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Tecnología y educación: ¿integrar el móvil en las aulas o prohibirlo?

En pleno debate sobre la prohibición del móvil hasta los 16 años y en el momento en el que las escuelas de todo el mundo se están replanteando el uso de las tabletas en sus aulas, se han publicado los resultados del Informe PISA 2022. Además de reflejar una bajada generalizada en todas las áreas que evalúa, el informe advierte de que «el uso de teléfonos y otros dispositivos electrónicos puede también impactar en el aprendizaje». De hecho, uno de cada tres alumnos españoles reconoce que se distrae usando pantallas en el aula en la mayoría de las clases de Matemáticas y que se distraen menos con las pantallas cuando el uso del teléfono móvil está prohibido en los colegios.

El informe ha radicalizado todavía más las posiciones. Los defensores de la prohibición total exigen la vuelta a la tiza y la negación absoluta del uso de cualquier dispositivo en la escuela. Al mismo tiempo, casi 150 profesores y académicos han firmado un manifiesto para defender el uso de la tecnología en el aula con fines educativos.

Soy de la opinión de que ambos extremos son perjudiciales para el desarrollo integral de nuestros estudiantes. Cuando llegó la pandemia y los centros educativos se vieron obligados a continuar el curso escolar a través de una pantalla, no se puso en duda el método porque era el único que había. En ese momento de urgencia no servían planteamientos pedagógicos, solo la necesidad de continuar la enseñanza en todas las etapas educativas de manera sostenible.

El momento crítico se superó lo mejor que se pudo, aún sabiendo que los que saldrían más perjudicados serían, sobre todo, los alumnos desfavorecidos, como se ha demostrado después en numerosos estudios. Ahora, pasada esa situación de pánico, la reflexión pedagógica se abre paso ante un panorama cada vez más desolador.

Cuándo es efectivo el uso de la tecnología en la educación

Los defensores de la negación total, aprovechando que varios países de nuestro entorno han prohibido el uso de dispositivos en sus aulas, argumentan que no existe evidencia científica que muestre la utilidad de la tecnología en la educación. Y eso no es del todo cierto.

Muchas universidades llevan años analizando el impacto positivo (o negativo) de la tecnología educativa. Por ejemplo, algunas herramientas tecnológicas se han comprobado eficaces para atender a alumnos con dificultades de aprendizaje o para ayudar al profesor a realizar una auténtica evaluación formativa con sus alumnos. Pero hay que emplearlas correctamente. De hecho, muchas de las conclusiones de estos estudios van en esta línea: encuentran beneficios, pero insisten en que las condiciones pedagógicas y didácticas determinan su efecto positivo o negativo.

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Fuente: Envato

La diferencia está en la didáctica. Los científicos investigan sobre el impacto positivo de la tecnología en la educación. Pero somos los profesionales de la educación los que tenemos que acertar en el diseño del proceso de enseñanza y aprendizaje que permita implementar su uso específico en un aula de un modo eficaz.

¿Los móviles en las aulas, usados de un modo indiscriminado, favorecen el aprendizaje? Probablemente no. De hecho, la prohibición de las escuelas de que los niños lleven sus móviles a los colegios encuentra gran aceptación entre buena parte del profesorado. Y el motivo es sencillo: los equipos directivos de la mayoría de colegios están hartos de invertir tiempo de su trabajo de dirección exclusivamente a problemáticas relacionadas con el mal uso del móvil en la escuela: fotos comprometidas de alumnos enviadas a compañeras, y viceversa; grabaciones en las aulas, en los vestuarios o en el baño; fotomontajes inapropiados que se lanzan al chat de la clase…

Horas y horas de trabajo que podrían ser empleadas en la dirección de sus equipos sencillamente prohibiendo la entrada de los móviles en los colegios. Si una familia quiere que su hijo lo lleve, como se hace en muchas escuelas, se deja en un registro de entrada y se recoge al salir. Y listo. Pero de ahí a prohibir el uso de toda tecnología en las aulas hay una gran diferencia.

Huir de los extremos y favorecer la unión familia-escuela

En este debate entre tecnología y educación, defiendo una reflexión pedagógica que procure, en primer lugar, huir de los extremos favoreciendo la unión entre familia y escuela. Los planteamientos radicales producen tensión y con tensión es mucho más difícil educar, el menos de un modo sano y equilibrado. La tensión produce estrés y el estrés transmite nervios y provoca explosiones del carácter que en nada ayudan al desarrollo armónico de la personalidad de los hijos. Padres irascibles educan hijos inestables. Y planteamientos radicales favorecen, sin pretenderlo, alumnos intolerantes a las diferencias.

La clave, el profesor

En segundo lugar, focalizarnos en identificar las condiciones específicas que favorecen un impacto positivo de la tecnología en la educación. Está claro que su utilización eficaz requiere una acertada reflexión y una adecuada planificación. Si en una escuela se renuncia a esto, de acuerdo, hay que prohibir los dispositivos. Mejor que no se usen a que los alumnos de primaria o secundaria se conecten en el aula a webs de autolesiones o se distraigan chateando entre ellos perdiendo la explicación del profesor. Pero ese no es un problema de la tecnología. Es un problema de un profesor, o de muchos, que no saben controlar su aula. Y habrá que ayudarles y enseñarles, como nos enseñaron a todos cuando empezamos.

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Llevo muchos años formando profesores y directivos de centros de enseñanza. Y cada año que pasa estoy más convencido: la clave es el profesor. Si se pretenden digitalizar maneras tradicionales de enseñar, claramente ese no es el camino. Si se busca un qué y un objetivo basado en evidencia empírica, adelante. Y eso puede y debe hacerlo el profesor.

Por último, y ahora más que nunca, con o sin tecnología, se debe fomentar desde todos los ámbitos educativos, la formación en las humanidades, el conocimiento más profundo de nuestra historia, la pasión por la literatura, el desarrollo del pensamiento crítico, la escritura en papel y la comprensión lectora. Muchas herramientas tecnológicas pueden ayudarnos a todo esto, pero ninguna puede sustituirlo del todo.

Imagen de cabecera: Envato

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