Absorber CO2 para salvar el planeta

Ni huele ni se ve. Pero no es tóxico ni arde. El ser humano lo produce al respirar. Y si nuestro cuerpo no lo elimina adecuadamente, es una advertencia de que algo va mal en nuestro organismo. También lo generan toda clase de animales. Y las fábricas, máquinas y vehículos que consumen gasolina y derivados del petróleo. Hablo del CO2, el dióxido de carbono. Uno de los gases que más está contribuyendo a subir la temperatura de la Tierra. ¿Podemos resolver el problema si nos dedicamos a capturar CO2? ¿Absorber el CO2 evitará el calentamiento global?

Aunque hay otros gases implicados en el efecto invernadero, como el metano, el óxido nitroso o los gases fluorados, el dióxido de carbono gana por goleada. En 2010, el CO2 ocupaba el 65% del total de gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera. Y ese porcentaje sólo se refiere a las emisiones derivadas del consumo de combustibles fósiles y procesos industriales. En la naturaleza se produce un 11% adicional. Aunque menos que el 16% de metano. Sea como fuere, acabar con parte de ese 65% no hará que baje la temperatura del planeta pero sí ayudará a que no veamos cifras alarmantes en los termómetros en épocas estivales.

Si algo causa daños al planeta, acabemos con ello. En el caso del dióxido de carbono, la idea es capturar CO2, aprovecharlo si es posible y así evitar que siga contribuyendo al sobrecalentamiento de la Tierra. En la actualidad hay varios proyectos en marcha que hacen esto posible. Lo deseable es que se unan más países y empresas para que la tarea de absorber CO2 tenga un impacto mayor.

Capturar CO2 para ayudar al planeta y ganar dinero

Por desgracia, la mayoría de actividades que pueden ayudar a reducir nuestro impacto en el ecosistema no se han empezado a implementar hasta que empresas y gobiernos no han visto la rentabilidad de estas acciones. Vamos, que si no se gana dinero, poca motivación tendrán para instalar granjas eólicas o placas fotovoltaicas. Con los proyectos enfocados a absorber CO2 ocurre lo mismo.

Reducir el efecto invernadero debería ser una buena razón para ponerse a ello. Pero hacen falta otras motivaciones. Pues ahí están. El dióxido de carbono tiene muchos usos industriales y en otras áreas, como la salud. Mezclado con aire, con helio, con hidrógeno, con nitrógeno o en altas concentraciones, el CO2 se emplea en bebidas, conservación de alimentos, refrigeración, estimulante respiratorio en hospitales, tratamiento de aguas residuales, en la fabricación de papel, pulpa y cartón, en soldadura y fundición de metales… La lista es extensa.

Es más. En la actualidad, ese CO2 o dióxido de carbono se obtiene como subproducto de procesos de producción de otras fábricas o industrias. Vamos, que desde hace tiempo se viene reutilizando el dióxido sobrante. Así que, ¿por qué no aprovechar el que emitimos a la atmósfera? Capturar ese CO2 nada más generarse supondría una nueva fuente de dióxido de carbono que ayudaría a decenas de sectores económicos.

Noruega, pionera en absorber CO2

Como dije antes, ya existen proyectos dedicados a capturar CO2. En Noruega, el año pasado se anunció el que fue considerado “mayor proyecto de captura y almacenamiento de CO2”. Su nombre, Langskip. Un proyecto privado, por parte de la empresa noruega de gas y petróleo Equinor, pero cuyas dos terceras partes están sufragadas por el Gobierno noruego. En concreto, el Parlamento de Noruega aprobó financiarlo con 1.600 millones de euros.

El objetivo de LangskipLongship en inglés, es capturar el dióxido de carbono generado en una planta de cemento a las afueras de Oslo. Ese CO2, licuado, se transportará por tuberías hasta un lugar de almacenamiento a 2.600 metros de profundidad en el mar del Norte. De esa forma, quedará sepultado bajo tierra en vez de subir a la atmósfera.

Si todo va bien, el proyecto estará finalizado en 2024. Sobre plano, estas instalaciones van a absorber CO2 en cantidades de 1,5 millones de toneladas al año. Cifra que puede subir hasta los 5 millones de toneladas anuales si el proyecto se amplía. La idea es alcanzar la cifra máxima de 40 millones de toneladas. A partir de ahí, se verá si es posible almacenar más CO2 en esas instalaciones y aprender de la experiencia para futuras instalaciones.

Capturar CO2 en la industria reducirá el calentamiento global

Encontrar la tecnología adecuada

Pero no hace falta irse tan lejos para ver experimentos sobre capturar CO2. En España, investigadores del CSIC en el Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono (INCAR) anunciaron en mayo de este año que trabajan en un proyecto europeo cuyo objetivo es reducir las emisiones de efecto invernadero. Más concretamente, las surgidas de sectores industriales como el del hierro y el acero.

El proyecto se conoce por las siglas C4U, está financiado con 13,8 millones de euros por el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea y está coordinado por el University College de Londres. Este proyecto se enfoca en las industrias que más CO2 generan: fabricación de cemento, caliza o cerámica, producción de metales como acero y hierro y el sector químico. Atajar esa generación de dióxido de carbono supondría un gran logro científico, técnico y humano.

Las dos líneas de investigación son captura y almacenamiento de carbono, como vimos en Noruega, y captura y utilización del carbono, que sería la solución más óptima. Una de las posibilidades en las que trabaja este proyecto del CSIC es “transformar un gas combustible empleado en la producción de acero, con un alto contenido en monóxido de carbono y dióxido de carbono, en un gas rico en hidrógeno, libre de carbonato”. El gas resultante de efecto invernadero se podría reutilizar como hidrógeno en el almacenamiento de energía o para generar combustible renovable en vez de desecharlo.

Además del proyecto C4U, el CSIC también trabaja en el proyecto eCOCO2, también sufragado económicamente por el programa europeo Horizonte 2020. Este segundo proyecto, formado por investigadores del CSIC en el Instituto de Tecnología Química (CSIC-UPV), tienen la misión de capturar el dióxido de carbono y convertirlo en combustible para aviones. Precisamente, el transporte aéreo está entre los mayores generadores de dióxido de carbono. Absorber o capturar ese CO2 sería clave para su utilización y, al mismo tiempo, dejar de depender de combustibles fósiles.

En concreto, el proyecto eCOCO2 pretende “producir directamente carburorreactores sintéticos a partir de CO2 mediante electricidad renovable y vapor de agua”. Otra ventaja del proceso es que se haría en una única fase, a diferencia de las tres fases actuales en las que se pierde eficiencia. Una manera práctica de reducir el impacto ambiental a la vez que resulta atractivo económicamente.

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