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Cuando las mentiras se convierten en verdades: las claves de una sociedad polarizada

El paradigma de las redes sociales se ha visto modificado en los últimos años. Hace tiempo que dejaron de ser una simple vía para estar en contacto con personas de cualquier lugar del planeta para convertirse en fuentes de información para millones de personas.

Hasta aquí estaría todo bien, sin embargo, cuando toda la sociedad tiene al alcance de un clic informar sobre un hecho es cuando nos adentramos en un agujero negro, donde distinguir entre información veraz y sesgada se convierte en todo un reto.

En 2011 Eli Pariser, ciberactivista, comenzó a hablar del filtro burbuja. Cuando nuestra página de Facebook o Twitter nos filtra el contenido pensando por nosotros y decidiendo con qué tipo de contenido interactuaremos, la información que recibimos está siendo polarizada. «Si solo escucho lo que me interesa, solo consigo que mis ideas se refuercen«, comenta Lars Stalling, que forma parte del equipo Strategy de Core Innovation Telefónica, a Think Big.

Con el paso del tiempo, esta situación conllevará mayores riesgos para toda la sociedad. Por un lado, será más complejo lograr que las personas salgan de ese mundo paralelo que han construido para conocer otros puntos de vista. Mientras que, por otro lado, la polarización de las opiniones con frecuencia tiende a simplificar los problemas actuales, es decir, deja de ser relevante cómo nos afecta esa cuestión para dar protagonismo a las ideas y a quién piensa como yo y quién está contra mí.

¿Cómo nos afecta la información que consumimos en redes sociales y medios de comunicación? ¿Hacia qué tipo de sociedad nos estamos dirigiendo? ¿Existe alguna manera de huir de la polarización?

Producción: Raquel Navarrete

Un anticipo del futuro que nos depara

No podemos escribir esta pieza sin hacer mención a una de las figuras más controvertidas de Twitter, Donald Trump. A lo largo de estos cuatro años al frente de la presidencia de los Estados Unidos, Trump ha hecho un uso asiduo de esta red social para calar en la ciudadanía con sus opiniones.

Comentarios sobre líderes extranjeros o retuits de memes para desacreditar a personajes públicos han sido algunos de los contenidos a los que nos tuvo acostumbrados durante su liderazgo. De hecho, según un análisis de The New York Times, en sus 11.000 primeros tuits en la Casa Blanca había más de 1.700 mensajes sobre teorías conspiratorias y fake news.

Según George Lakoff, investigador de lingüística cognitiva, «Trump usa las redes sociales para controlar el ciclo de información«, compartía en 2018 en su perfil de Twitter. Esta red social ya había declarado algunos tuits de Trump como «información potencialmente engañosa». Sin embargo, no fue hasta el pasado día 6 enero cuando Twitter suspendió de forma permanente su cuenta.

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Ilustración: Niko Gómez

El expresidente de Estados Unidos movilizó a cientos de sus seguidores desde su perfil en Twitter, provocando el asalto al Capitolio de Estados Unidos que acabó con la vida de cuatro personas. Este es un ejemplo de lo que nos puede deparar como sociedad si seguimos tomando como única fuente de información la opinión de personas afines a nuestros ideales, sin pararnos a hacer un esfuerzo por buscar otros puntos de vista.

La cuestión reside en que «si un número suficiente de personas cree en una verdad alternativa, esta se interpone en la solución de un problema, y, por tanto, todo el mundo sufre las consecuencias«, señala Lucia Komljen, Socio-Cultural Research at Telefónica Innovation, a Think Big.

El filtro burbuja: cuando los algoritmos deciden por nosotros

De manera que en una sociedad donde una buena parte de la ciudadanía vive en su propia burbuja, la tecnología sigue teniendo una doble cara, dependiendo del uso que le dé cada persona.

Por un lado, tenemos que resaltar la técnica del machine learning, un proceso mediante el cual se analiza el comportamiento de las personas, identificando patrones. Aunque, «esto solo sucede cuando recibe datos suficientes«, comentan Diego Perino, Nicolas Kourtellis, Ioannis Arapakis y Kleomenis Katevas, que forman parte del equipo científico de Core Innovation, a Think Big.

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Ilustración: Niko Gómez

Un buen ejemplo se puede encontrar en Facebook o Instagram. Donde es habitual que el usuario siga a cientos de cuentas en cada red social, lo que hace complicado mostrar las actualizaciones de todas y cada una de ellas. Por esta razón, el machine learning se encarga de pensar por nosotros prediciendo cómo actuaremos en un momento concreto y determinando con qué tipo de contenido interactuaremos.

Pero, como comentábamos, de la misma manera que ciertos aspectos de la tecnología nos exponen y analizan, por otro lado, se intenta corregir esta situación. Desde Telefónica Research se está trabajando en la creación de algoritmos que detecten sitios webs de noticias falsas con el objetivo de que los ciudadanos limiten su exposición a información polarizada.

Uno de los puntos más preocupantes es que “los usuarios no son conscientes de que están siendo manipulados», declara Lars Stalling. Por ello, uno de los grandes retos que se nos plantea es volver al libre albedrío. Ser capaces de tomar nuestras propias decisiones sin estar manipulados por agentes externos.

Historia de las fake news durante la pandemia

Uno de los ejemplos más claros se ha vivido con la pandemia de la Covid-19. No solo hemos estado expuestos a un número sin fin de noticias falsas que, en su mayoría, han sido difundidas por redes sociales. Sino, también, hemos sido testigos de la famosa teoría propagandística de Goebbels: repetir una mentira mil veces la convertirá en verdad.

Si una fake new siempre es un problema, una noticia falsa en los tiempos que corren puede acarrear una mayor problemática, como «la disminución de la confianza en los expertos que afecta, directamente, a las medidas de contención del virus», explica Lars Stalling. De manera que, lo que puede empezar como una broma de mal gusto con la difusión de un bulo, puede «cobrarse vidas» y menguar la confianza sobre las instituciones.

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Foto: Thom Holmes

A pesar de que existen medios que se encargan de desmentir noticias falsas como Newtral, las personas no estamos acostumbradas a contrastar la información que recibimos y, por tanto, cuando esta nos llega la difundimos sin ser conscientes de si lo que estamos compartiendo es mentira o verdad.

Así, el equipo científico de Core Innovation plantea que nos tenemos que dirigir hacia un futuro donde las personas antes de compartir una noticia se planteen «si se sienten seguros de defender esa información como si la hubieran publicado ellos mismos».

Una sociedad de opiniones polarizadas

Gran parte de la culpa de esta situación la tienen nuevas plataformas como Parler, Gab.com o Reddit, pero también son responsables redes sociales con mayor alcance, como Twitter, Facebook, etc. Todas ellas causantes del intercambio de ideas polarizadas que provocaron la insurrección en el Capitolio.

El problema al que nos enfrentamos como sociedad ante este escenario es que desconocemos «cuándo terminan las opiniones polarizadas y cuándo comienzan las opiniones regulares«, comenta el equipo científico de Core Innovation.

Podemos deducir que en este ámbito existen dos tipos de sujetos:

  1. Aquellos que buscan consumir información con opiniones más extremistas que coincidan con su punto de vista. Es decir, volvemos al filtro burbuja, donde vivimos en una realidad paralela a la verdadera. El problema surge cuando estos individuos deciden compartir con más personas sus opiniones, aportando una visión polarizada de la realidad.
  2. Mientras que, por otro lado, están las personas que buscan información en diversas plataformas y medios de comunicación, seleccionando aquellos más fiables y veraces. De esta forma, constituyen su opinión a partir de diferentes perspectivas.
Ilustración: Niko Gómez

Aquí, los periodistas tienen una gran responsabilidad, ya que es su deber ofrecer información bien contrastada, veraz y, sobre todo, objetiva. Pero cuando esto no se da, es nuestro fin como ciudadanos exigir información adecuada, es decir, que no esté polarizada, sesgada o sea extremista. A pesar de que esta rendición de cuentas puede darse por medio de la legislación, también, «puede darse si llevamos a cabo la práctica de abandonar una página poco fiable«, recomienda el equipo científico de Core Innovation.

Cuando la opinión vale más que los hechos

De manera que sin ser conscientes de esta polarización nos estamos adentrando en una sociedad donde nos informamos, únicamente, con aquella información que nos interesa y que es afín a nuestras ideas.

Esta situación, está dando lugar a una ciudadanía compuesta por personas conformistas que no buscan más allá, dando lugar a una visión túnel. No se trata de no tener al alcance información para contrastar, que sí la tenemos, el problema reside en que no hacemos nada por verificar, simplemente, asentimos y creemos sin dar lugar a la duda.

Se trata de una problemática que lleva conviviendo con nosotros muchos años. En 2017 comenzó a adquirir una mayor relevancia el término posverdad, donde la opinión vale más que los hechos y, por ende, deja de importar si un hecho es verdadero o falso. La clave para que funcione consiste en generar bulos dirigidos a la parte más emocional de las personas. De esta manera, el receptor no siente la necesidad de contrastar el mensaje.

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Foto: Marta Filipczyk

Estos serían dos de los casos más conocidos que hacen uso de la posverdad:

  1. Un ejemplo extendido de ello se desarrolló en 2016, cuando se realizó el referéndum donde Reino Unido votaba por la salida de la Unión Europea (UE). El Primer Ministro del Reino Unido, Boris Johnson, se paseó con autobús de campaña con el siguiente mensaje: el Reino Unido ahorraría 350 millones de libras a la semana tras abandonar la UE.
  2. El segundo caso, se ha dado durante las últimas elecciones americanas, donde una vez más, Donald Trump se apoyó en el uso de fake news. ¿Cómo? Difundiendo que el voto por correo es susceptible a fraude. Una afirmación muy peligrosa, «destinada a las personas que no iban a votar, logrando sembrar dudas en el sistema electoral», explica Lars Stalling.

Este tipo de información es peligrosa siempre, pero cuando una sociedad se encuentra más vulnerable por ciertos aspectos, se convierte en el caldo de cultivo perfecto para que prolifere la polarización de las opiniones y, por consiguiente, se produzca una desestabilización en la sociedad.

Por ello, en el debate sobre quién es el responsable: la red social que permite distribuir información sesgada o la persona que lo difunde. El presidente de Telefónica, José María Álvarez Pallete, lo tiene claro: «si tú eres responsable del algoritmo, también lo eres de que se viralicen las mentiras«, declara.

Más fuentes de información para huir de la información sesgada

En esta línea, el equipo científico de Core Innovation sostiene que las redes sociales son el problema, pero también la solución. Twitter y Facebook están trabajando en un «etiquetado automático y manual» de la información publicada por los usuarios de redes sociales, mediante la aplicación de insignias para detectar cuando una información está contrastada o cuando contiene datos no verificados.

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Foto: Claudio Schwarz

Como hemos podido ver, no existe un punto intermedio ni una solución concreta y efectiva para poner punto final a la polarización de las opiniones que estamos viviendo. Sobre todo, porque no existe ningún tipo de regulación sobre estos temas. ¿Hasta qué punto difundir información sesgada o extremista es libertad de expresión?

Todavía queda mucho trabajo por delante por parte de todas las áreas que conforman nuestra comunidad y, también, para poner fin a la situación que parece que va en incremento de un «nosotros contra el resto». Debemos ser capaces de potenciar el debate entre personas con ideas opuestas, logrando fomentar el respeto entre individuos.

El cambio llegará cuando seamos capaces de superar esa división para «unirnos en un momento en el que es clave abordar temas esenciales para la sociedad», concluye Lucia Komljen.

Ilustración de cabecera por Niko Gómez y producción del vídeo por Raquel Navarrete.

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