En el mundo de la tecnología, el uso de materiales raros es una constante. Esto sucede tanto en dispositivos que tenemos a nuestro alcance y que son de uso diario, como en equipos más complejos y especializados con los que unos pocos pueden interactuar de forma recurrente. Y lo mismo aplica para otras implementaciones, como puede ser en el caso de la industria aeroespacial y armamentística.
La enorme mayoría de las personas desconocemos la procedencia de lo que se ha usado para construir nuestros móviles, ordenadores, coches o relojes inteligentes. Es un hecho que cuando tomamos el teléfono para responder un WhatsApp no nos preguntamos cuántos materiales raros puede haber en nuestras manos. O cuando lanzamos un videojuego en el PC, tampoco pensamos en si la GPU está fabricada con componentes cuyos «ingredientes» son extremadamente difíciles de conseguir; solo nos interesa llegar a los cuadros por segundo anhelados.
Pero los casos especiales no se limitan a los materiales raros en su expresión más convencional. Por ejemplo, las tierras raras o ciertos tipos de metales. También son conocidos los casos de compañías que han desarrollado componentes extremadamente insólitos que, por causalidad o casualidad, se han convertido en partes cruciales del sector tecnológico. A tal punto que la concentración que algunas empresas (o países, incluso) ostentan sobre su desarrollo puede poner a la industria patas arriba.
Materiales y componentes raros que son el «oro invisible» del mundo tecnológico
Estos son algunos de los casos más notorios de materiales y componentes raros. Es una selección arbitraria para ilustrar su importancia en el sector tecnológico:
Los mandriles electroestáticos de Toto, el fabricante japonés de inodoros

El caso de Toto se ha viralizado en las últimas semanas gracias a un reporte del Financial Times sobre su injerencia desconocida en el mundo de la IA y los chips en general. La compañía nipona es mundialmente famosa por sus inodoros inteligentes, pero lo que muchos no saben es que ha usado su maestría sobre la cerámica para desarrollar un componente crucial para la industria de los semiconductores. Se trata de mandriles electroestáticos o ESC, por sus siglas en inglés.
En el mundo de la mecánica, un mandril es una pieza que se usa, por ejemplo, para sostener y asegurar una pieza que se debe tornear. En el caso de Toto, sus mandriles electroestáticos de cerámica son los que se utilizan para sostener las obleas de silicio durante el proceso de fabricación de semiconductores, lo que reduce la contaminación. Y se espera que el uso de este desarrollo se incremente todavía más a medida que el desarrollo de chips continúe elevando su complejidad. La acción de Toto se ha disparado en los últimos meses.
Ajinomoto, de los condimentos a tu CPU y GPU

Al igual que con Toto, el caso de Ajinomoto es uno que de tanto en tanto resurge y da de qué hablar. Esta empresa japonesa se ha ganado un lugar de renombre en el mundo de la alta cocina gracias al glutamato monosódico, popularmente conocido como MSG. Si alguna vez viste vídeos de youtubers como Joshua Weissman, Uncle Roger o Guga, seguro estás familiarizado con este potenciador de sabor.
Sin embargo, Ajinomoto también está vinculado al mundo de los semiconductores. Como sucede con Toto, esta empresa no provee materiales raros, pero sí componentes raros. Más precisamente, es la responsable del Ajinomoto Build-up Film o ABF. Se trata de una película termoendurecible de alta durabilidad que funciona como aislante eléctrico y que desde hace más de dos décadas y media convive en el interior de cuanta CPU o GPU llegue al mercado. Los japoneses acaparan una cuota de mercado de más del 95 %, lo que ha llevado a que se le señale como la causante de la escasez de chips de 2021.
Coltán, uno de los grandes dilemas de la industria tecnológica
El coltán es un mineral compuesto por columbita y tantalita, del que se extrae el tántalo. A diferencia de los ejemplos anteriores, aquí sí entramos en la categoría de materiales raros propiamente dicha. El tántalo es crucial para la miniaturización de los dispositivos electrónicos de consumo masivo que disfrutamos en la actualidad. Desde móviles y portátiles, hasta televisores, por solo mencionar los más cotidianos. Esto se debe a su uso para desarrollar condensadores electrolíticos de poco tamaño, pero de gran capacidad.
El gran dilema del coltán es su procedencia, pues la República Democrática del Congo es uno de los países donde más se mina. Si bien no es el único sitio donde se extrae, se estima que allí están hasta un 80 % de las reservas mundiales. Aunque es importante aclarar que los reportes al respecto son contradictorios. No obstante, existen informes que apuntan a que la mayor parte del coltán de la República Democrática del Congo se mina ilegalmente y se contrabandea a países vecinos. Y que esto se ha aprovechado para financiar los conflictos militares del país.
Galio, germanio y la hegemonía china sobre los materiales raros

Si de materiales raros hablamos, no podemos evitar una mención al galio y el germanio. El primero es crucial para el desarrollo de chips de radiofrecuencia para redes 5G y que también tienen implementación en móviles y equipamientos satelitales y de radar. El segundo, en tanto, tiene una implementación fundamental en la fibra óptica y equipamientos aeroespaciales y militares.
Estamos hablando de materiales raros que se obtienen del procesamiento del carbón y el zinc (germanio), y del refinamiento del aluminio (galio). De modo que se trata de subproductos de otros procesos industriales. Lo curioso es que China tiene un dominio prácticamente total sobre el suministro de estos. Esto incluso ha obligado a empresas occidentales a enviar su producción de tierras raras al gigante asiático para que se encarguen de su refinamiento.
Estos son unos pocos casos de materiales y componentes raros fundamentales en el desarrollo de tecnologías de uso diario, pero cuya procedencia ignoramos. Su control en manos limitadas también tiene consecuencias importantes en el mercado, pudiendo generar cuellos de botella o fluctuaciones de precio. Algo que ya vimos durante la pandemia y con la guerra comercial entre EE. UU. y China.








