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Cultura digital: un vuelco a la vida cotidiana

El auge de las tecnologías digitales ha permeado en todos los aspectos de nuestras vidas, dando paso a la construcción de una cultura digital de índole global. 

Prueba de ello es, por ejemplo, el smartphone. Se ha convertido en un dispositivo omnipresente en todo el mundo, usado para ingresar a Internet por el 92.4 % de los 5 mil millones de personas que entran a diario a la web, según datos del Informe Mobile en España y el Mundo 2022.  

Y eso no es todo: de acuerdo con Data Reportal, el tiempo promedio que los individuos pasan a diario frente a las pantallas es de 6 horas y 57 minutos, una gran parte de su jornada despiertos. 

¿Qué es la cultura digital? 

Una de las concepciones más aceptadas para el término, es el grupo de comportamientos, hábitos, protocolos, actitudes, valores y formas de pensar derivados de la relación diaria con la tecnología digital, la conectividad y el crecimiento del ciberespacio. 

Esta cibercultura ha cambiado la forma en que la sociedad trabaja, estudia, se entretiene, se informa, se relaciona y se comunica. Incluso ha transformado creencias y la forma en que se percibe el mundo. Contexto en el que surgen riesgos y se hace necesario hablar de un buen manejo de las tecnologías.

Los riesgos de la cultura digital 

Sin duda, esta cultura ha traído una diversidad de beneficios para la sociedad, empezando por las mejoras en la comunicación, el acceso ilimitado a todo tipo de información y la optimización de los procesos productivos. Pero también se perciben ciertos riesgos que van más allá de los delitos cibernéticos. Uno de los más peligrosos es la adicción a las tecnologías digitales. 

Permanecer demasiado tiempo en la web termina generando insomnio, daños oculares, estilos de vida sedentarios y, peor aún, un aislamiento que afecta las habilidades comunicacionales, las relaciones personales cara a cara y hasta la autosuficiencia.

¿Qué define una buena cultura digital? 

Siempre que se habla de cultura se hace referencia a manifestaciones humanas determinadas por contextos y elementos específicos, que generan modos de pensar y hacer las cosas. Es algo vivo que cambia con el tiempo y engulle a las personas sin que se den cuenta. Por esto es difícil darle la espalda y hacer juicios de valor sobre ella, cualquiera que sea, especialmente si no se realizan desde su interior.

La mejor forma de empezar a definir una cultura como buena, radica en la posición que se toma frente a ella y la forma en que se apropia, desde la perspectiva de lo que se considera correcto

cultura digital
Imagen de Brand Factory.

La visión de María Zabala: poner el foco en las personas 

María Zabala es periodista, consultora de comunicación y especialista en Alfabetización y Ciudadanía digitales. Es miembro de The Digital Citizenship Institute, responsable del blog iWomanish y conferencista sobre tecnología digital. 

A propósito del tema que estamos tratando, en una reciente entrevista en Mejor Conectados, una iniciativa de Telefónica, habló de cómo adoptar la cultura digital y lograr que la forma de vivir en familia con la tecnología sea mejor

Para ella, es fundamental poner el foco en las personas y no en la tecnología y lo que genera en las familias (desde un punto de vista negativo), ya que cada quién decide lo que hace y cómo lo hace cuando está frente a la pantalla.

Es necesario pensar en lo que se desea que pase y no en lo que se quiere evitar, principalmente porque el desarrollo tecnológico no se va a detener y la sociedad digital será cada vez más fuerte. Y lo que sí es deseable que suceda es que niños y adolescentes aprendan a convivir con la tecnología de manera responsable. 

Dicha convivencia responsable con la tecnología se fundamenta en tres puntos: 

  1. Conciencia: ser conscientes de lo que se hace al usar un dispositivo y del impacto que puede tener, tanto para la vida personal como para la de los demás. 
  2. Información: aprender poco a poco sobre los entornos digitales y cómo funcionan, para poder decidir cómo y cuándo usarlos. 
  3. Agencia: responsabilidad personal, de las palabras y los actos propios. Dejar de poner el foco en lo que la tecnología hace con las personas y colocarlo en lo que cada quién puede hacer con ella y por la sociedad. 

En ese sentido, es deber de los padres actuar desde el ejemplo activo, mostrando todo lo bueno que se puede sacar de la tecnología cuando se usa de forma creativa, colaborativa y responsable. Se trata de dejar atrás los sermones y mostrarles el lado bueno de la moneda, con el dialogo siempre de por medio. 

Más allá de prohibir la tecnología en el hogar, es recomendable establecer normas de uso, para que se construyan hábitos digitales desde la primera infancia, procurando siempre entender que los hijos están creciendo ahora mismo y no en los 80, los 90 ni principios del 2000.

En conclusión, las personas son quienes toman las decisiones sobre el uso que hacen de la tecnología, por ello es indispensable tener conciencia de los riesgos del empleo irresponsable y todos los beneficios que aporta cuando se utiliza de buena manera, como mayor comunicación, acceso libre al conocimiento, simplificación de procesos y mejor calidad de vida en general. 

No podemos continuar mirando con miedo el auge de la cibercultura, sino que es necesario normalizarla, apropiarla y explotar a favor todo su potencial. 

Imagen de Brand Factory.

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