Experimentación vs teoría: aprender en base a la práctica

Escrito por , 16 de septiembre de 2014 a las 17:30
Experimentación vs teoría: aprender en base a la práctica
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Experimentación vs teoría: aprender en base a la práctica

Escrito por , 16 de septiembre de 2014 a las 17:30

Con frecuencia gran parte del sector docente se limita al discurso a la hora de enseñar, pero hay –como en cualquier discplina- ‘revolucionarios’ que apuestan por la experiencia antes que la teoría.

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Una bañera llena de agua en una clase. Un profesor que se sumerge en la misma y ¡eureka! El volumen de agua que asciende es igual al volumen del cuerpo sumergido. El teorema de Arquímedes puede explicarse de muchas maneras, pero seguramente esta sería la que más calaría –valga la palabra- entre los estudiantes, esa que difícilmente olvidarán.

Algo similar es lo que hizo Andrew Castley, que dirigió un proyecto de los estudiantes de la Academia Giles (Inglaterra) que pretendían lanzar un móvil al espacio dentro de un globo de helio para que realizara fotografías de la Tierra. Y lo consiguieron. El teléfono ascendió casi 30 kilómetros de altura y almacenó en su memoria múltiples fotos, hasta que el calor producido por los rayos del sol hizo estallar el globo, que emprendió el camino de vuelta con un paracaídas. Después de su aterrizaje, y a través del GPS del dispositivo, consiguieron recuperar el móvil y disfrutar de las instantáneas.

Es también significativo el experimento que el profesor Stephen Groening llevó a cabo con los estudiantes de la Universidad George Mason (Virginia). Bautizado como programa ‘Cellphones Cultures’, Groening decidió, entre otras cosas, trasladar a Twitter un debate estudiantil sobre determinados textos.

Durante una hora, y con el aula a oscuras, los estudiantes se comunicaron con mensajes de 140 caracteres. El resultado fue paradójico. Si bien para muchos estudiantes Twitter derribó las barreras de la comunicación oral -se mostraron más seguros de sí mismos a la hora de formular sus opiniones, puesto que entre otras cosas podían utilizar un lenguaje menos formal y nadie les miraba al exponer sus comentarios- a otros les resultó complicado seguir el hilo de la conversación desde la pantalla del teléfono.

A la vista de los resultados Groening concluyó que “a pesar de todo el amor que se da a la comunicación tecnológica en red y al aprendizaje peer-to-peer, ésta no es la mejor fórmula educativa. Hay algo en la linealidad y el diálogo que funciona mejor que el caos visto hoy”.

Twitter

Sí fue más satisfactoria la experiencia tecnológica llevada a cabo en 2010 por la universidad UC Irvine (California). Durante el primer año de la carrera de medicina el centro entregó a los estudiantes un tablet con todos los contenidos necesarios para pasar el primer año de facultad. Tiempo después, y ya con las calificaciones en la mano, el centro de estudios resolvió que quienes optaron por estudiar desde el dispositivo obtuvieron un 23% más de nota que los compañeros que optaron por el tradicional cuaderno de anillas.

Tres estudiantes españoles y un experimento con nanosatélites

¿Dónde es más fácil obtener energía solar? ¿En la Tierra o en el espacio? Esta pregunta es la que se hizo un grupo de tres estudiantes españoles que han participado y ganado recientemente el proyecto SatLab, abanderado por Telefónica a través de Talentum Schools, y por las Universidades de Florida, Central Florida, y la NASA Florida Space Grant Consortium.

El objetivo de la iniciativa es que estudiantes de instituto de España y Florida tengan acceso al diseño, la construcción y el lanzamiento de cargas útiles científicas o tecnológicas en nanosatélites, es decir, satélites más pequeños y económicos que los tradicionales. Como premio, se desplazaron este verano hasta Florida para lanzar un conjunto de nanosatélites, dispuestos con células fotovoltaicas, y discernir así si en el espacio incrementan su rendimiento en términos de captación de energía solar. Las células fotovoltaicas estaban formadas por distintos filtros de colores para medir la sensibilidad y eficiencia de las mismas, que ascendieron hasta a 30 kilómetros de altura.

Collage - SatLab

De momento no conocemos el resultado del test, pero si se demostrara que las células fotovoltaicas incrementan su rendimiento con la altura, estaríamos ante un descubrimiento muy interesante. Se obtendría más energía solar de forma menos invasiva y más limpia para el medio ambiente terrestre, inundado actualmente por millones de “plantaciones” de células fotovoltaicas. Otra cosa es el coste que supondría lanzar y suspender esas placas en el espacio, si bien de momento no hay ningún experimento en ese sentido.

Más allá de la ciencia

Pero no sólo de tecnología y nuevas fórmulas de comunicación viven los experimentos de algunos profesores. A finales de la década de los 60 el profesor Ron Jones, de Cubberley High School (California), quería demostrar a sus alumnos que no eran inmunes a las ideologías autoritarias y dictatoriales. Sus pupilos no eran capaces de entender por qué los ciudadanos alemanes permitieron el exterminio de judíos en la época nazi, y qué mejor manera de hacerles entrar en razón que crear una ‘pequeña dictadura’ dentro del centro de enseñanza.

Así que Jones creo un movimiento llamado “La Tercera Ola”, haciendo referencia a que la tercera ola en el mar es siempre más fuerte que las anteriores, impregnando a su clase de una serie de normas y rituales en los saludos, la indumentaria y las formas. El fenómeno se extendió por todo el colegio hasta que Jones puso fin al mismo cuando algunos de sus alumnos le ofrecieron ser su escolta personal. Un hecho que se materializó en la película ‘La ola’ hace sólo unos años.

Otro experimento sociológico digno de mención fue el llevado a cabo por el profesor Philip Zimbardo, de la Universidad de Stanford (California). Zimbardo ofreció en un anuncio de periódico 15 dólares al día a quienes quisieran formar parte del estudio. El objetivo era construir en la universidad una pequeña cárcel en la que los carceleros serían personas de corte pacifista y ver su reacción en el día a día. Zimbardo quería demostrar que hasta las almas más cándidas pueden comportarse sin escrúpulos cuando no están en el sitio correcto. Un grupo ejerció el rol de presos y otro, formado por personas de corte pacifista y algunas dentro del movimiento hippie, el de carceleros (ambos grupos desconocían que todo era parte de un experimento). El resultado fue que el primer grupo ejerció con tal contundencia y violencia su papel que hubo que suspender el experimento.

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