chica usando el móvil

Familia y tecnología: ¿qué significa dar buen ejemplo digital?

En el ámbito de la educación, no hay mensaje más recurrente que el que nos recuerda que, aunque nuestros hijos quizá hagan lo que les decimos que deben hacer, lo que con certeza normalizarán y tenderán a imitar es lo que nos VEAN hacer. De ahí la relevante narrativa de educar con el ejemplo, desde algo más que las palabras o las teorías. Una gran responsabilidad para los educadores, que somos modelos de conducta, pensamiento, actitud o convivencia, entre otras cosas.

El uso de la tecnología no escapa a la importancia del ejemplo que damos padres y madres. El problema es que la actual manera de analizar si ese ejemplo es bueno o malo se centra en dos aspectos limitados:

  • Definir el mal ejemplo digital que los adultos damos a las nuevas generaciones a partir del tiempo dedicado a mirar una pantalla.
  • Reducir el concepto de “ejemplo” a lo que padres y madres hacemos o no en el plano digital, sin tener en cuenta lo que decimos o lo que sabemos.

Con lo primero descartamos la oportunidad de describir mejor el buen ejemplo digital. Con lo segundo olvidamos otra dimensión importantísima del ejemplo como elemento educativo: la basada en percepción, mensaje y conversación.

La etiqueta del mal ejemplo digital basado en el tiempo de pantalla

En relación con el ejemplo que damos los adultos cuando utilizamos tecnología, lo más frecuente es concluir que solo damos buen ejemplo si recurrimos poco a las pantallas. Prueba de ello son las conclusiones del informe ‘MalaMadre en modo avión’, recientemente presentado por el Club de MalasMadres y Movistar en el marco de su iniciativa conjunta para promover la reflexión sobre la convivencia entre familias y tecnología.

El 83% de las madres encuestadas basa en el tiempo de uso del móvil su autopercepción de uso saludable de la tecnología, y la mitad afirma que probablemente es un mal ejemplo para sus hijos por pasar demasiado tiempo con el dispositivo en la mano. Ese tiempo es también la principal medida con la que gestionan la educación digital de sus hijos.

Pese a la dominancia del tiempo de pantalla como vector de lo saludable, más importante que reducir los minutos con los que presuntamente damos mal ejemplo a nuestros hijos es ganar conciencia sobre cuándo, por qué y para qué utilizamos tecnología. De hecho, si dejáramos de poner el foco solo en el tiempo y empezáramos a buscar DAR BUEN EJEMPLO -y no evitar dar mal ejemplo-, tendríamos muchas más opciones para ‘acertar’.

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Buen ejemplo digital es no mirar el móvil mientras cenas en familia, sin duda. Buen ejemplo digital es no utilizar tus redes para insultar a los demás, recurrir a la tecnología para acciones positivas, productivas, solidarias, creativas. Buen ejemplo digital es encontrar tiempo de desconexión y también tiempo de conexión, reflexionar sobre nuestra relación con la tecnología, aprender cosas nuevas sobre esa tecnología. Cuando tus hijos te piden un juego, una app o estar en una red social, buen ejemplo es buscar con ellos información para entender de qué va eso que piden y poder tomar (tú) una decisión que ellos vean que tiene una base.

Buen ejemplo es mantener conversaciones sobre nuestro móvil… y el de nuestros hijos, si lo tienen. Lo que vemos unos y otros en redes o chats, lo que nos incomoda o gusta, cuánto tiempo lo usamos o qué aplicaciones son las que más utilizamos a lo largo del día y por qué. Elegir y actualizar contraseñas familiares y propias, ayudarlos a crear las suyas cuando empiecen a necesitarlas. Reflexionar en voz alta sobre cómo nos influye la sociedad actual: likes, seguidores, disponibilidad constante, contenidos ubicuos, mensajes a deshoras, conflictos. Contarles cuánto te distrae o no a ti tu móvil, qué te cuesta entender de la tecnología o por qué realmente echas tanto de menos cómo era tu infancia. Todo eso es dar buen ejemplo.

Que nuestros hijos nos vean utilizar tecnología es algo absolutamente cotidiano; usar mucho el móvil no es mal ejemplo si estás mirando qué tiempo va a hacer, buscando una dirección, controlando tu glucosa, pidiendo una cita médica, leyendo las noticias, consultando los niveles de polen de tu ciudad, pidiendo un taxi, pagando el aparcamiento, haciendo una transferencia o poniendo una alarma. Utilizamos dispositivos digitales constantemente: no se puede afirmar que hacerlo sea dar mal ejemplo. Lo que necesitamos no es castigarnos a todas horas, sino pensar en formas de dar buen ejemplo digital explícito, precisamente usando dispositivos.

En definitiva, somos ejemplo para nuestros hijos cuando utilizamos tecnología (mucho, poco, bien o mal); ese ejemplo será mejor o peor en función de muchos matices que no tienen que ver solo con las pantallas. Pero también somos ejemplo cuando hablamos sobre tecnología con nuestros hijos, y cuando emitimos opiniones sobre su convivencia con esa tecnología.

Percepción y mensaje como elementos del ejemplo digital

Cómo percibimos padres y madres la tecnología, cómo trasladamos en casa esa visión, qué mensajes emitimos en relación con las pantallas y qué tipo de conversaciones mantenemos acerca de la sociedad digital… forma parte también del ejemplo que damos a nuestros hijos. Si percepción y mensaje son solo negativos, o solo ingenuos y esclavos de la inercia, no habrá buen ejemplo.

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Si la única percepción sobre tecnología que trasladamos en casa es que las pantallas causan adicción, roban atención, generan peligros, provocan malestar o alejan de lo importante, estaremos trasladando un mensaje incompleto. Si todas nuestras afirmaciones o conversaciones sobre pantallas tienen que ver con advertir sobre los riesgos, decir ‘deja ya la consola que te vas a hacer adicto’ y ‘es que no sabéis hacer nada sin pantallas’, reproducir los mensajes de las noticias negativas que salen en televisión, etc. Estaremos trasladando otro mensaje incompleto.

Si cada vez que nuestros hijos quieren hablar sobre un vídeo online, un meme, un influencer, un juego, una red social, etc., levantamos las cejas recordando con nostalgia nuestra adolescencia analógica, etiquetándolos a ellos de ‘anestesiados’ por no vivir el mundo ‘real’, estaremos dando mal ejemplo. Si jamás hablamos sobre tecnología, si lo único que decimos es que no nos interesa o no nos gusta o no la entendemos o nos da igual, estaremos dando mal ejemplo digital.

Porque si los niños y los adolescentes crecen solamente con una percepción ingenua, pasiva, indolente, negativa, crítica o apocalíptica de la tecnología, les estaremos robando la oportunidad de aprender a tomar decisiones, de conocerse, saber conectar y desconectar, entender cómo funciona esa tecnología con la que convivirán en el futuro.

La forma en que padres y madres valoramos la actual sociedad digital -sus retos, sus oportunidades- y la manera en que trasladamos en casa esa percepción forman parte del ejemplo que damos a nuestros hijos.

Conclusión

Queremos que nuestros hijos hagan un uso equilibrado, seguro, responsable, creativo, consciente, etc., de la tecnología, pero ¿y nosotros? ¿Nos ven a nosotros haciendo un uso equilibrado, seguro, responsable, creativo, consciente de la tecnología? ¿Nos escuchan hablar realmente informados sobre todos estos temas? ¿Nos ven desesperados con las pantallas, temerosos de sus efectos, enemigos de su existencia? ¿Qué ejemplo digital damos con lo que hacemos con las pantallas y con lo que sabemos y decimos sobre ellas?

Necesitamos una mirada diferente, una narrativa diferente, sobre qué significa dar buen ejemplo digital. Más allá del tiempo. Más allá de evitar ser un mal referente. Con autocrítica, reflexión y aprendizaje. Sin sesgos, sin nostalgia, sin determinismo tecnológico. Por nosotros y por nuestros hijos.

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