exigía una operación de cerebro, y el equipo de Kai Wing Tang y Huiliang Wang, que ha publicado el trabajo en Nature Communications, plantea que el ultrasonido puede hacerlo desde fuera y sin fármacos.
La segunda tarea es escuchar. El parche lleva sensores que registran la actividad cerebral, el movimiento de los ojos y el tono muscular, que son las tres señales con las que un laboratorio reconoce el REM, y todo va sujeto con un adhesivo que se agarra bien incluso a piel con vello o grasa. Pesa algo más de cien gramos, y en una prueba previa con tres personas las fases que detectó coincidieron en buena medida con las de un gorro de EEG comercial de 32 canales.
Una noche simulada y otra de verdad
Antes de dormir a nadie, el equipo comprobó con una resonancia en 16 voluntarios que el ultrasonido llegaba de verdad a la zona buscada. Para el estudio de sueño reunió después a 28 adultos, 16 sin problemas para dormir y 12 con un mal dormir leve. Cada una pasó dos noches seguidas en un laboratorio, la primera con el parche apagado y la segunda con la estimulación en marcha, en cinco bloques de cinco minutos repartidos a lo largo de la noche para coincidir con los ciclos del sueño.
El transductor emite un leve chirrido, así que las dos noches se enmascaró con ruido blanco, y quien clasificó las fases del sueño no sabía cuál de las dos estaba mirando. Con el parche activo, el tiempo hasta la primera fase REM bajó de casi tres horas a unas dos horas y cuarto, una diferencia de 43 minutos de media, y el REM ganó unos 16 minutos del total de la noche. Lo más curioso es que el resto del sueño apenas se movió, ni los despertares ni el sueño profundo, como si el efecto se hubiera quedado en esa fase. Además, entre quienes dormían bien mejoró a la mañana siguiente la variabilidad de la frecuencia cardiaca, un indicador que se relaciona con la respuesta al estrés.

Lo que conviene leer con calma
Los propios autores reconocen que el orden de las noches era siempre el mismo, que no hubo un grupo de control en paralelo y que solo se probó una noche con estimulación, así que no se sabe si el efecto dura ni si se acumula. Tampoco pueden descartar un efecto placebo. Y hay un detalle que pesa bastante, el llamado efecto primera noche, conocido desde los años sesenta, según el cual la primera noche en un laboratorio trae menos REM y más tarde que la segunda, de modo que parte de la mejora podría venir simplemente de que los participantes ya estaban más acostumbrados.
Los resultados tampoco apuntan todos en la misma dirección. En el grupo que dormía peor, la reducción del tiempo hasta el REM no fue significativa y, ante imágenes de caras enfadadas, la amígdala mostró más actividad en la resonancia de la mañana, algo difícil de leer como una mejora emocional. El parche, además, iba conectado por cable a un equipo de investigación y su colocación requirió una resonancia previa, así que está lejos de cualquier uso en casa. Por ahora no hay valoraciones independientes de peso, de modo que el trabajo espera a que otros grupos lo reproduzcan.
Del laboratorio a la mesilla de noche
La tecnología del sueño que llega hoy a casa se ha dedicado sobre todo a medir. Anillos, relojes y pulseras estiman cuánto tiempo pasamos en cada fase a partir del pulso y el movimiento, y algunas diademas emiten sonidos sincronizados con las ondas cerebrales para facilitar el inicio del sueño, un terreno que ya repasamos en otro artículo sobre tecnología del sueño. NEUSLeeP intenta ir un paso más allá, porque no se limita a registrar la noche y busca intervenir en una fase concreta desde un dispositivo que cabe en la sien.
El recorrido que queda es largo. Hay una patente solicitada y el equipo trabaja con la oficina de transferencia de la universidad para llevar el producto al mercado, pero no se ha anunciado ni precio ni fecha, y los autores hablan de ensayos más grandes y con control simulado, de seguimientos de varias semanas y de una estimulación que se active sola al detectar el REM, antes de probarlo en estrés postraumático, depresión o insomnio crónico.
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