Innovando en TV

¿Se puede innovar en la televisión?

Los que nos dedicamos a la innovación en servicios de televisión y su relación con el mundo online usamos el término “TV tradicional” para referirnos a la “otra” TV, la de toda la vida, pero este calificativo es algo arrogante e ignora la increíble vitalidad de la TV como la conocemos desde hace setenta y cinco años: cada noche, 4.000 millones de personas se reúnen en 1.500 millones de hogares en todo el planeta para ver la televisión.  La TV tradicional es quizás el icono más eminente de la cultura popular mundial del siglo XX, y si parece seguro que su futuro irá ligado al del próximo icono del siglo XXI, Internet, lo cierto es que esta evolución no ha hecho más que empezar.

En última instancia, el atractivo de la televisión radica principalmente en el de sus contenidos. ¿Cuáles son los modelos de explotación de contenidos que han procurado el éxito incontestable de la TV tradicional? La parrilla televisiva se nutre así de dos fuentes diferenciadas:

  • La de las propias cadenas de TV, tanto públicas como privadas, que producen contenido propio o bien agregan el de terceros y lo distribuyen en abierto o a través de servicios de pago.
  • El mundo del cine, controlado muy estrictamente por los grandes estudios de Hollywood, que explotan las películas según un modelo secuencial de ventanas de distribución como el que se muestra en la figura.

Cronología de las ventanas de distribución de cine

Fig. 1: Ventanas de distribución de cine.

Según este esquema, se puede disfrutar de una película en casa poco después de su estreno en cines comprando o alquilando el DVD, o bien esperar algunos meses más a que la película se distribuya en algún servicio de TV de pago o, más tarde, en cadenas gratuitas. Otros contenidos en diferido, como por ejemplo las series, también han evolucionado hacia modelos de explotación secuencial con distintas configuraciones de ventanas, se distribuyen inicialmente por televisión y pasan más tarde al mercado del alquiler y la compra.

La TV tradicional se apoya entonces en un esquema muy cerrado de selección general de contenidos y control temporal de su distribución. En Internet, por el contrario, prima la decisión personal en cuanto a qué y cuándo disfrutar de los contenidos. Es normal entonces que cuando estos dos mundos contrapuestos colisionan en el ámbito audiovisual empiecen a saltar chispas:

  • Cada vez son más populares los servicios de consumo de cine por Internet, con Netflix en EEUU como ejemplo paradigmático. Estos servicios permiten el disfrute de estrenos recientes por un precio más o menos equivalente al del alquiler de un DVD y también dan acceso a fondos de catálogo de mayor antigüedad por una tarifa mensual fija.
  • Si los servicios de vídeo online socavan la enorme rentabilidad del mercado de alquiler y venta de DVDs, la piratería por Internet representa el temido punto de llegada en la senda de destrucción del valor del contenido audiovisual. Curiosamente, incluso en el caso de la piratería hay agentes que obtienen beneficios comerciales, como los proveedores de almacenamiento masivo en red o las páginas de enlaces que se lucran con publicidad añadida a sus portales.
  • Algunos analistas pronostican la intensificación del denominado cord cutting o pérdida de usuarios de TV de pago, debido a la aparición de alternativas en el consumo de contenido en diferido, notablemente el cine. En este escenario, el valor de la TV de pago quedaría reducido al de sus eventos en vivo, que aún se controlan de forma muy efectiva al margen del mundo online.
  • La publicidad, fuente alternativa de beneficios para las cadenas de TV (y la única para las que se distribuyen en abierto) puede perder valor en el mercado ante la evidencia de que cada vez más gente se distrae de la TV, o la sigue de forma poco concentrada, mientras usa sus dispositivos móviles y tabletas en el sofá de casa. Toda la industria reconoce que es preciso recapturar esta atención proponiendo experiencias de segunda pantalla, pero nadie sabe todavía cómo hacerlo de forma efectiva.

Recién llegados a este continente sin mapas de la televisión del futuro, quizás la industria ha andado demasiado ocupada analizando los riesgos comerciales en vez de observar el comportamiento de los usuarios y preguntarles qué es lo que quieren. En Telefónica Digital hemos usado la metodología de innovación CDI (Customer Driven Innovation) para analizar los problemas y necesidades, latentes o explícitos, de los usuarios en el ámbito de los nuevos servicios de TV. ¿Qué es lo que hemos aprendido en el proceso? Algunos user insights de ejemplo son:

  • Descubrimiento de contenido: la gente está abrumada no sólo por la inmensidad de contenido disponible, sino también por la gran cantidad de recomendaciones que recibe, de forma explícita o implícita. Incluso las recomendaciones más valoradas, como son las de amigos de confianza, acaban olvidándose en el momento de decidir qué ver. La forma preferida de descubrimiento debería integrar recomendaciones de fuentes de confianza cuando se está buscando contenido para verlo inmediatamente.
  • La TV y el entorno social: la televisión en directo conecta a la gente entre sí con una realidad compartida y ofrece oportunidades para la socialización.
  • Ecosistema de vídeo:  usar el PC, la tableta o un smartphone es lo más cómodo para buscar contenido y planificar qué ver, pero para disfrutarlo la televisión sigue siendo la pantalla preferida.º
  • Piratería “premium”: los consumidores más activos recurren a la piratería, e incluso pagan por ella en concepto de subscripción a servicios de almacenamiento, para acceder al contenido antes que nadie, y se convierten a menudo en creadores de tendencia entre sus amigos.

La metodología CDI también nos ayuda a identificar y agrupar temáticas de interés para la innovación. Desde muy alto nivel, los esfuerzos en nuevos servicios de TV pueden clasificarse en las siguientes dos áreas:

  • Curación de contenidos, a veces denominada en inglés smart curation. Un curador o recomendador avanzado es un servicio que reduce la complejidad total de la oferta de contenidos y propone al usuario final una selección personalizada que se ajuste a sus preferencias y entorno.
  • Contenido aumentado. Centrándose, aunque no de forma exclusiva, en la famosa segunda pantalla, la extensión de la experiencia de consumir contenidos puede proveerse mientras se está viendo la televisión (ofreciendo, por ejemplo, información adicional o canales de socialización) o después, alargando así el disfrute del usuario con contenido o conocimiento relacionado que eventualmente conduzca al descubrimiento de nuevas películas o programas.

Un ejemplo de servicio innovador en el área de curación de contenidos es PopCha!, que hemos desarrollado en el último año en Telefónica Digital y está disponible en la App Store de Apple España desde finales de junio de 2012. PopCha! es una aplicación que simplifica e integra el proceso no estructurado de descubrimiento de películas y alerta al usuario cuando las películas están disponibles en alguna de las ventanas de distribución. Ya hablamos de PopCha! con más detalle en este mismo blog.

La TV del futuro está aún por desarrollar y en Telefónica Digital queremos contribuir a inventarlo. Dentro del marco proporcionado por la metodología CDI, y basándonos en las investigaciones que llevamos acometiendo desde hace dos años, queremos atacar en los próximos meses otras oportunidades de innovación, esta vez centradas en experiencias aumentadas y extendidas de consumo de contenido y la integración de la segunda pantalla con la de la televisión.

 

Fotografía | Fuente:  http://www.ubergizmo.com/

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