3Doodler, un bolígrafo para dibujar objetos físicos

3Doodler, un bolígrafo para dibujar objetos físicos

Recientemente se ha publicado en Kickstarter, el popular sitio de crowdfunding en la Red, un anuncio que explica un proyecto singular llamado 3Doodler. Se trata de un bolígrafo capaz de pintar en 3D, es decir, crear figuras físicas a medida que se desplaza en el aire de la mano de su portador. Si la novedad de las impresoras 3D está causando sensación, este objeto no se ha quedado atrás: a los dos días su recaudación ya superaba el millón de dólares cuando su meta eran 30.000 dólares.

La impresión en 3D es una de las tecnologías más novedosas de los últimos años. Tiene la particularidad de conectar el mundo virtual con la realidad física. Un diseño sobre un programa de ordenador puede ser reproducido por una máquina con exactitud. No se necesitan instalaciones de tipo industrial ni diferentes robots para cada pieza. Por ello el proceso ha sido visto como una forma de popularizar la creación industrial.

La diferencia con respecto a las impresoras 3D

El concepto del 3Doodler difiere del que siguen las impresoras 3D, aunque se sirve de una base tecnológica común. No está enfocado a reproducir modelos que modificamos a nuestro antojo en la pantalla del ordenador. Se salta ese paso y va directamente a la creación manual. El usuario está construyendo un objeto mientras pinta, ya sea sobre el papel, con relieve, o haciendo formas en el aire.

Las impresoras 3D están construidas de manera que al recibir las instrucciones del software hagan el trabajo de forma automática. El usuario se desentiende en este punto del proceso, el trabajo lo ha realizado antes, al diseñar el modelo virtual. El bolígrafo 3D ofrece un proceso quizá más rudimentario pero también más controlado por la persona que lo maneja.

Ni mucho menos las funciones de ambos dispositivos son las mismas. El 3Doodler es sencillamente una forma diferente de acceder a la impresión 3D. El bolígrafo pesa algo menos de 200 gramos y expulsa a través de su punta plástico fundido ABS (utilizado en impresoras 3D) o PLA (hecho de maíz y biodegradable), según escoja el usuario.

Los creadores del proyecto, Peter Dilworth y Max Bogue, tienen intención de comercializar este bolígrafo por un precio realmente asequible: 75 dólares. Se trata de una iniciativa que, de llevarse a cabo, puede contribuir a que mucha gente se familiarice con la impresión en 3D, aunque sea desde una perspectiva más manual.

3doodler

Para qué sirve pintar realidades

La página de Kickstarter que anuncia el proyecto ofrece una atractiva muestra de las posibilidades del 3Doodler. Una reproducción de la Torre Eiffel, diferentes tipos de animales o edificios han sido creados utilizando el bolígrafo.

Los creadores introdujeron previamente el producto a artistas que trabajan con alambre. Éstos lo han probado y sus creaciones han sido publicadas junto con el anuncio. Pero aparte de este tipo de público muy especializado, 3Doodler tiene las capacidades para convertirse en una herramienta de ocio para cualquier interesado.

El entretenimiento y la diversión se postulan como uno de los principales usos del dispositivo. Aunque no está indicado para niños menores de 12 años, según han explicado sus creadores, debido a la alta temperatura (270 grados) que alcanza la punta del bolígrafo cuando expulsa el plástico.

Pero un bolígrafo 3D de este tipo podría tener otras aplicaciones. La enseñanza sería una de ellas. Los alumnos lo podrían utilizar como herramienta de aprendizaje en ciertas materias para comprobar conceptos como la perspectiva o incluso como instrumento creativo en artes plásticas. Los docentes serían capaces de crear modelos para ilustrar más cómodamente sus explicaciones, por ejemplo en una clase de química sobre los enlaces entre moléculas.

En el ámbito profesional y empresarial, los diseñadores podrían sacarle partido para visualizar más fácilmente algunas de sus creaciones o hacer pruebas antes de aprobar un modelo. El 3Doodle permitiría mostrar estructuras industriales antes de crear una maqueta más completa.

Los planos de cualquier objeto que vaya a ser construido podrían saltar a las tres dimensiones con fines explicativos, si sobre el papel aparecen demasiado complejos. Además, algunos pequeños comerciantes que basan sus ventas en la originalidad de sus diseños, como figuras de alambre, de madera o de diferentes metales, podrían encontrar una nueva forma para diferenciarse.

Fábricas en el hogar

La impresión en 3D va camino de popularizarse. Ahora existen máquinas relativamente asequibles y no sólo una empresa podría permitirse el lujo de utilizar este tipo de impresoras. También en el hogar se podrá disponer de un dispositivo así. Esto abre un abanico de posibilidades a la creación. Pero no a la creación artística sino a la producción con tintes industriales.

Es cierto que una impresora 3D no se puede comparar con una cadena de producción de una fábrica. Sin embargo, estas máquinas son capaces de construir objetos que antes se quedaban en la imaginación de la gente o pintados en un papel. Lo más complicado de construir una figura decorativa no es imaginarla o incluso dibujarla (ahí entra en juego la habilidad de cada uno) sino hacerse con los materiales necesarios y moldearlos de manera que quede como queríamos.

Las impresoras 3D llevan a cabo el paso más complicado de la creación. Además, son capaces de reproducirlo muchas veces y hacer del resultado un producto comercial, sin necesidad de encargar su fabricación a un tercero. Aunque la capacidad de producción no sea la misma que la de una planta industrial, sí se pueden crear réplicas iguales.

A un nivel más mundano, se puede pensar imprimir parte del mobiliario o los utensilios de una casa. En el futuro, una máquina de estas características podría imprimir platos o cubiertos, así como una balda para sostener libros o una pata de una mesa que se ha roto.

Sobre el autor

Pablo G. Bejerano

Periodista especializado en nuevas tecnologías. Interesado en todo lo que tenga que ver con Internet y sus posibilidades para cambiar la vida de las personas. Más artículos del autor »