Cuando la cultura encontró a la tecnología

Escrito por , 10 de mayo de 2015 a las 19:30
Cuando la cultura encontró a la tecnología
Conocimiento

Cuando la cultura encontró a la tecnología

Escrito por , 10 de mayo de 2015 a las 19:30

Se está propiciando el encuentro de los sectores cultural y tecnológico, tendiendo puentes de emprendimiento que propicien la creación de startups.

Cultura y tecnología muchas veces aparecen como sectores antagonistas cuando más bien son, en muchos casos, complementarios e incluso podrían ser la pareja mejor avenida del baile de los emprendedores. La revolución digital, la expansión de internet y de los dispositivos móviles y otros fenómenos como el Big data o el Internet de las cosas (IoT) están poniendo relieve la necesidad de tender puentes para conectar estos dos mundos que tradicionalmente se han movido en dimensiones paralelas.

«La interconexión es pequeña aún. Creo que sobre todo por un desconocimiento de las posibilidades y de los partners adecuados. Además hay una barrera comunicacional. Ambas cosas las intentamos minimizar, y por otra parte mostrar qué podrían hacer juntos y que se entiendan», comenta Marisol López, ‎directora del Área Digital en el Institut Català de les Empreses Culturals (ICEC) de la Generalitat de Catalunya y musa del sector creativo al que inspira con su boletín Cultura Digital, que aporta ejemplos de esta mezcla. Pero no es que los emprendedores culturales infravaloren la aportación de la tecnología sino que para pensar de una manera innovadora, para mirar hacia otros horizontes, primero hay que ser consciente de que existen. «Hasta ahora no han mirado a la tecnología como una herramienta que les permita ser más competitivos, llegar a más público, conseguir mejores soluciones… o no han explotado al máximo las posibilidades», apunta.

Emprendedores culturales II

Y como las obras públicas son prerrogativa de la Administración Pública es desde ella desde donde se han comenzado a construir estos puentes para unir estos dos sectores y fomentar lo que se denomina economía creativa, que involucra la industria cultural (arte, diseño, entretenimiento…) y la del conocimiento (tecnología, informática, robótica, investigación…). ¿Por qué interesa tanto? Porque supone una oportunidad de crecimiento para generar riqueza y nuevos puestos de trabajo. Un puente muy sólido y firme es el que se ha tendido desde el Ayuntamiento de Barcelona que hace cuatro años creó la Dirección de Creatividad e Innovación del Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB). Y al frente está Inés Garriga, una ingeniera en Informática especializada en proyectos que intentan aunar innovación, cultura y mundo digital. Son numerosas las acciones que se han realizado en este tiempo, con diferentes programas e iniciativas como BCNLab, Apps&Cultura, Creatifi,… Todo ello encaminado a crear puentes para unir estos dos mundos, el de tecnólogos y el de creativos.

Realidad aumentada

«Hemos conseguido alianzas con diferentes centros de investigación y universidades, con ingenieros y científicos, para compartir sus desarrollos, abrirlos, explorarlos, y que el sector cultural y creativo pueda testear y probar estas nuevas tecnologías en entornos reales. Y en torno a los emprendedores tecnológicos hemos abierto la Oficina de Tecnologías Creativas, que pretende indexar diferentes desarrollos, investigaciones y tecnologías de los grupos de investigación de las universidades con el objetivo de ponerlas a disposición de las comunidades creativas y culturales, bajo los parámetros que definan los propietarios, para que salgan proyectos, ideas, servicios. De manera estamos abriendo estas investigaciones de las universidades a las comunidades creativas, lo que por un lado ayudará a mejorar los desarrollos tecnológicos de los grupos de investigación y por otro lado favorecerá la aparición de nuevos productos y nuevas ideas», explica la directora de Creatividad e Innovación del ICUB.

Piezas de puzle

Un ejemplo de esta labor de ‘Celestina emprendedora’, llevada a cabo desde el Barcelona Laboratorio, plataforma de la Dirección de Creatividad e Innovación del ICUB, es City Soundtrack, una aplicación para dispositivos móviles fruto de la colaboración de músicos, productores e ingenieros informáticos. Usando la geolocalización, esta herramienta permitirá reproducir música creada específicamente para determinados lugares de una ciudad. Esta aplicación ha empezado poniendo música a diez espacios de Barcelona como la iglesia de Santa María del Mar o la Sagrada Familia pero el objetivo es extenderlo a ciudades de todo el mundo. Los músicos han creado composiciones originales mientras que los ingenieros se han encargado de facilitar la tecnología que permite que la música se active en función de coordenadas espaciales. Y las melodías que suenan varían en función del movimiento: no escuchará la mismas composiciones quien haga el recorrido de derecha a izquierda que quien lo haga a la inversa. Se está componiendo en base a capas sonoras, que se ubican en diferentes puntos y se disparan a través de la sincronización con el satélite que hace el dispositivo móvil del usuario.

innovación abierta

«La cultura de la mano de la tecnología tiene un camino muy largo que recorrer. Muchas veces desde el sector cultural no nos damos cuenta y desde el sector de la tecnología tampoco, es como si fueran dos vidas paralelas. Tecnológicamente hay herramientas que te pueden ayudar a crecer y en el área de la tecnología no se dan cuenta que hay muchos sectores de la cultura en los que podrían implicarse y hacer cosas espectaculares», comenta Albert Puig, productor de City Soundtrack, que explica que en su caso, fue a través del ICUB desde donde contactaron con la otra parte, la que tenía la herramienta desarrollada a la que no le había encontrado una salida comercial o artística. Y entonces las piezas encajaron.

Otro de los programas llevados a cabo desde esta innovadora dirección es el Creatifi, un proyecto internacional que quiere acercar la red de Internet del futuro a pymes y emprendedores creativos. Uno de los proyectos ganadores de esta edición ha sido Screen.ly, una plataforma que propone una manera colaborativa de llenar las salas de cine: realizando proyecciones bajo demanda. La película se escoge del catálogo de Screen.ly y se convierte en acontecimiento abierto al que se apunta quien quiere. Y cuando hay quórum se proyecta en un cine. Séptimo arte a la carta y en pantalla grande. Además de FIWIRE, usarán tecnologías de Big Data para poder personalizar la oferta.

Impulsar la creación de startups

En estos cuatro años desde el ICUB se han impulsado más de 120 proyectos creativos, que se pueden convertir en nuevos productos o servicios en el ámbito tecnológico, artístico, científico, etc. Algunos ya han llegado al mercado, otros se están desarrollando y se convertirán en nuevas soluciones e incluso en nuevas empresas. City Soundtrack y Screen.ly son dos ejemplos de proyectos culturales con base tecnológica surgidos del encuentro de estos dos mundos. Además ambos proyectos formarán parte del Canódromo Parque de Investigación Creativa, espacio recuperado del abandono, que cambia los galgos de antaño por las startups y la innovación.

«Con el Canódromo queremos poner en valor las ideas del sector cultural y creativo que tiene una capacidad de creación enorme pero le tenemos que ayudar a llegar a los inversores y a formar equipos completos que les permitan presentar un buen modelo de negocio y tener capacidad emprendedora», apunta Inés Garriga. Gestionado por la incubadora de negocios Incubio, este recinto se destinará a incubar empresas culturales con base tecnológica, ayudando a las startups a acceder a la financiación y a llegar al mercado. «Nuestra misión es dotar de competitividad al sector cultural mediante dos herramientas: la tecnología y los modelos de negocio , además de crear sinergias y comunidad», comenta Simón Lee, cofundador de Incubio.

Campus Party Europe - Berlín - Leyenda en contenedor ISO - If you have a brain, you are startup

Desde el ICEC, también junto esta incubadora de negocios, se ha puesto en marcha Gamebcn, una incubadora de startups de videojuegos, que son ahora la niña bonita actual del panorama cultural. «Más allá de aportaciones económicas, mejorar el producto y la formación de los emprendedores de una forma muy directa y personal es imprescindible», incide la directora del Área Digital del ICEC.

Equipos multidisciplinares y otras dificultades

Tanto Inés Garriga como Marisol López coinciden en que una de las principales dificultades de los emprendedores culturales de base tecnológica es la falta de conocimiento cruzado. Por un lado están los tecnólogos con poco conocimiento de las necesidades del sector cultural y por otro lado están los expertos culturales con poco acceso a la rápida evolución de la tecnología. Por eso una de las principales recomendaciones pasa por formar equipos de emprendedores que contemplen los dos sectores y prioricen la multidisciplinariedad necesaria en muchos de los casos. Para Simón Lee, la creación de los equipos es uno de los grandes problemas, «más complicado que la financiación, puesto que los equipos han de unir tres ámbitos: creatividad, ingeniería y negocio. Para emprender hacen falta estos tres perfiles», remarca el experto en startups.

Como emprendedor, Alberto Tognazzi, cofundador de Screen.ly, está de acuerdo en dificultad de la formación de los equipos adecuados. Y apunta otro aspecto importante: «Conseguir la mayor red de apoyos posible porque cuando arrancas todo es muy difícil. Si has trabajado mucho antes todo viene más rodado y es más fácil la proyección hacia adelante. Y como el primer año es cuando la gente le ve más posibilidades es importante que funcione bien al principio. O que por lo menos funcione, por lo menos algún tipo de feedback». El cofundador de Screen.ly también resalta otra de las dificultades: «La idea a veces no llega en el momento correcto, porque igual es demasiado pronto para tener claro el modelo de negocio y conseguir monetizar». Este es el caso de Sanoen, un editorial digital de libros y apps infantiles creada en 2010, que ha buscado una actividad complementaria para seguir teniendo ingresos y seguir apostando por un mercado en el que creen, pero que tiene un ritmo más lento. «Ofrecemos a las escuelas actividades de robótica educativa con metodología del Lego Education. Y esta nueva actividad es lo que en realidad hace sostenible a la empresa para poder seguir invirtiendo en las aplicaciones educativas», comenta Marga Martínez, cofundadora de Sanoen.

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Imagen: Pixabay

La búsqueda de financiación también es un aspecto relevante para estos emprendimientos aunque existen numerosas ayudas económicas de diferentes instituciones tanto locales como europeas. Por ejemplo, el programa europeo Creatifi cuenta con una dotación de casi 5 millones de euros. Desde el ICEC también se ofrecen herramientas financieras para ayudar a los emprendedores de cultura digital a empezar sus pasos como empresa. «Es una línea que empezamos a finales del año pasado y estamos viendo cómo se consolidan los proyectos aprobados«, comenta Marisol López. Así pues, dinero hay para los proyectos culturales pero hay que saber acceder a él.

«Me ha costado 10 años llegar a entender cómo funciona el tema de las subvenciones, pero la verdad es que funcionan», concluye Tognazzi. Aunque la asignatura pendiente es conseguir atraer la atención de inversión privada. «Todo lo que tiene el adjetivo ‘cultural’ asusta un poco a los business angels e inversores. Es cuestión de tiempo, poco, demostrarles que se equivocan y que las empresas de cultura digital tienen lo mejor de los dos mundos», señala la directora del Área Digital del ICEC.

El sector tecnológico lleva muchos años buscando una alianza con el sector del contenido. Se habla de la industria de la experiencia o de la tecnología basada en la experiencia. «Pero no la podremos hacer sin tener en cuenta el sector del contenido, el sector cultural, porque son los que pueden ayudar realmente a poner alma a la tecnología, a aportarle este contenido, esta nueva experiencia», concluye la directora de Creatividad e Innovación del ICUB. Los puentes están creados, hay que atreverse a cruzarlos.

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