Redes sociales y salud: el futuro ya está aquí

Redes sociales y salud: el futuro ya está aquí

Un lunes por la mañana, suena el despertador a las ocho, y te levantas con molestias en la garganta y bastante congestión. Mientras preparas el café del desayuno, enciendes el ordenador y abres la aplicación que te conecta con tu servicio médico de urgencias. Tu doctor, tras realizarte una exploración virtual, y asegurarse de que no se trata de nada más grave que un catarro común, envía la prescripción de los medicamentos a la aplicación de la farmacia online, con copia a tu cuenta de correo electrónico. Antes de que sean las ocho, recoges los productos prescritos por tu médico, mientras vas de camino al trabajo. Al mediodía, el doctor te envía un tweet para asegurarse de tu mejoría, y por la noche, mientras navegas en la red, habrás dado, como tantos otros, a “me gusta” en la página oficial de Facebook de la aplicación sanitaria online que está revolucionando la medicina.

¿Ciencia ficción? Desde hace unos años, un proyecto norteamericano de teleasistencia sanitaria, Hello Health, funciona desde Brooklyn (Estados Unidos), como plataforma gratuita para los médicos que decidan trabajar de forma virtual, y sostenida por las suscripciones de los pacientes que, además de contar con asistencia médica online, pueden conocer a través de la red los resultados de análisis clínicos que se hayan realizado o acceder a su propio historial médico.

La iniciativa Icor, llevada a cabo gracias al trabajo de Telefónica y del Parc Salut Mar de Barcelona, asegura que el control a distancia puede reducir el 34% de las muertes por insuficiencia cardíaca. También en Reino Unido, el desarrollo de una plataforma de monitorización online de pacientes crónicos aquejados de hipertensión, ha ayudado a optimizar los servicios sanitarios, con un ahorro de 10 millones de libras en 5 años.

Cada vez es más frecuente que los pacientes y los profesionales médicos busquen información en Internet. Según un estudio de los Centros para el Control de Enfermedades y la Prevención, CDC (Centers for Disease Control and Prevention), de Estados Unidos, en 2014 un 69,3% de los usuarios norteamericanos de Internet utilizarán las redes sociales al menos una vez al mes. Nos encaminamos, por tanto, a una sociedad en la que los usuarios de los sistemas sanitarios buscan cada vez con más frecuencia información en la red. Además, los smartphones se están convirtiendo en una herramienta indispensable: más del 85% de los adultos en Estados Unidos tiene teléfono móvil. La información y los elementos para buscarla están disponibles, ¿pero cómo responden los diferentes usuarios del sistema sanitario ante el nuevo mundo 2.0?

Por una parte, y a pesar de los ejemplos mostrados anteriormente, la interacción digital entre los profesionales médicos y los pacientes aún no es una realidad consolidada, pero parece una posibilidad en un futuro no muy lejano. Como bien explica José Antonio Plaza en Diario Médico, “ha habido progresos, porque se partía de cero, pero el trinomio entre médicos, pacientes y 2.0 aún está en fase embrionaria, aunque avanzamos hacia una realidad de usuarios informados”. El peligro de la desinformación a través de Internet debe compensarse, sin dudas, mediante la creación de una comunidad de usuarios más participativos en el cuidado de su salud y el seguimiento de sus tratamientos.

Para ello, y apoyadas por las redes sociales, se han desarrollado diversas aplicaciones médicas, dirigidas principalmente a los pacientes 2.0. Estos avances se encuentran dentro de la m-health, rama de la e-health basada en la utilización de dispositivos móviles. GoMeals, por ejemplo, la app de Sanofi dirigida a los pacientes diabéticos, permite un seguimiento de sus dietas y alimentación. También existen aplicaciones mixtas, enfocadas tanto a especialistas médicos como familiares y cuidadores de pacientes afectados por la enfermedad de Parkinson, como es el caso de Neurolinks, que viene avalada por la Sociedad Española de Neurología.

De forma paralela, la presencia de los centros sanitarios en las redes sociales es cada vez más evidente: según Mashable, un 26% de los hospitales estadounidenses ya utilizaban diferentes canales como Facebook y Twitter. En España, a pesar de que el uso de las redes sociales no está tan extendido, existen ejemplos como el del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, con presencia en los principales canales, que suponen una información más cercana y accesible a los pacientes.

Los profesionales médicos, por otra parte, lejos de quedarse fuera de la red, están constituyendo una comunidad cada vez más fuerte y con mayor presencia en Internet. Es allí donde pueden realizar búsquedas de información, relacionarse profesionalmente con otros colegas (especialmente mediante Linkedin o Xing) o incluso, exponer casos clínicos con fines docentes e investigadores, como es el caso de la Dra. Rosa Taberner y su blog Dermapixel.

El desarrollo del médico y del paciente 2.0 no parece por tanto demasiado lejano. Debido a ello, se han lanzado redes sociales específicas dirigidas a ambas comunidades, con el fin de satisfacer sus necesidades y demandas. Existen algunos ejemplos como las plataformas Esanum y Sermo para los profesionales médicos, y la innovadora idea Fórum Clínic, programa interactivo para que los pacientes puedan aumentar su autonomía en el cuidado de su salud. Otro proyecto español, Somos Pacientes, aglutina a las principales Asociaciones de Pacientes de todo el territorio nacional, lo que garantiza una mayor capacidad de contacto entre los usuarios y un mejor acceso a formación especializada y a los últimos avances científicos sobre sus enfermedades.

Como decía Peter Drucker, “la mejor forma de predecir el futuro es creándolo”. Quizás en alguna de las conversaciones semanales en Twitter sobre salud y redes sociales (en castellano, utilizando el hashtag #hcsmeues), demos con la tecla adecuada para que la comunicación 2.0 entre médicos y pacientes suene con la melodía perfecta en menos tiempo del que imaginamos.

Imagen | Comisión Europea

Sobre el autor

Angela Bernardo

Licenciada en Biotecnología y Máster en Industria farmacéutica y biotecnológica. Especializada en comunicación científica. Más artículos del autor »