Estados Unidos le ha declarado la guerra al doomscrolling, llevando al banquillo a dos de las plataformas más populares de la actualidad: Instagram y YouTube. La red social de Meta y la plataforma de vídeos de Google son protagonistas de un juicio histórico en el que un jurado dictaminó que se crearon para ser adictivas por diseño, lo que puede cambiar su funcionamiento para siempre.
Para quienes no lo tengan presente, el doomscrolling es la práctica de deslizar continuamente la pantalla en un feed vertical consumiendo contenidos sin parar. El significado original de la expresión apunta al consumo de publicaciones negativas o deprimentes, pero se ha generalizado su aplicación a cualquier tipo de situación de visualización compulsiva de material a través de redes sociales o medios informativos, debido a su impacto en la salud mental de las personas.
Es, justamente, el componente adictivo de Instagram, YouTube y otros servicios de alcance masivo, el que se encuentra bajo la lupa por estos tiempos en Estados Unidos. La demanda que ha llevado a estas plataformas a juicio, que originalmente incluía también a TikTok y Snapchat, aunque estas llegaron a un acuerdo extrajudicial, no buscaba determinar si eran o no adictivas. Una gran cantidad de estudios e investigaciones abordaron el asunto con bastante profundidad, exponiendo los efectos del uso prolongado de este tipo de apps sobre el público, especialmente los adolescentes.
Lo que el juicio intentaba definir (cosa que finalmente hizo) era si el componente adictivo de Instagram y YouTube se había creado con dicha finalidad en mente. El veredicto determinó que efectivamente era así; que sus algoritmos fomentan el doomscrolling y el consumo compulsivo de forma intencional, lo que pone a Meta y Google contra la pared. Históricamente, las redes sociales estuvieron amparadas por la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones. Sin embargo, el panorama cambia desde aquí.
El veredicto contra Instagram y YouTube en el caso Kaley

A lo largo de los años, tecnológicas como Meta y Google han recibido un sinfín de demandas. Pero esta fue diferente. Por primera vez, un tribunal elevó a juicio una presentación encabezada por una joven de 20 años identificada como Kaley. La misma aseguró que Instagram y YouTube la hicieron adicta a las redes, llegando a pasar hasta 16 horas de un solo día pegada a la pantalla y haciendo doomscrolling.
Según la demandante, su primer contacto con YouTube fue a los 6 años, mientras que empezó a usar Instagram a los 9. De acuerdo con su testimonio, la reproducción automática de vídeos en la plataforma de Google fue crucial para desarrollar su adicción. Mientras que en el caso de la red social de Meta, nunca se topó con impedimentos para usarla a pesar de que la edad mínima que impone la compañía es de 13 años.
Kaley sostuvo que el doomscrolling y la adicción a plataformas sociales le provocaron graves problemas de salud mental. Desde depresión y ansiedad, hasta trastorno dismórfico corporal. Asimismo, la joven indicó que sus problemas de autoestima se potenciaron y derivaron en situaciones de daños físicos. Una experiencia que, remarcó, nunca vivió previo a comenzar a interactuar con servicios como YouTube e Instagram.
La demanda de Kaley llevó a que Mark Zuckerberg, CEO de Meta, y Adam Mosseri, jefe de Instagram, prestaran testimonio en el juicio. Zuckerberg argumentó que históricamente impidieron que los menores de 13 años usaran sus productos, y que siguen haciendo lo posible por detectarlos y expulsarlos. Aun así, reconoció que los sistemas no eran perfectos. Mosseri, en tanto, evitó hablar de «adicción» al referirse a Kaley, pero sí de un caso «problemático». Los abogados de Meta dijeron que los problemas de la joven fueron causados por su situación familiar, no por los algoritmos de Instagram. Pero el jurado finalmente se inclinó en favor de la joven.
El doomscrolling, condenado

Como ya indicamos, el juicio contra Instagram y YouTube no buscaba definir si eran adictivas, sino si se diseñaron para serlo. El veredicto ha determinado que sí. El problema no es el contenido propiamente dicho, sino el modo en que se lo distribuye y magnifica para maximizar el tiempo de uso de las apps sin medir las consecuencias sobre el público. Como se incentiva el doomscrolling para favorecer el consumo compulsivo de contenidos, se ha dictaminado que se trata de un diseño defectuoso.
Meta y Google tendrán que pagar 3 millones de dólares a Kaley como indemnización por daños y perjuicios. La casa matriz de Instagram tendrá que hacerse cargo del 70 %, mientras que la firma detrás de YouTube deberá entregar el 30 % restante. Por supuesto que se trata de una cifra prácticamente simbólica para dos de las tecnológicas más grandes del mundo. Es cierto que se puede ampliar, ya que las deliberaciones del jurado continúan para determinar una compensación punitiva por dolo y fraude. Sin embargo, lo trascendental aquí pasa por el precedente que se ha sentado al admitir que el doomscrolling y otras características diseñadas para ser adictivas pueden causar daños físicos y mentales a los usuarios.
El caso de Kaley tiene el potencial de marcar un antes y un después para empresas como Meta y Google. Después de todo, hay unas 2.000 demandas federales contra ambas compañías por situaciones prácticamente idénticas. Todas estas ahora tienen un antecedente de resolución positiva para litigar. De modo que la definición favorable a la joven demandante allana el camino para que otros casos parecidos tengan una resolución similar. Claro que las empresas todavía no piensan dar el brazo a torcer. Los de Zuckerberg indicaron a CNBC que están evaluando sus opciones legales, pero que estaban en desacuerdo con el dictamen. Los de Mountain View adelantaron que van a apelar el veredicto porque YouTube no es una red social, sino una plataforma de streaming desarrollada «responsablemente».








