bombillas incandescentes

¿Volverán las bombillas incandescentes a ser una realidad gracias a la nanotecnología?

Un trabajo del MIT y la Universidad de Purdue permite soñar con "resucitar" las bombillas incandescentes, gracias a la aplicación de la nanotecnología.

En 2008, la Comisión Europea esbozó el final de las bombillas incandescentes. La decisión abría una nueva etapa en el campo de la iluminación, marcado por la invención desarrollada por Edison hace más de un siglo. Con la legislación planteada, la UE mostraba su interés en promover sistemas más eficientes, como las bombillas incandescentes con tecnología halógena o la iluminación tipo LED.

La muerte de las bombillas incandescentes tradicionales se produjo el 1 de septiembre de 2012. Su duración -estimada en mil horas- y su precio -que rondaba los 0,75-1,5 euros- eran razones suficientes para que la administración europea impulsara otras alternativas. Según publicaba El Mundo, las bombillas incandescentes mejoradas ahorraban entre un 20 y un 30%, las fluorescentes compactas un 80% y las de tipo LED un 90%. La razón de la ineficacia de las bombillas incandescentes clásicas también había sido estimada a nivel cuantitativo: el 95% de la energía que consumían se transformaba en calor, no en luz.

Pero la nanotecnología podría permitir que las bombillas incandescentes, en contra de lo previsto, «resucitasen». Al menos eso apunta un trabajo publicado en Nature Nanotechnology, en el que científicos del Massachusetts Institute of Technology y la Universidad Purdue logran desarrollar una especie de «filtro nanofotónico» que consigue «reciclar» parte de la energía que se pierde tradicionalmente.

bombillas incandescentes

La iluminación incandescente se basa en calentar un filamento a una elevada temperatura, con el objetivo de que emita luz. Investigaciones anteriores ya habían logrado diseñar «cristales nanofotónicos» para evitar las pérdidas energéticas que se producían, pero no habían sido capaces de implementar filtros que pudieran sortear esta ineficacia a elevadas temperaturas (superiores a los 1.000 K). En su artículo, sin embargo, los científicos norteamericanos demuestran que la nanofotónica puede «reciclar» fotones que en otros casos se habrían inutilizado a temperaturas que rondan los 3.000 K.

Si consiguieran aplicar estos filtros a las bombillas incandescentes convencionales, la eficacia de la iluminación rondaría el 40%, un porcentaje que supera el rendimiento de las tecnologías actuales, según los autores del trabajo. Así son capaces de demostrar de forma preliminar que podría desarrollarse un emisor incandescente con una eficiencia parecida a la de los fluorescentes comerciales y las bombillas LED, pero que tendría una «reproducción excepcional de los colores» y sería escalable a nivel industrial.

El equipo de Marin Soljacic, por tanto, ha puesto la primera piedra para recuperar el calor perdido en forma de radiación infrarroja mediante la aplicación de una solución nanotecnológica. Lo han hecho construyendo un filtro selectivo que permite el paso de fotones visibles, pero no de los fotones infarrojos, que son reflectados de nuevo hacia el filamento incandescente. Un ingenioso método para «reciclar» la energía que antes se perdía y que, tal vez en un futuro no muy lejano, podría hacernos recuperar las bombillas un día diseñadas por Edison.

Imágenes | Torange, MIT

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