DOOM y hasta dónde puede llegar el ingenio para estirar una broma

El videojuego DOOM nació en 1993 gracias a id Software, y mas allá de haber revolucionado los shooters, la extrema flexibilidad de su código fuente es su caracteristica mas recordada. Lo que empezó como una genialidad de John Carmack y John Romero es hoy el equivalente informático a coronar el Everest para la comunidad hacker y maker, la prueba de fuego para cualquier dispositivo ya no es su potencia bruta, sino responder a la mítica pregunta de «But can it run DOOM?» (Es capaz de ejecutar el juego Doom?).

El secreto de esta portabilidad casi mágica radica en su arquitectura. Escrito casi íntegramente en lenguaje C, el motor del juego separa de forma brillante la lógica central de los subsistemas que dependen del hardware (vídeo, controles, audio). Esta impecable capa de abstracción, unida a unos requisitos originales minúsculos y la liberación del código en 1997, lo convirtió en el patio de recreo perfecto para la ingeniería inversa.

Hoy en día, ejecutar este clásico en hardware no diseñado para videojuegos ha trascendido el meme de internet para convertirse en un fascinante ejercicio de optimización, capaz de exprimir al máximo cualquier sistema embebido. Desde electrodomésticos vulnerados hasta auténticos hitos de la biotecnología, estos son los lugares más surrealistas que han logrado abrir las puertas del infierno marciano.

Medicina y Biología: La ciencia al servicio del infierno

Si hay un hito que popularizó el meme de llevar este juego a cualquier parte, fue el célebre test de embarazo. Para ser rigurosos a nivel de hardware, el dispositivo original (que cuenta con un microcontrolador de 8 bits y apenas unos bytes de RAM) no tiene la capacidad originalmente para procesar el código de id Software. Quien lo consiguió lo manipulo bastante: vació la carcasa de plástico para introducir un microcontrolador moderno, una diminuta pantalla OLED monocroma de 128×32 píxeles y mapeó los controles a un teclado en miniatura.

Pero si damos el salto a la bioingeniería pura, el límite del absurdo técnico lo cruzó Lauren Ramlan, investigadora del MIT. En este experimento, la proeza no fue procesar el juego sobre hardware electrónico, sino utilizar un cultivo de bacterias E. Coli como un monitor orgánico de 32×48 píxeles. Mediante la activación de plásmidos con proteínas fluorescentes, cada agrupación celular actuaba como un píxel individual que se iluminaba para renderizar los fotogramas del juego.

El gran obstáculo de esta pantalla biológica es, naturalmente, la latencia. La célula tarda unos 70 minutos en alcanzar su pico de iluminación y más de 8 horas en volver a su estado original (apagar el píxel). Teniendo en cuenta la tasa de refresco biológica, se podría jugar una partida estándar de DOOM en un humano, pero llevaría más o menos 600 años.

Fuente: Lauren Ramlan

Vehículos y Herramientas: DOOM motorizado

Pasando a cosas más grandes, hay quien decidió que la consola de su coche necesitaba un poco de acción. Un usuario logró ejecutar el juego en la pantalla de su Porsche 911, pero la verdadera locura es cómo lo controlaba: usaba el volante real para girar, la palanca de cambios para cambiar de arma y el claxon para disparar.

Y si no tienes un Porsche también se ha conseguido jugar en un tractor. A falta de vehículos, igual tienes jardín. Husqvarna y Bethesda se aliaron para lanzar una actualización oficial en sus cortacéspedes robóticos. Así es, podías jugar a DOOM en la pequeña pantalla a color de tu cortacésped mientras la máquina trabajaba sola, e incluso le metieron soporte multijugador.

También se ha conseguido ejecutar en un robot de cocina del Lidl, este lleva un sistema operativo Android modificado en sus entrañas. Evidentemente, la comunidad no tardó nada en saltarse la seguridad del dispositivo para poder aniquilar demonios usando la pantalla táctil de la batidora.

El entorno de oficina tampoco se libra. Alguien consiguió modificar el clásico Bloc de Notas de Windows para que el juego corriera a 60 FPS, convirtiendo cada fotograma en caracteres ASCII que se actualizaban en tiempo real. También han caído los cajeros automáticos, donde se usan los botones de sacar billetes para moverse por los mapas. Hasta un osciloscopio fue capaz de ejecutarlo.

Fuente: alinamade_ en X

Energía alternativa y joyería extrema

Generar electricidad con patatas es el típico experimento de ciencias del colegio, pero alguien lo llevó al extremo. Montó una montaña inmensa de patatas para generar la energía exacta que necesitaba una calculadora gráfica y, por supuesto, arrancar el juego de id Software.

Por el lado del glamour, una diseñadora creó unos pendientes funcionales con forma de Game Boy, del tamaño de una uña, y logró que el juego corriera en ellos. La cosa no queda ahí: también existe un anillo de compromiso modificado con una minipantalla OLED y una batería de 9V capaz de ejecutarlo. La pedida de mano definitiva.

Para cerrar este círculo de locura absoluta, el último gran hito fue jugar a DOOM mientras juegas a DOOM. Un usuario encontró la manera de encontrar una vulnerabilidad en el código del juego original de MS-DOS (sin usar herramientas de terceros ni mods) para proyectar una pantalla funcional en la pared de uno de los niveles. Es decir, controlas a un personaje que, a su vez, está jugando una partida, esto ya es la cima de lo absurdo.

Fuente: Pulso

Ahora siempre que te preguntes ¿Tirará el DOOM en esto? Sabrás que la respuesta siempre es sí

Lo que empezó casi como una broma recurrente en foros se ha convertido en una tradición inamovible de internet. Intentar correr este título clásico en el sitio más absurdo imaginable es, en el fondo, una forma genial (y muy divertida) de poner a prueba la tecnología que nos rodea. La próxima vez que mires tu tostadora, freidora de aire u honda civic de 2002, ya sabes lo que tienes que preguntarte.

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