6 razones por las que no consigues tus propósitos de Año Nuevo

El 1 de enero de cada año nos proponemos aprender definitivamente inglés, acabar la carrera y perder esos 5 kilos de más que llevamos arrastrando desde hace años. Y lo hacemos de verdad, con ahínco, entusiasmo y motivación. Sin embargo, el 1 de marzo la mayoría de esos propósitos de Año Nuevo se han diluido o directamente han caído en el olvido. ¿Cuál es el motivo por el que nuestros objetivos más preciados se nos resisten año tras año? Te lo cuento en este post.

No valoramos el poder del largo plazo

Como cuenta Ángel María Herrera, emprendedor y mentor de propósito y desarrollo personal, “sobreestimamos lo que podemos conseguir en un año y subestimamos lo que podemos lograr en diez”.

Es decir, que en muchas ocasiones nos planteamos objetivos excesivamente ambiciosos, que difícilmente se pueden alcanzar en 12 meses, cuando las transformaciones más radicales -como un giro profesional drástico o sacarse un grado universitario- se tienen que extender en el tiempo.

Pero esto no implica que nos olvidemos de ellas o que perdamos el foco. Su recomendación es que imaginemos como nos gustaría vernos en una década y que troceemos esos objetivos macro en planes anuales asumibles y abordables.

El cambio no está alineado con nosotros

Imagina una chica de 17 años cuya pasión fuese la programación o el Big Data que estudiase psicología porque tiene más salida. O un chaval de la misma edad, apasionado de las ciencias naturales, que iniciase derecho porque en su familia todos son abogados. ¿Cuál crees que serían sus resultados académicos? ¿Terminarían los estudios en el tiempo estipulado? ¿Darían de sí el máximo? ¿Repetirían algún curso?

A veces, ponemos mucha fuerza de voluntad en lo que hemos propuesto, pero la consecución de una meta se nos resiste porque sobrevaloramos el impacto del esfuerzo y no hacemos caso a lo que nos genera entusiasmo o pasión.

Y cualquier objetivo que nos planteemos, si está alineado con nuestro propósito o con quien realmente somos, será mucho más asequible. Conócete a fondo y aventúrate en lo que quieres de verdad, con la cabeza y el corazón, para tener más opciones de éxito.

La presión por los propósitos de Año Nuevo viene de fuera

“Tienes que dejar de fumar”. Cualquier fumador habrá escuchado esto una y mil veces a sus padres, pareja, médicos, compañeros de trabajo e incluso a sus propios hijos. Y, en algún momento, puede que harta de recibir ese mensaje por tierra, mar y aire, la persona puede decir que este año es el que abandonará el tabaco para siempre.

Pero realmente las cosas no funcionan así. Ante las grandes transformaciones, nuestro motor interno solo funciona si la potencia que lo acciona viene de dentro. El impulso externo impactará, quizá, por un tiempo. Pero a la larga la persona cambiará de mala gana y a regañadientes, por lo que es mucho más sencillo que regrese a su comportamiento anterior ante el más mínimo contratiempo.

Esta es la razón por la que cualquier terapeuta pedirá a la persona que llame ella misma para pedir cita y no se conformará con que lo haga su hermano o su tía. El auténtico compromiso surge de dentro. Y nadie puede asumirlo por nosotros.

Foto de Pablo Heimplatz en Unsplash

No ‘tuneamos’ las circunstancias a nuestro favor

Día 2 de enero, siete menos 10 de la mañana. Suena el despertador porque Carlos o María se han propuesto que este será el año en el que correrán la maratón y sólo pueden entrenar en ese momento.

Pero las deportivas están en la habitación en la que duermen los niños. Se han dejado las llaves de casa en un bolso que guardan en lo alto del armario y tendrían que despertar a su pareja para conseguirlas. Y la equipación de running está sucia, dentro de la lavadora. Así que se darán la vuelta y seguirán durmiendo.

Muchos cambios no requieren de inmensas dosis de motivación si sabemos manejar las circunstancias para ponernos las cosas más fáciles. Esta es la razón por la que siempre se recomienda dejar a la vista la fruta o la verdura si quieres ponerte a dieta y esconder al fondo de los armarios las bolsas de patatas fritas. Si no las ves, no tendrás que tirar de autocontrol y fuerza de voluntad para no comértelas, así que tunea las circunstancias todo lo que puedas para allanar el camino que te lleve hacia tus propósitos.

Estamos en guerra con nosotros mismos

Todos los años, cuando se acerca el verano, empiezo a leer titulares del tipo “Guerra contra los kilos de más”, “La batalla contra el sobrepeso” y otros muchos por el estilo.

Y cuando nos proponemos algo que tiene que ver con nosotros mismos, el lenguaje bélico y el conflicto no nos van a ayudar. Al fin y al cabo, si miramos la pirámide de Maslow nos daremos cuenta de que las necesidades fisiológicas y de autopreservación están por delante de cualquier otra. Y si convertimos el proceso de cambio en una agresión contra nosotros mismos, lo más probable es que el instinto de supervivencia termine por ganar.

Así que reevalúa tus propósitos de Año Nuevo bajo la lupa de la aceptación y el amor incondicional a ti mismo. Y si el resultado no es favorable, trabaja esos ámbitos antes de arrastrarte y frustrarte por una sucesión de objetivos que difícilmente podrás lograr. No eres el enemigo de ti mismo.

Nos lo proponemos todo a la vez

El inicio del año nos somete a una especie de angustia de cambio. Todo o nada. Aspiramos a convertirnos en personas completamente nuevas de la noche a la mañana. Pero nuestra capacidad de trabajar en objetivos nuevos y en transformaciones vitales es limitada. Fijarse demasiadas metas en paralelo nos terminará por agotar.

Se puede conseguir todo, pero de manera secuencial y sucesiva. Prioriza objetivos. Analiza cuáles están contenidos en otros y combina aquellos que requieran un esfuerzo sostenido con otros fáciles de alcanzar, que serán los que te den la motivación suficiente para continuar. Repártelos de esta forma a lo largo del año y no intentes abordarlos todos de manera simultánea. Recuerda que cambiar es una gimnasia que se puede ejercitar.

Porque la mejor noticia para mí sería que, cuando concluyese este período de 12 meses, pudieses contarme que has conseguido todas y cada una de las cosas que te has propuesto.

¡Te espero aquí el próximo año!

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