Databending, el arte de alterar bits

Escrito por , 19 de noviembre de 2014 a las 17:30
Databending, el arte de alterar bits
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Databending, el arte de alterar bits

Escrito por , 19 de noviembre de 2014 a las 17:30

Hace décadas, los artistas surrealistas y dadaístas asombraron al mundo del arte al usar objetos fuera de contexto, al poner urinarios en museos y rehacer palabras…

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CóDIGO

Años después, los ingenieros jugaban con circuitos de instrumentos, de electrodomésticos, para obtener sonidos que nunca habíamos escuchado. La misma revolución hierve en el medio digital representada en el databending, la música que sale de una foto, o las imágenes robadas de la secuencia binaria de un MP3. Agárrese quien pueda.

Uno de mis primeros profesores hace años me comentaba que el arte es una rebelión contra la naturaleza. “Consiste en desordenarla”, expresaba. ¿La forma de esa roca era así cuando la encontraste? Niégate a ello, y consigue la escultura que está dentro.

Es un acercamiento burlón, inquieto y un tanto impertinente, pero describe –al menos en cuanto a actitud se refiere- buena parte del arte moderno y contemporáneo. Su capacidad de desafiar lo que se espera.

Tristan Tzara - dadaismo

Tristan Tzara – Fuente: Flickr

Los dadaístas, cien años atrás, entretuvieron rompiendo el código más sagrado que tenemos: el lenguaje. Para buscar nuevas reacciones y alarmar se dedicaban a rehacer palabras, a poetizar sonidos aleatorios.

El mismo origen de la música electrónica, hoy ubicua, no está en una búsqueda de nuevas tonadas, sino en la manipulación directa de la maquinaria. Era más un juego eléctrico de resistencias de circuitos que de notas musicales. Una tostadora, convertida en “piano”.

En la actualidad, el “circuit bending” todavía es considerado una disciplina artística por cuenta propia. Al maniobrar la tarjeta de circuitos de juguetes, instrumentos musicales y consolas, obtienes ruidos extravagantes. Robert Moog y Leon Theremin -nombres asociados a la música- eran más ingenieros que artistas.

Esa misma impertinencia y rebeldía, se revuelve dentro del medio digital. Cada vez más, todos nosotros convivimos con más gadgets, formatos y códigos que están allí, a la mano, para que los artistas jueguen.

El databending es una interesantísima manifestación de arte digital. En esencia, consiste en tratar a los archivos de imágenes (.JPEG, por ejemplo), como si fuesen de audio. A los de audio, como si fuesen de vídeo, y así hasta donde la imaginación abarque.

El resultado está lleno de nuevas paletas, de asociaciones de colores industriales, azarosas, como el shuffle de nuestros reproductores. Parecen sacadas, irónicamente, de un mundo en el que los sistemas digitales estuviesen colapsando.

No se trata exclusivamente de lo estético, sino del proceso que hay detrás. El databender no sólo modifica archivos, crea software para ello. Roban algoritmos aquí y allá. De esta forma, el efecto de eco que usó Eminem en una canción, puede alterar una foto de París.

El databending es el caldo del cultivo del glitch-art, uno de los movimientos que condicionará la vestimenta visual del futuro, porque las interfaces digitales ahora están sobre paredes, sobre ropa, sobre nuestra piel.

Somos código, y por el código viviremos.

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