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La guerra por la memoria RAM que amenaza al gaming

Durante años, las consolas parecían inmunes a la inflación tecnológica: más potencia, mejores gráficos y precios relativamente estables generación tras generación. Pero en los últimos meses, el precio del hardware gaming ha empezado a subir de forma acelerada. Detrás de esa tendencia no están solo la inflación o los aranceles, sino también un actor inesperado: la inteligencia artificial. La explosión de la IA ha disparado la demanda de memoria RAM y chips avanzados, dos componentes esenciales tanto para entrenar modelos como ChatGPT como para fabricar consolas. El resultado es un mercado cada vez más tensionado donde jugar empieza, poco a poco, a ser más caro. La pregunta ahora es: ¿hasta qué punto puede encarecerse el gaming?

¿Qué es la memoria RAM y por qué se ha convertido en un problema?

Para entender qué está pasando, hay que fijarse en un componente clave: la memoria RAM. Es la tecnología que permite a cualquier dispositivo desde un móvil hasta un ordenador o una consola procesar información y ejecutar tareas en tiempo real. El problema es que la misma memoria que necesita una consola es también la que utilizan, a escala masiva, los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial. Samsung, SK Hynix y Micron son los tres fabricantes que dominan prácticamente toda la producción mundial. Actualmente tienen gran parte de sus líneas comprometidas con contratos multimillonarios de empresas como OpenAI, Google, Microsoft, Amazon o Meta. La demanda ha superado con creces la oferta disponible y eso ya se está notando en toda la industria del gaming: fabricar consolas y componentes es cada vez más caro y mantener los precios de generaciones anteriores empieza a ser mucho más difícil.

La situación se complica todavía más por dos motivos adicionales. Por un lado, los fabricantes recortaron producción hace unos años. Su objetivo era compensar tras un periodo de pérdidas, coincidiendo con que redujeron la oferta justo antes del boom de la IA. Por otro lado, la transición del estándar DDR4 al más moderno DDR5 ( la nueva generación RAM ) está desplazando capacidad de fabricación hacia el nuevo formato. El resultado ha sido una fuerte subida de precios. Según TrendForce, la memoria DRAM, que es el tipo de memoria específico que usan las consolas, aumentó alrededor de un 95 % solo en el primer trimestre de 2026. Mientras que algunos modelos han llegado a triplicar su precio. Los expertos, además, no esperan una estabilización del mercado antes de finales de 2027 lo que agrava aún más la situación.

Imagen: NotebookCheck

La crisis de la memoria y sus efectos en el gaming

Las consecuencias de esta crisis no son abstractas: ya se están notando en las consolas que millones de personas tienen en casa o quieren comprar. Sony ya ha aplicado subidas de precio en varios mercados durante 2026 y el PS5 Pro, que es su apuesta de gama alta, ha superado los 900 dólares en Estados Unidos. Una cifra que hace apenas unos años habría parecido impensable para una consola de salón, pero esto no es casualidad. Según TrendForce, el coste de la memoria ya representa más del 35 % del precio de fabricación de una consola, una parte mucho más alta que hace solo unos años y que deja cada vez menos margen a los fabricantes para mantener precios estables.

El propio CEO de Sony, Hiroki Totoki, reconoció recientemente que la presión sobre los componentes está influyendo directamente en las decisiones de precio de la compañía, aunque aseguró que tienen suficiente stock para afrontar el resto del año. Microsoft, por su parte, se enfrenta a una situación todavía más complicada. Según varias fuentes de la industria, la empresa habría quedado en desventaja en la carrera por asegurarse el acceso a la memoria frente a los grandes clientes tecnológicos que hoy dominan el mercado. Eso no solo hace más caro el hardware, sino que también puede provocar menos stock disponible en tiendas. En otras palabras: las consolas no solo son más caras, sino que en algunos momentos también pueden ser más difíciles de encontrar.

Nintendo es probablemente el mejor ejemplo de hasta qué punto se ha tensado el mercado. A principios de 2026, la compañía aseguró que la Switch 2 no subiría de precio pese a la crisis de componentes. Durante meses intentó mantener esa promesa retirando promociones y bundles sin cambiar el precio directamente. Pero finalmente ha terminado cediendo: Nintendo ha confirmado que la consola subirá de 469,99 € a 499,99 € en Europa a partir de septiembre de 2026. Un movimiento poco habitual y también una señal clara de hasta qué punto el aumento del coste de la memoria y los chips está afectando a toda la industria.

¿Tiene solución esta crisis? 

A corto plazo, no parece fácil. Construir nuevas fábricas de semiconductores lleva años y la demanda de memoria sigue creciendo mucho más rápido de lo que la industria puede aumentar la producción. Compañías como Sony, Microsoft o Nintendo tendrán que buscar formas de contener el impacto. Desde rediseñar parte de su hardware hasta apostar más por servicios en la nube o modelos de suscripción. Porque la gran pregunta ya no es solo cuánto costará la próxima generación de consolas, sino si el gaming podrá seguir siendo un entretenimiento accesible para todos.


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