digestion anaerobica

El supermercado que se autoabastecerá de energía

Los alimentos desechables de un supermercado británico al final del día servirán para abastecer el centro energéticamente.

Lo supermercados se deshacen de mucha comida al final del día. Parte de los alimentos pueden aprovecharse para envíos ONGs destinadas a paliar el hambre, pero hay una cierta cantidad que llegado un momento deja de ser apta para el consumo. Su fin normalmente suele ser la basura. Esto podría cambiar. Al menos es la idea que tiene en mente la cadena británica de alimentación Sainsbury’s, uno de cuyos supermercados tiene previsto autoabastecerse de energía procesando los desperdicios mediante digestión anaeróbica.

En la población de Cannock, cercana a la ciudad de Birmingham, un supermercado de la marca Sainsbury’s usará solamente biogás para hacer funcionar su instalación eléctrica y cubrir por entero sus necesidades energéticas. Lo que ya de por sí representaría un logro –el uso de una alternativa a los combustibles fósiles como el biogás– se convierte en un experimento de mayor envergadura debido a la intención de generar un sistema autosuficiente.

La idea del proyecto es que los alimentos no aptos para la venta se donen, si aún se encuentran en buen estado, a organizaciones caritativas para dar de comer a los necesitados; si los alimentos están peor aún se pueden aprovechar para los animales. Si el deterioro supera las fronteras de estas dos soluciones, la materia se transporta a una planta donde se practica la digestión anaeróbica.

En esta planta la materia orgánica se trata con bacterias anaerobias, que funcionan sin oxígeno y producen componentes químicos como el biogás, una mezcla entre metano y dióxido de carbono. La proporción de metano puede llegar al 75%, con lo que la capacidad energética es importante. A pesar de todo, cabe preguntarse cuánta cantidad de alimentos tienen que desecharse al día para alcanzar el autoabastecimiento.

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Una gran planta de digestión anaeróbica, en Tel-Aviv

Una vez generado el biogás se transforma en electricidad mediante un generador y el resultado se envía al supermercado a través de una línea de cable privado, que tiene una longitud de algo más de un kilómetro y medio. Sainsbury’s afirma que la instalación surte de tal capacidad energética que su tienda no necesita conectarse a la red eléctrica nacional.

Esta no es la única iniciativa práctica para aprovechar los abundantes desperdicios que generamos día a día. En Noruega, de hecho, se han construido plantas para obtener electricidad a partir de la incineración de basura. El país escandinavo calcula que en 20 años sus emisiones se podrían reducir a la mitad gracias a estos centros.

Imágenes: petrr y Wikipedia

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